lunes, 31 de octubre de 2011

PROYECTO GLOBAL PARA TRABAJAR LA ESCUCHA Y LA ATENCIÓN



Vamos a tratar un tema que nos parece importante. ¿No os da la sensación de que con frecuencia los niños de hoy no escuchan? Mejor dicho, no hacen caso, como si nadie les estuviera hablando. En nuestra experiencia en campamentos lo comprobamos a diario: “Vamos chicos/as, vamos a hacer tal actividad”. Siempre hay a quien le gusta y a quien no, pero empieza a haber un número muy considerable de gente que “ni oye”, siguen hablando entre ellos sin hacer ni caso. Te acercas para asegurarte de que te pueden oir, les pones la mano en el hombro, repites su nombre y el aviso … ¡sorprendente! Resultas ser el hombre invisible. Continúan su conversación, como si no existieras, es decir, ni caso, ni caso, ni caso…

Supongo que parecidas experiencias tendréis vosotros en casa ¿no?
-¡Fulanito, vamos a poner la mesa! Y… siguen leyendo, jugando… sin levantar la cabeza.
Si estamos en el parque: ¡Chicos, vamos! – Y siguen jugando tan felices. Ni el menor gesto de darse por aludidos.

Bien, aunque es cierto y comprensible que a los niños no les gusten ciertas órdenes, no hemos de quitar importancia al hecho de que no escuchen ni hagan caso. Si toleramos, ya de pequeños y de forma habitual esta actitud, se convertirá en algo muy natural después y ¿cómo podremos con ellos en la adolescencia?
Ocurre que, cuando mandamos, por ejemplo, recoger la habitación y no lo hacen, no nos alarmamos ni preocupamos en exceso; de forma inconsciente pensamos que no perdemos mucho, salvo el tener que recogerlo nosotros (lo cual es, incluso, más agradable que “pelear” con ellos para conseguir que obedezcan). Sin embargo, cuando con 14, 15 años y de forma totalmente natural (pues es lo que han hecho siempre) nos ignoran cuando les aconsejamos en temas de más importancia, es cuando nos entra el agobio y la preocupación. Entonces nos creemos que la cosa va mal, cuando en realidad, iba mal desde hace muchos años.
Hay que empezar a poner los medios cuando todavía hay tiempo de arreglarlo, no sólo cuando el peligro es ya una realidad.

Nos diréis: ¿Y cómo hacer que nos obedezcan? Aquí, como en las enfermedades, hay remedios según el estado en el que se encuentre de avanzado el mal. En muchos casos, hay enfermedades (incluso graves) que se evitan de forma muy sencilla, preventiva, sólo con pequeñas revisiones o seguimientos. Otras necesitan remedios suaves y otros más drásticos.

Sería muy bueno que nuestros hijos se habituaran a escuchar cuando una persona habla, pues se le debe una atención. Ignorar a uno es un desprecio y por ello una falta de respeto y educación. Ésta, por supuesto es mayor cuando la persona que les habla tiene más edad o una cierta autoridad sobre ellos (padres, maestros, autoridades civiles, personal de seguridad pública…) Esto hay que explicárselo y recordárselo de tanto en tanto, cuando veamos que se les olvida. Ayudarles a guardar un turno en las conversaciones.

Otra cosa es asegurarse de que nos hayan escuchado. Cuando digamos algo o hagamos una petición y no levanten la cara, hay que pedirles que nos miren e incluso confirmar con una pregunta si lo han entendido. Se les puede dar un pequeño margen de tiempo de respuesta (incluso de protestas) pero han de saber que lo pedido ha de realizarse. Por ello es también bueno pedir con cabeza, es decir, no pidamos cuando el “horno no está para bollos” y midamos nuestras fuerzas, pues si pedimos hemos de ser consecuentes en exigirles aquello; de otro modo aprenden que no tenemos firmeza ni autoridad y que es cuestión de dar la lata, protestar hasta el infinito o ser maleducados para salir victoriosos de cualquier mandato. ¿Os dáis cuenta de lo que les enseñamos?

Supongamos que le decimos al niño: “Mira, David, creo que debes darle un repasito al armario. Puede ser ahora o dentro de un ratito, pero debes hacerlo antes de que salgamos a la calle”. Y si no hace lo primero, no se hace lo segundo. Si ésta es nuestra tónica general, es decir, no ceder nosotros (salvo por un motivo muy razonable ), ellos nos irán calando y sabrán muy bien cómo han de actuar. Se habituarán a tomarnos en serio. Igual que no hemos de ceder ante sus protestas, tampoco hemos de ceder ante su “pasar” o “ignorarnos", pues si esa tendencia crece (que crecerá con los años) imaginaros las consecuencias que puede tener cuando sean mayores; ya no habrá quien les mueva a trabajar, estudiar, obedecer o dejarse aconsejar.

Se nos ocurría también que quizás hiciera más efecto trabajar esto durante todo un año, pues no se consigue en una semana y es un tema importante. Un lema para la familia. Todos a por ello. Y no sólo eso ¿y si se hiciera de forma masiva, otros padres y el mismo colegio? Si aunamos fuerzas y tiramos todos en la misma dirección, quizás conseguiríamos más.

Os vamos a hacer una propuesta, un tanto “atrevida” pero que podría motivar a los niños. Podemos realizarla en casa y también en el colegio. La proponemos, por tanto, para padres y maestros. Sería una bonita experiencia, quizás más eficaz que el trabajar el tema aisladamente en casa.
En el caso de aplicarse en un colegio, sería un proyecto global, es decir, un proyecto que englobe a todo el colegio y sus familias respectivas, con una duración de todo el curso y que puede servir de motivación e inspiración para trabajar todas las asignaturas: lengua, mates, conocimiento, inglés…. todo, de forma más divertida. Si conseguimos que los niños estén motivados y quieran… no sabemos hasta dónde pueden llegar.

LA CONQUISTA DEL ESPACIO

VERSION SENCILLA (PARA CASA)






Se trata de que cada hijo viaja en un cohete espacial y puede ir conquistando un planeta cada mes, donde pondrá su bandera identificativa. Si cada día se valora positivo el trabajo de escuchar, se avanza una posición (hemos usado belcro adhesivo). Cada vez que logra llegar al planeta recibe un refuerzo positivo ( no necesariamente algo material). Hay doce planetas, para que nos dure todo el año.

VERSION COLEGIO




Se trata de un viaje espacial, donde varias naves viajan conquistando planetas de un pequeño trozo del universo. En cada planeta han de buscar una llave y recogerla. El objetivo es llegar a AGAPITON, fin de la expedición. Allí se encuentra un tesoro que sólo puede abrirse con las llaves encontradas en cada uno de los planetas.
Cada clase tiene un cohete, y tendrá curso y letra marcado. También diseñarán una bandera que les identifique y la irán clavando en cada planeta que conquisten. (En una hora de plástica, en cada clase, los niños pueden diseñar una bandera, después exponerlas y pasar a votar para escoger la bandera que más les guste para representar a su clase).
Los cohetes deben estar atentos en todo momento a la torre de control, si no quieren perderse por el espacio o caer en un agujero negro. Asimismo, necesitan combustible para avanzar, por ello han de conseguir unos bidones que les permitirá realizar los distintos tramos del recorrido.
El profesor puede pactar con los alumnos algunas de las condiciones para ganar los litros de combustible. Proponemos:

• MODO ATENCIÓN: Se trata de ser capaces de guardar silencio absoluto durante 3 minutos y escuchar atentamente al profesor. (Puede ser útil cuando tenemos que dar un aviso importante, cuando se dicen los deberes para el día siguiente, cuando concluimos una explicación y queremos que se queden con la idea fundamental…) Recomendamos usarlo sólo una vez por asignatura, pues corremos el riesgo de cansarlos y quitarles las ganas de contribuir.

• MODO CUENTA ATRÁS: 5,4,3,2,1,…0 , para empezar algo. Se puede empezar la cuenta atrás desde 15, 10… o lo que calculemos necesiten. Por ejemplo, para empezar a hacer unos ejercicios propuestos, puede estimularles para ser rápidos en preparar el cuaderno, lápiz y goma… de modo que cuando llegue el cero, todos puedan empezar. También puede valer para estar preparados para empezar la clase o explicación o para hacer la fila para salir…

También se puede ganar litros de combustible:
-si trajeron todos los deberes hechos (señal de atención y de que han hecho caso)
-si saben guardar turno y no interrumpir en las conversaciones o intervenciones de una clase.
-si saben trabajar en silencio (lo que ayuda a poner atención en lo que están haciendo y les permite escuchar al profesor si tiene necesidad de aclarar o decir algo)
Cada profesor puede proponer otras maneras de conseguirlos, según las necesidades que tenga su clase, ya que cada grupo tiene sus propias características.
También se pueden ganar litros de forma personal, cuando se vea en un alumno un detalle relacionado con la escucha, la atención y el hacer caso, que sirva para reforzarlo o estimularlo a él mismo o al grupo.

Si alguien no atiende, tras ser avisado, pasaría a un agujero negro de donde se sale (¡distinto que en los verdaderos!) con un esfuerzo de atención que lo valorará el profesor, no pudiendo en ese tiempo ganar litros personales (fijaos que ésta es una penalización suave, ya que en el momento que hiciera algo digno de ganar litro, sería considerado válido para salir del agujero, con lo cual como mucho puede perder la obtención de un litro).

Vamos ahora a ver cómo diseñamos todo esto.
Podríamos hacer dos paneles. Uno para infantil, y otro para primaria ( o si se quiere uno para 1º,2ª y 3º y otro para 4º,5º y6º). Plantearíamos la conquista de un planeta por mes; si se empezara al inicio de curso, desde octubre hasta junio, serían nueve planetas. Cada vez que se llega a un planeta, se coge la llave y se hace alguna actividad sorpresa con el objetivo de mantener una cierta intriga e interés por llegar cada mes a un planeta.



Marcamos con distinto trazo los recorridos de los dos grupos de cohetes, para evitar colisiones espaciales. El camino de planeta a planeta consta de 30 etapas, una para cada día. Cada etapa necesita un bidón de combustible. Se calcula que si se cumplen los objetivos diarios, se gana un bidón por día y con ello cada mes llegaremos a un planeta. Las sorpresas de cada mes intentarán mantener despierto el interés por el juego. Además de que se conseguirá una de las llaves del tesoro de Agapitón.

Vamos a calcular los litros que ha de tener un bidón para que sea asequible conseguir uno diario.:

-modo atención: 1L. por asignatura (unos 5L.)
-modo cuenta atrás: 1L. por asignatura (unos 5L.)
-deberes: si todos los niños lo traen 5L., si no 2L.
-escuchar explicación: 1L. por asignatura, (las asignaturas que cueste más guardar silencio pero interese lo haya, pueden ofertar 2ó 3L., según acuerdo de los profesores)(Calculemos 7L. diarios)
-trabajo en silencio: 1,2ó 3L. según la calidad del silencio (en cada asignatura que lo requiera. Calculemos unos 10L.)
- litros personales

De este modo un bidón podría ser de 30L. diarios. Quizás esto lo valoraréis vosotros mejor, maestros, que tenéis más experiencia en las conductas habituales de los niños, pues conviene poner una cantidad asequible para ellos, a la vez que requiera un ligero esfuerzo, pues se trata de superar su nivel de escucha.
Cada profesor, al final de la tarde valorará los litros conseguidos y actualizará el avance del cohete en el panel (puede escoger a un alumno que se haya esforzado para que lo haga).

¿QUÉ SE PUEDE HACER EN CADA PLANETA?

Una vez al mes se puede hacer la actividad de buscar la llave en el planeta (una de las que se necesitan para abrir el cofre de Agapitón). Aunque no todas las clases hayan llegado, se les envía un cohete-grúa que los translada al planeta para poder participar en la competición y tener la oportunidad de empezar una nueva etapa de viaje a otro planeta, sin arrastrar retrasos que les desmotiven. Por supuesto, la clase ganadora es galardonada con un certificado de la Nasa de ser astronautas de reconocido prestigio, que se colgarán en la puerta, para que puedan presumir.

Una posible manera de buscar la llave es enviar un robot (llamado RX) a la superficie del planeta. Este robot actúa de forma teledirigida y bajo nuestras órdenes. Pero nuestras órdenes han de ser muy sencillas, de otro modo RX no las entendería y por tanto no las ejecutaría. Podemos poner una serie de requisitos (como sortear una silla, saltar un banco de gimnasia, coger una mochila y recoger algo del suelo como muestras del planeta…) hasta llegar a un lugar donde hay tres cajas bocabajo. Sólo una de ellas tiene la llave.
Si realizamos esta actividad por cursos, tendríamos tres robots. Los robots podrían ser los profesores para asegurar que no haya trampas. Por turnos, sus alumnos han de decirle órdenes como:
-RX, da 5 pasos al frente; RX 3,2,1,0. ( sin este protocolo el robot no funciona)
-RX, gira a tu derecha media vuelta; RX 3,2,1,0.
El objetivo es dirigir a los robots hacia la zona de las cajas, y … a ver quien tiene la suerte de dar con la caja de la llave.

Se puede intentar mantener esta prueba en todas las llegadas a los planetas, pero si dejara de causar entusiasmo se pueden inventar ginkanas en las que han de superar 4 ó 5 pruebas repartidas por todo el patio. El primero que las supere, gana la llave.

También se pueden organizar partidos de fútbol interplanetarios, los venusianos contra los plutonianos, que se pinten un ojo en la frente…En vez de ganar la copa ganan la llave.
También las llaves se colgarán en la puerta de la clase ganadora.

Se puede intentar mantener también el interés por el tema con varias actividades repartidas por el curso como:
- Concurso de dibujo de extraterrestres. El dibujo ganador será la mascota de toda esta aventura espacial.
- Visitas de unos cursos a otros. A ver qué se le ocurre a cada clase para sorprender a otras. (desde una invasión marciana, a visita de pequeños científicos que expliquen una de la mil maravillas del espacio…)
- Elaboración de murales para los pasillos del colegio
Puede servir también de excusa en lengua para hacer alguna redacción de ciencia ficción; dictados de textos del universo; en matemáticas para hacer problemas y cálculos con datos espaciales…
Al final de curso, juntando todas las llaves, se podrá por fin abrir el arcón . La sorpresa puede ser, por ejemplo, un helado para todos y un sencillo obsequio para el grupo que haya llegado más veces primero a los planetas.

Aunque este tipo de proyecto es para motivar en masa a los niños , no hemos de olvidarnos de ir felicitando, motivando o advirtiendo de manera personal a cada uno. Nosotros confiamos mucho, mucho en el trato individual. Creemos que cada niño, como cada persona, necesita sentirse conocido, atendido y querido personalmente. En el caso de los más guerreros, se sienten interpelados, ya no se refugian en la masa, y responden mucho mejor.
Os animamos a esta nueva experiencia.





viernes, 30 de septiembre de 2011

¡GRACIAS MAESTROS!



¿Cómo agradecer a los maestros la labor que realizan en nuestros hijos? Gracias a ellos y año tras año, cada maestro va “esculpiendo” la formación y hasta el carácter de nuestros niños.
En el día a día, no los vemos cambiar y crecer físicamente, pero al pasar los años nos damos cuenta de cuánto han crecido. Así ocurre con su formación. Día a día aprenden o maduran algunos conceptos, pero pasan los años y… aprenden a leer, a manejar conceptos matemáticos, memorizar, razonar, a convivir… hasta que llegarán a ser todos unos profesionales y unas personas. Y esto se lo debemos en gran parte a la labor de los maestros, que día a día, año tras año, trabajan con constancia y con ese sentido de responsabilidad y de trabajo bien hecho que les caracteriza, llegando en muchas ocasiones a hacer más de lo establecido.
¡Cuánto hemos de valorar la labor de los maestros! ¡Ojalá ningún maestro pierda su vocación, sino que, aunque pasen los años, cambien los tiempos y aumenten las dificultades la conserven siempre fresca y viva!
Padres y profesores somos un gran equipo, vamos a lo mismo, llevar a su máximo a esos niños que son nuestros y “de ellos”. El secreto de esto es mirarlos con verdadero afecto, con una mirada que, lejos de quedarse con lo primero que topan nuestros ojos (aspecto físico, comportamiento, inteligencia…), penetra y ve algo más: su valor, su personalidad, sus preocupaciones, su entorno y su sentir, sus potencialidades… y esto hace que los miremos con esperanza, con ilusión, convencidos…
Sí, esos niños darán mucho si se sienten queridos y comprendidos. Es el arte de llegar a ese punto del corazón donde ellos, libremente, activarán los resortes de sus mejores cualidades.
Y esa es la belleza de esta vocación educadora, que nunca debe caer en la rutina, pues cada niño/a es un mundo único, irrepetible, por descubrir, por llevar muy lejos… si se encuentra con alguien que le quiera de verdad. Aunque sólo hubiera un niño, ya merecería que existiera un educador.
Sí, esos niños/as dependen de nosotros, educadores: padres y maestros, por eso hemos de trabajar unidos, animarnos a no desfallecer, a no rendirnos nunca, apoyarnos y dialogar.
¡Gracias maestros!


jueves, 16 de junio de 2011

APROVECHAR LAS VACACIONES



Llegadas estas fechas todos exclamamos: ¡Ya estamos a final de curso, se ha pasado volando! .
Sí, llegan las vacaciones escolares, y las nuestras también, a unos antes, a otros después. Debemos ir con intención de aprovecharlas si queremos sacarles todo su jugo, ya que éstas aún pasan más rápido.
Cuando decimos vacaciones todos pensamos: ¡tiempo para descansar! y es así. Lo único que descanso no es sinónimo de pasividad. Si el tiempo de verano fuera pasividad acabaríamos realmente aburridos. Tampoco debe ser sinónimo de dejarse llevar de la desgana, en ese caso acabaríamos realmente insatisfechos...

El tiempo de verano debe aliviar nuestro cuerpo y nuestra mente del stress, del activismo, de las prisas que inevitablemente llevamos durante el curso, pero son un tiempo precioso para realizar actividades que no hemos podido hacer durante el curso y cultivar cualidades o aficiones que tenemos.

Hace unos años nos encontramos con una adolescente de trece años que al volver de las vacaciones decía con cara de gran satisfacción: "Estoy muy contenta porque este verano he aprendido mecanografía y bastante inglés". Y , por el contrario, comentaban otras dos: "¡Qué aburrimiento de verano, de casa a la piscina y de la piscina a casa ¡todos los días!" Son expresiones que demuestran que nos sentimos frustrados cuando no sabemos que hacer con nuestra vida.

Nosotros recomendaríamos un buen horario. Indudablemente un horario más holgado y flexible que durante el curso, pero sí un horario, pues necesitamos orden y organización para funcionar bien y sobre todo para no convertirnos en presa fácil de las ganas, que son nuestras más peligrosas "depredadoras". ¿Quién no ha dicho: este verano haré..., me levantaré temprano ... iré..., adelantaré..., estudiaré...? y después... ¿quien hizo... , madrugó..., fué..., adelantó.., estudió...? Cuando llegó el momento... ¡zas! fuimos devorados sin piedad y de un sólo bocado por estas temibles ganas. En un segundo de debilidad, son capaces de tirar por tierra (y con un solo dedo) nuestros más pensados y deseados propósitos. Así nos encontramos con que pasa el día (y si nos descuidamos el verano y ...la vida) sin haber hecho nada.
Pero ¡atención! Hemos de ser animosos, las personas tenemos voluntad. ¡Podemos hacer lo que realmente queremos! Sólo hay que pensar, querer y empezar con resolución. ¡A ver quién manda aquí! El horario nos ayudará a ello.

Se nos ocurren actividades que no deberían faltar en un horario para nuestros hijos (os dejamos como ejercicio de sobresaliente la elaboración del horario de los padres):

  1. Poner una hora de levantarse. Cada uno piense una hora adecuada que asegure el descanso necesario, pero una vez conseguido... ¡¡arriba, que hay mucha vida por vivir!! Si aseguramos esto, todo irá muy bien. Si empezamos pactando con la pereza, la arrastraremos todo el día.
  2. Tiempo de colaboración en el hogar, con pequeños servicios, adaptándonos a las edades. Nunca lo omitáis, más que el trabajo en sí que puedan realizar es el hábito, la disposición que se va generando en ellos lo que es vital.
  3. Tiempo de estudio. También con poco será suficiente. Conviene que no olviden lo adquirido durante el curso para no empezar el curso a cero. El ponerse al día después se les podría hacer muy duro.
  4. Mucho tiempo de juego: familiar y solos, de todo. Juegos de deporte, de mesa, de parque... tenemos mucho para variar (no queremos decir todo en un día, claro). También puede ir bien recorrer las habitaciones de casa con papel y lápiz para ir anotando todos los juegos o actividades que tenemos en casa, que se acumulan en los armarios y no les sacamos provecho. Hay muchos muy interesantes, divertidos , culturales, de destreza... ya sabéis: puzzles, construcciones, de manualidades, de conectar preguntas con respuestas, de ingenio, de cultura, de magia... en fin ¿para qué queremos tantos, si no los usamos?
  5. Tiempo de dialogo familiar y personal con los distintos miembros de la familia. Empezando entre nosotros, padres, como base de los otros. Tenemos más tiempo para fomentar la unión entre nosotros y con ellos. Estos diálogos conservarán de forma natural la apertura de los hijos a los padres, que tanto deseamos todos.


Bueno ya sólo nos queda despedirnos hasta septiembre (sí, nos tomamos dos meses de vacaciones en el blog porque si no... ¡no nos va a dar tiempo a hacer todo lo que hemos dicho!) y desearos de corazón un felicísimo verano.

martes, 10 de mayo de 2011

EDUCAR CON CUENTOS: LA CONSTANCIA

Siguiendo el esquema propuesto en PROGRAMA DE EDUCACION EN VALORES A TRAVES DE CUENTOS os proponemos el tema de este mes.

Puede ser que, en algún momento, hayamos sentido desánimo y abatimiento en esta tarea educativa. A veces no sabemos qué hacer, cada hijo es un mundo e incluso tratándose del mismo lo que sirve en un momento dado ya no sirve para otro.
Nos gustaría hacerlo bien, muy bien, pero además de existir la dificultad propia de la educación, hemos de contar con otra adicional: nuestras limitaciones y nuestro cansancio.
¿Quién no se ha sentido alguna vez tremendamente torpe y limitado? Queremos hablar con respeto y no lo hacemos; queremos esperar a decir algo buscando el momento oportuno y las palabras ya están saliendo por nuestra boca; queremos dar los mensajes de forma positiva y… llueven los reproches… Así somos. ¡Vaya padres! ¡¡Qué desastre!! Y claro, ¿cómo no sentirnos culpables cuando los vemos cometer errores y, más aún, si son los mismos que cometemos nosotros?

Ante esta situación caben dos posturas. Una: llorar, abatirse, desanimarse… y rendirse. ¡Total, nunca seré buen padre o madre! (por favor, nunca optemos por esta salida fácil. Sería el fin de una gran historia).
Otra postura, es la del ánimo valiente, la constancia. Después de ese primer sentimiento (que, ¿qué queréis que os digamos? Tampoco nos va mal sentir esos “toques” de atención para replantearnos nuestra labor y no dormirnos en los laureles) ha de brillar una gran esperanza: ¡volvamos a empezar! ¡la constancia y la paciencia coronan las grandes obras!
Hemos de ver muy natural que el proceso educativo sea una alternancia de éxitos y fracasos y que realmente hay que trabajarlo diariamente, ¿no ocurre lo mismo en todos los procesos de la vida? El trabajo, la limpieza, el aseo personal…¿Cuándo se acaban?; el cultivo de la tierra requiere un trabajo constante de podas, fumigaciones, abonos… sin contar con la interminable faena de quitar las malas hierbas que nunca paran de salir, por más que te pases la vida arrancándolas…
Supongamos ahora un joven, que le cuesta estudiar porque su capacidad no es del todo brillante. Ante su constante lucha entre el suspenso y el aprobado y viendo que sus esfuerzos no siempre son recompensados ¿le diríamos: “¡anda, déjalo, qué ganas de pasar penas tienes; ya ves que fracasas muchas veces!”? ¿No sería esto cortarle las alas e impedir que llegue después a realizarse felizmente en un trabajo?
Al contrario, le animaríamos, le diríamos que lo que realmente vale de una persona no es tanto el resultado sino su esfuerzo, su capacidad de lucha y superación y que hace más el que quiere que el que puede. Esto lo hemos comprobado todos en la vida.
De igual manera hemos de pensar nosotros, padres y madres. Nuestra talla está en esa constancia. Ese ánimo nos hará perseverar, tener esperanza: es seguro que nuestros hijos serán, no sólo correctos y educados, sino personas luchadoras, de grandes miras, que aspiren alto…
Enseñémosles, con nuestro ejemplo, que la vida es un continuo progresar a base de caer y levantarse… y que sólo así se llega al final. Si nuestros hijos aprenden a ser constantes, les habremos armado para la vida, la mejor preparación para que den de sí al máximo, sin que se echen atrás ante cualquier dificultad. Nuestros errores, convenientemente corregidos, se convierten en un momento privilegiado de enseñar a levantarse.

Volviendo a la vida práctica, al día a día ¿cómo haríamos esto?
Supongamos que hemos perdido la paciencia y hemos alzado la voz, diciendo incluso palabras que les hieren…
Al cabo de un rato sentimos pesar de lo que les hemos dicho pues les podemos hacemos creer que son inútiles y todo lo hacen mal.
El arreglo es sencillo. En cuanto los ánimos estén serenos, en nosotros y en ellos, acerquémonos, reconozcamos nuestro error pidiéndoles disculpas, a veces (según la edad) un abrazo hace mucho… ¿por qué no decirles que olviden nuestras palabras, que no son verdaderas porque iban enturbiadas de nuestro mal humor? Y que, al contrario, tienen muchas cosas positivas, que a veces no sabemos expresarles, pero que las sentimos de verdad.
Este tipo de encuentros, recuperan y aumentan la unión, y les hacen sentir que se les trata con justicia. Y cuando uno se siente tratado justamente, está pronto a olvidar el percance.
Al contrario, cuando esto no se da, queda un poso que hace daño; nos resulta difícil olvidar y puede dar lugar a que un día llegue la gotita que haga rebosar el vaso. Quizás entonces, los daños sean muy profundos.

Seamos amigos de reconocer nuestros errores; esto también da paz y nos ayuda a levantarnos y a seguir adelante.
También es necesario apoyarse en personas que sean de fiar y nos animen positivamente. Las grandes expediciones no se hacen nunca solos, pues los peligros son muchos y necesitamos hacernos espaldas.
Ser padres y madres es una de las grandes expediciones de la vida.


JUEGO MOTIVACIÓN:

Se puede coger un dibujo, de algún tema que motive al niño/a: alguna princesa u otros personajes de cuentos, o coches de carreras… (en fin, cada uno conoce a los suyos). No se lo enseñamos, pues lo irán descubriendo poco a poco. Cogemos otro papel y lo montamos sobre el dibujo; después, apoyándonos en una ventana, marcamos puntos que después permitan reconstruir el dibujo. Se trata de numerarlos para que después puedan unirlos y reconocer la imagen. Este mes vamos a demostrar que somos constantes en algún puntillo que acordemos. Y en cada logro, uniremos un nuevo segmento del dibujo.
Si cada noche revisamos el propósito (eso quiere decir que también nosotros, padres, somos constantes en nuestra tarea de revisión) podremos dibujar otro segmento. Calculemos, pues, para un mes 60 puntos, dos por día: por el logro y por el seguimiento. ¡¡ A ver si lo conseguimos ¡!
Cuando esté completo, pueden colorearlo; les dará mucha satisfacción pues significa mucho.


HISTORIA CERO: La famosa fábula de Esopo, La liebre y la tortuga.

HISTORIA DE LA PRIMERA SEMANA:

Rita y Helen eran dos ranas que vivían en una gran laguna. Saltaban, croaban, se perseguían… gozaban de la vida y eran muy felices.
Pero un día decidieron irse a ver una granja que había por allí cerca, se metieron en el granero y lo curiosearon todo y nadie les molestó.
Vieron un cubo… Miraron… ¡Qué sorpresa!
-¡Hay nata en el cubo!-dijo Rita a su amiga- ¡Vaya festín que nos vamos a dar!
Rita saltó al cubo de nata y Helen la siguió. Comieron hasta hartarse. Después nadaron, se salpicaron y se hicieron cantidad de bromas. Pero cuando la diversión terminó, Rita y Helen notaron que las paredes del cubo eran muy altas y resbaladizas. Repetidas veces intentaron salir, pero cada vez que lo intentaban, caían dentro de la rica crema.
Helen no pudo resistir más- ¡me rindo!- gritó, mientras se iba al fondo del cubo y se ahogaba. Rita, sin embargo, no cedió. Luchó con energía, nadó y chapoteó. Y ¿qué creéis que pasó? De repente se encontró sobre una masa endurecida. Se sentó unos instantes y después saltó todo lo que pudo y logró salir. Sin perder un segundo, volvió a su casa de la laguna. Rita se había salvado porque se esforzó constantemente y no quiso rendirse.



HISTORIA DE LA SEGUNDA SEMANA:

Helen Keller nació en Tuscumbia, una pequeña ciudad rural de Alabama, Estados Unidos. Su sordoceguera fue causada por una fiebre en febrero de 1882 cuando tenía tan solo 19 meses de edad. Su incapacidad para comunicarse en tan temprana etapa de desarrollo fue muy traumática para ella y su familia. Los siguientes años fueron muy difíciles para Helen y su familia. Helen se hizo una niña muy difícil, aventaba los platos y lámparas y aterrorizaba la casa entera con rabietas, gritos y su mal genio. Los parientes la miraban como un monstruo.
Pero su familia - y ella misma - no se resignan con ese destino, y lo fueron superando a fuerza de voluntad y constancia, y gracias sobre todo a tutores y amigos que la ayudaron; entre ellos y de forma especialísima, Anne Sullivan.
Anne Sullivan fue su profesora personal, y amiga de toda la vida. Anne sí que demostró constancia y gracias a ella hizo de Helen una nueva persona; le ayudó primero a controlar su mal genio, y después le enseñó a leer, en primer lugar con el alfabeto manual táctil y más adelante, con el sistema Braille, a escribir de forma normal y a través de las máquinas de escribir en Braille.
Para enseñarle a hablar, Sullivan ponía la mano de Helen en su garganta para que pudiera sentir las vibraciones creadas al comunicarse. Sullivan hacía que Helen tratara de formar estas mismas vibraciones. Este procedimiento se utilizó para enseñarle a Helen a hablar desde joven.
Su discurso, sin embargo, seguía siendo confuso. No fue hasta años después que, con la ayuda de la técnica de un profesor de voz y el apoyo de Anne, Helen pudo finalmente hablar de manera clara.
Helen fue a la escuela de Cambridge para señoritas desde 1896 y en el otoño de 1900 entró en la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordociega que podía alcanzar el reto de presentarse y transitar en una Universidad. El 28 de junio de 1904 Helen se graduó "Con Honores" de la Universidad de Radcliffe, siendo la primera persona sordociega en obtener un título universitario. Ese mismo año en la exposición de San Luis habla por primera vez en público.
Helen y Anne iniciaron en los años siguientes una gira de charlas y conferencias sobre sus experiencias. También hacía campañas para mejorar la calidad de vida y las condiciones de las personas ciegas, quienes eran rechazados y erróneamente educados en asilos. Su insistencia fue uno de los factores importantes para que las condiciones de éstos cambiaran.
En 1964, Helen fue galardonada con la Medalla Presidencial de la Amistad, el más alto premio para personas civiles otorgada por el presidente Lyndon Johnson. Un año más tarde fue elegida como La mujer del “Salón de la Fama” en la Feria Mundial de Nueva York.
El primero de junio de 1968, en Arcan Ridge, Helen Keller muere mientras dormía.


HISTORIA DE LA TERCERA SEMANA:

Esta historia también es verídica, aunque no conocemos sus nombres. Ocurrió en un pueblo algo grande, quizás hace 50, 60 años, y aunque no hace tanto, la vida si ha cambiado mucho. Transportémonos a la cultura de entonces. Es un bello ejemplo de constancia en él y de constancia en ella.

El hijo del hombre más acaudalado de la localidad, llamémosle Alberto, estaba en plena juventud, además era bastante fuerte y atractivo, con lo cual la mayoría de jovencitas del pueblo suspiraban por él. Su padre le había comprado un coche y no hacía más que lucirse y pasearse con él por la carretera que atravesaba el pueblo, haciéndose el interesante, dando conversación a unas y otras y… perdiendo mucho tiempo. Realmente era poco trabajador, acostumbrado a una vida fácil y acomodada.
Pero mira por donde, se fijó en una jovencita, llamémosla Elena, que al contrario que las otras, no parecía querer llamar la atención de Alberto. Iba a lo suyo, se la veía siempre diligente, ya con el cántaro de agua, ya con la compra, ya con la colada al lavadero… Cuando él la saludaba (en los pueblos, más o menos, todos se conocen) con idea de que se fijara en él, ella se limitaba a saludar muy correcta un: ¡Buenos días, señorito Alberto!, con una suave sonrisa y continuaba su marcha con mucha naturalidad.
Quizás por esto, a Alberto le empezó a llamar aún más la atención. El quería que ella también le mirara, como todas las otras, o al menos disimuladamente, para sentir que la captaba. Por eso, cuando salía a la calle o reía con otras jóvenes, siempre la buscaba con la mirada a ver si la encontraba. Los días que aparecía siempre le causaba una agradable impresión: centrada, sencilla, natural, diligente…y por supuesto, a él lo trataba como a cualquier otra persona.
Como Alberto estaba de tertulia todos los días en la plaza con sus amigos, se percató de que Elena solía ir a la fuente hacia el mediodía, y sin darse cuenta, cada mañana esperaba el momento en que apareciera, allá , doblando la esquina de la callejuela.
Un día, Elena no apareció a la hora acostumbrada, parece que se retrasaba y él no sabía porqué se encontraba algo inquieto. Al fin no dejaba de mirar hacia la esquina y cuando al fin apareció, el corazón le dio un brinco. Fue entonces cuando cayó en la cuenta que estaba totalmente enamorado.
Pasaron los días y a Alberto no se le quitaba de la cabeza Elena. Al fín decidió acercarse a ella y proponerle ser novios. Pero con lo que él no contaba era con la visión que ella tenía de lo que debía ser el compañero de su vida. Ella entendía esa relación como algo muy grande, no como algo superficial o un pasatiempo, sino como una ayuda mutua, que uno pudiera ser para el otro un estímulo muy fuerte para superarse y sacar lo mejor de sí. ¡Vaya meta alta!
Alberto comprendió por qué ella no era atraída por su altura o su físico, ni siquiera por su coche, comprendió que ella buscaba un hombre, un hombre íntegro, en quien confiar, en quien apoyarse… y claro … esta suave negativa le hizo comprender la realidad de su persona. Se sintió un hombre rico por fuera pero muy pobre por dentro, auténticamente pobre. ¿Qué le podía él ofrecer a Elena?
El primer día se sintió azotado por sentimientos de abatimiento e incluso de indignación, pero pasados unos días le inundó una nueva sensación. Se dio cuenta que Elena tenía razón, que era una chica sensata, no como otras, y que era justo la que le convenía.
Lo que antes nunca hubiera deseado, ahora le atraía: ser todo un hombre… junto a Elena; formar una familia… junto a Elena; educar a “sus” hijos… junto a Elena.
Y con este nuevo deseo se dirigió a ella y le dijo que le iba a demostrar quien era el verdadero Alberto, que pensaba matricularse en medicina para demostrarle lo que era capaz por ella, por que la quería…
Y por abreviar la historia, Alberto, estimulado por el recuerdo de Elena, estudió medicina y resultó ser un excelente alumno.
Todo esto cautivó el corazón de Elena, y su deseo quedó colmado en la persona de Alberto. A su vez, Alberto se sentía cada vez más enamorado de Elena, ya que tanto le había costado conseguir su cariño; y al mismo tiempo muy feliz, por que gracias a ella, él se sentía útil y realizado.
Se casaron y aún él llegó a ser director de un importante hospital. Y cuando se celebraba alguna fiesta en el centro, junto con sus esposas, como en esta época era costumbre, todos le felicitaban por su capacidad, su eficacia, su entrega al trabajo, por el tremendo beneficio que estaba ofreciendo… y él, siempre contestaba lo mismo, mirándola, profundamente agradecido y enamorado: “Denle las gracias a ella”.


HISTORIA DE LA CUARTA SEMANA:

Más que historia de cuentos podemos citar cantidad de ejemplos de la historia que demuestran que sólo con constancia se consiguen las cosas, y en el peor de los casos, aunque a veces nuestro esfuerzo parezca inútil, no lo es, pues puede ser el punto de partida de los que vienen detrás y alcanzarán la meta.

Desde el descubrimiento de la pólvora por los chinos, pasando por su uso en pirotécnia y distintos tipos de armas, en distintas civilizaciones y siglos, derivó también a la construcción de cohetes: Ariane, Athena, Atlas,…Sputnik,… Saturno I,..Saturno V, Titan,Vanguard, Zenit…
El comandante Neil Armstrong fue el primer ser humano que pisó la superficie de nuestro satélite, la luna, el 21 de Julio de 1969 a las 2:56 al sur del Mar de la Tranquilidad (Mare Tranquilitatis).
Podemos nombrar también tantos y tantos científicos que gracias a su constancia y esfuerzo nos han dejado una gran herencia a toda la humanidad. De los miles de ellos, podemos nombrar sólo algunos: Guteberg, la imprenta; Pascal, máquina de sumar; Newton, el telescopio; James Watt, la máquina de vapor; Ramón y Cajal, médico aragonés que descubrió las neuronas; Eddison, la bombilla; John Logie Baird, la televisión…
También los músicos nos han dejado sus bellas composiciones, conviene destacar que Beethoven compuso sus últimas obras estando completamente sordo.

Cabe una reflexión, ¿habrá nacido el descubridor del remedio contra el cáncer, por decir una de las necesidades que tenemos? Puede ser, y por ello hemos de enamorar a nuestros niños y jóvenes de la constancia; en otro caso quedará por descubrir …



domingo, 10 de abril de 2011

EDUCAR CON CUENTOS: EL AGRADECIMIENTO

Siguiendo el esquema propuesto en PROGRAMA DE EDUCACION EN VALORES A TRAVES DE CUENTOS os proponemos el tema de este mes.

“Gracias papá, gracias mamá”… ¡Qué bien nos sientan estas palabras cuando las oímos! Parece que son como un bálsamo que alivia las “heridas” producidas por el esfuerzo y la lucha de esta labor de ser padres y madres. Todas nuestras fatigas han merecido la pena.
Ciertamente el instinto de paternidad y maternidad es admirable, no mide ni regatea esfuerzos a la hora de alimentarlos, cuidarlos y formarlos. A pesar de ello, cuando crecen y tienen edad de comprender y valorar, deseamos que se den cuenta de todo lo que han recibido, no tanto por nosotros, sino porque ser desagradecidos, creerse con todos los derechos y que todo nos parezca poco, no adorna a nadie.
Ocurre que para ser agradecidos, al igual que con otros valores, es necesario trabajar la sensibilidad. Mientras que unas manos sensibles tocan y perciben con precisión la textura de las cosas, unas manos encallecidas pierden esta capacidad. Aunque parezca mentira, también las personas pueden llegar a “encallecerse” y perder la capacidad de valorar y agradecer lo que se recibe de los demás si no hacemos nada al respecto. Recordemos que los niños crecen hoy en una sociedad cómoda, donde, si nos descuidamos, reciben demasiado y apenas tienen que aportar (en muchas ocasiones, nos conformamos con el estudio… si se le puede llamar estudio). Esto puede llegar a formarles la convicción de que tienen derecho a todo lo que se les da (y cada vez más) mientras que el aportar es ya una cuestión de gustos, de su inclinación o ganas…no hay obligación.


¿Qué podríamos hacer?

Se nos ocurren varias cosas.
Una, importantísima, es “que oigan” hablar de este valor, para que sepan que existe. Y como toda buena lección, junto a la teoría va el ejemplo o ilustración que aclara todas las dudas. Si nosotros, padres y madres, somos agradecidos, nuestros hijos lo podrán ver e imitar; podríamos compararlo con el inglés, que se aprende mejor con unos padres ingleses que con todas las academias del mundo juntas.
Sería el momento de hacernos esta reflexión: ¿somos agradecidos?; quizás también nosotros podríamos aumentar nuestro nivel.
Desde el típico enseñarle de pequeñitos a decir gracias cuando reciben algo de alguien, a otras muchas cosas como que oigan agradecer y valorar: la comida, el tiempo y esfuerzo que lleva prepararla; que oigan lo agradecidos que estamos del orden que han dejado en su habitación, de su colaboración en casa; que oigan cómo valoramos los aspectos positivos de sus profesores, que indudablemente tienen, cómo nos admiramos de la labor tan meritoria, del esfuerzo, interés, tiempo y responsabilidad que les mueve… en algunos a niveles inverosímiles… A fin de cuentas todos somos lo que somos gracias, entre otros, a los profesores que hemos tenido en nuestra vida y que han construido una pequeña etapa de nuestra formación.
Que oigan cómo agradecemos a los vecinos o amigos los favores recibidos y cómo estamos dispuestos a devolverles los favores como muestra de agradecimiento.
Han de oír de nosotros muchas cosas positivas de los demás y pocas negativas, pues es de justicia y objetivamente real. A nuestro alrededor existe un amplio paisaje de cosas positivas, si lo sabemos y queremos ver, ¿vamos a detenernos justo en las desagradables?
Pero lo más valioso y lo que más bien les hace es que oigan de labios de mamá cosas bonitas de papá, y viceversa, que oigan de labios de papá cosas bonitas de mamá. Que oigan agradecernos el uno al otro lo que aporta el otro, lo que ayuda, sus cualidades, sus capacidades, sus atenciones… Que lo oigan, y que lo oigan con calor. Esto hace mucho bien a los hijos…y a los padres. Cuando nos sentimos valorados, nos sentimos bien. Además se ancla el deseo de no defraudar al que confía, espera y agradece mi labor, mi actuación. También nos ayuda a mirar con aprecio al que me agradece, así como miramos con más afecto al que decimos gracias; todos estos sentimientos aumentan la unión.
Que nos oigan, que nos oigan… ¡Realmente les contagiaremos ese sentir! Y serán positivos, sensibles y agradecidos.

Otra cosa que podríamos hacer es “actuar”. Los niños se hacen idea de la importancia de las cosas según sean nuestras reacciones. Por ejemplo, si ante una contestación maleducada no hacemos nada, deducen que no es muy grave lo que han hecho. Si rompen una figurita de porcelana y nos enfadamos mucho pensarán que es gravísimo (cuando en realidad puede haber sido un accidente sin mucha culpa).
Si queremos hacer comprender lo importante que es valorar o agradecer, hemos de estar atentos. A lo mejor un día, un niño de la clase que cumple años regala un detallito a todos. Resulta que ante aquel obsequio en vez de agradecerlo se pone a protestar que lo quería de otro color o el de otro compañero. Si esto ocurre por primera vez, hemos de explicarle que a todo hay que decir gracias sea lo que sea, porque el regalito es precioso (aunque a él no le guste; eso es problema nuestro) y a fin de cuentas mi compañero me lo regala con toda su ilusión y generosidad y se pondrá triste con mi contestación. Pero si esto ocurre por segunda vez, le diremos que como no le gusta nos lo quedaremos nosotros para alguna ocasión que haga falta. Y no se lo daremos. De esta manera aprenderá a valorar, agradecer y pensar antes de hablar, y no dejaremos que crezca en él esa mala costumbre de exigir con menosprecio.
Esto puede aplicarse, siempre con serenidad y cariño, en muchas circunstancias y edades. Si no empezamos pronto, ¿qué ocurrirá en la adolescencia y juventud?


JUEGO MOTIVACIÓN: LOS GENIOS AGRADECIDOS

Nuestros hijos se van a convertir en unos “genios” de esos que salen de las lámparas maravillosas y están dispuestos a cumplir nuestros deseos, en agradecimiento a haberles sacado de su pequeña lámpara. Nos pueden conceder un pequeño deseo por día. Los vamos a escribir en las solapas del popular juego come-coco, que se hace doblando un cuadrado de papel. Si lo hacemos con un pliego de cartulina grande, les gustará mucho. Pintamos las solapas o les pegamos papel de colores.



Cada día nos pedirán que digamos un número, harán mover el come-coco tantas veces como indica el número que hayamos dicho y a continuación escogeremos un color. Levantarán la solapita y leerán nuestro deseo. Ejemplos pueden ser: no pelearse hoy con el hermano, ordenar tu habitación, sentarse pronto a estudiar, barrer la casa, saludar a los vecinos que hoy te encuentres… Como los conocemos, sabemos qué les vendrá bien.



HISTORIA DE LA PRIMERA SEMANA: PRECIO POR CADA TAREA

David era un niño de doce años que tenía una hermanita, Sara, que acababa de cumplir cuatro.
La quería mucho, pues había deseado enormemente tener un hermanito o hermanita hasta que nació ella y además resultó ser una niña muy agradable y cariñosa.
Un día los padres de David se vieron obligados a ausentarse un sábado porque los abuelos habían tenido un grave percance y tenían que atenderlos. Por más que pensaron con quién dejar a los niños, no encontraron a nadie. Viendo la urgencia del caso, que David era mayorcito, y que ambos niños eran responsables y sensatos, los padres decidieron marchar dejándolos solos.
David- le dijeron- al final tendréis que quedaros solos hasta las cinco. Cuida mucho a Sara y portaos bien, sabemos que eres responsable y nos fiamos de ti. Te dejaremos una hoja con un horario para que estéis ocupados.
Y así se fueron. David cogió la hoja y leyó el horario; había tiempo para todo: rato de estudio, rato de descanso, rato de trabajo, rato de juego…con todas las explicaciones para atender a su hermanita.
Cuando llegaron los padres se alegraron mucho de que todo estuviera en orden y de que David hubiera cuidado muy bien a Sara, con lo cual felicitaron mucho a los niños. Pero cuando los padres fueron a acostarse esa noche, vieron una carta que David les había dejado bajo la almohada. Decía así:

Queridos padres:
  • por haber hecho la cama de Sara …0.50
  • mi cama …0.50€
  • por haberle dado de comer a Sara …0.50€
  • por haber barrido la casa …0.50€
  • por haber hecho los deberes …0.50€
…..
total 5€

Los padres sintieron una profunda desilusión y tristeza al leerla. Se miraron en silencio y se acostaron, sin apenas articular palabra.
Al día siguiente, el padre entró en la habitación de David con toda naturalidad, para despertarle. David lo miró con cara de incertidumbre y hasta con un poco de apuro. De hecho no se había atrevido a darles la carta personalmente, pero, oye… ¡había hecho muchas cosas y se lo merecía!
Su padre le dijo: “David, mira debajo de tu almohada algo que mamá y yo te hemos dejado …” y salió de la habitación. David encontró un sobre, lo abrió con prisas y encontró… 5€ y… una cartita de papá y mamá.
-¿Qué será? – pensó el niño, y leyó:

Queridísimo hijo:
  • Por haberte dado la vida… 0€
  • Por las noches pasadas en vela para amamantarte y consolarte …0€
  • Por cuidarte con cariño, alimentarte y procurarte vestido… 0€
  • Por leerte cuentos, por ayudarte a los deberes …0€
  • Por jugar al fútbol contigo …0€

Total …0€
Te queremos mucho: papá y mamá.

Cuando David leyó la carta, le brotaron lágrimas en los ojos y se sintió profundamente avergonzado. Fue a la cocina, abrazó a sus padres y les pidió perdón por esperar dinero de cosas que se han de hacer sin medida, generosamente y por amor.


HISTORIA DE LA SEGUNDA SEMANA: EL PLATO DE MADERA

Ocurrió en una casa donde vivía una familia formada por un matrimonio, un hijo y el abuelo paterno. El abuelo era muy mayor. Después de haber pasado toda una vida trabajando duramente en el campo, de sol a sol, por ofrecer a sus hijos lo mejor, ahora le temblaban mucho las manos y aunque quería evitarlo, era imposible. Lo peor era a la hora de comer, pues se le caía la comida de la cuchara y se manchaba sin remedio. En varias ocasiones se le cayó el plato rompiéndose éste y manchando el suelo. Ante este panorama, su hijo y la nuera se enfadaban y le reprochaban, hasta que tomaron la decisión de hacerle un plato de madera y llevarlo a comer aparte, en el patio, donde no hubiera tanto problema de ensuciar. Allí, el pobre anciano comía como podía, notando muchas veces cómo se le deslizaba la sopa por la barbilla y sobre todo la humillación.
Un día, cuando el padre de familia llegó de trabajar del campo, encontró a su hijito tallando una madera.
-¿Qué haces, hijo, con esa navaja tallando un trozo de madera?
-Mira papá- le dijo con inocencia y como quien ha tenido una buena idea- estoy tallando un plato de madera para ti, para cuando seas tan viejecito que te tiemblen las manos y tengas que comer fuera.
Fue entonces cuando el padre se dio cuenta de su actitud desagradecida y arrogante. Esa misma noche hizo pasar al abuelo, le sentó a la mesa y con sus propias manos le llevó la cuchara a la boca, le limpió suavemente la barbilla porque comprendió que era el momento de devolverle toda la atención que en su vida había recibido de él.

(Cuento popular)


HISTORIA DE LA TERCERA SEMANA: SOLO POR UNA COSITA NO VOY A OLVIDAR

En la clase de Alberto había 22 niños. Se llevaban bien, bueno… había alguna que otra peleilla de vez en cuando, pero dentro de lo normal. Alberto había llegado hacía dos años al colegio, y pronto estuvo muy integrado. En el recreo hacían partidos de fútbol y él solía jugar en el mismo equipo que su mejor amigo, Sergio, con el que tenía gran afinidad.
Un día, en uno de esos partidos, otro compañero, Carlos, que jugaba en el equipo contrario, cayó por tierra justo cuando tenía casi un gol metido, a dos minutos de fin de partido. ¡Qué coraje le entró! pues podía haber hecho ganar a su equipo. Quizás por este mal humor, cuando llegó a la fila para subir a la clase y se topó con Alberto, que llevaba una gorra, le empujó para que subiera más rápido, le insultó y le quitó la gorra arrojándosela lejos.
Sergio salió en defensa de su amigo Alberto, pero Carlos desapareció escaleras arriba. Sergio le dijo entonces a Alberto:
- Es un tonto, yo de ti no le volvía a dirigir la palabra.
Pero Alberto no dijo nada.
Al día siguiente, al llegar la hora del recreo y de escoger equipo, le tocó a Alberto pedir. Después de dos elecciones escogió también a Carlos. Sergio se acercó a Alberto y le dijo:
-¿estás loco?
Entonces Alberto respondió:
-oye Sergio, Carlos es muy buen jugador; además le aprecio mucho porque el primer día que llegué a este colegio tú no sabes el miedo que yo tenía, pues era un novato y todos se conocían. Carlos ese día se me acercó, me enseñó todo el cole e hizo que ya me metiera en un equipo a jugar. Se lo agradecí de corazón y volví a casa mucho más tranquilo. Ayer él estaba disgustado por lo del gol; chico, sólo por una cosita que me ha hecho no voy a olvidar aquel favor que me hizo ¿no crees?
Sergio hizo un gesto con la cabeza, como diciendo: bueno, vale… y jugaron estupendamente aquella mañana.


HISTORIA DE LA CUARTA SEMANA: QUIERO OTRA MAMA
(Recomendado para el día de la madre)

Había una vez una chica, Carolina, ya adolescente, que se quejaba continuamente de su madre.
- Desde luego- decía – que suerte tiene mi amiga Alicia que su madre le deja ir donde quiere y hasta la hora que quiere.
Otro día era: pero ¿para qué me haces estudiar esta tarde, si todavía falta mucho para los exámenes? ¡ay, mamá, qué aburrida eres!
O si pasaban delante de un escaparate: mamá ¿cómo dices que no me hace falta otra camiseta, si Marisa tiene por lo menos doce?
Y así, día tras día. Sufría ella y hacía sufrir a sus padres, claro.

Un día por la noche tuvo un curioso sueño. Resultaba que al ir por la calle, vio una tienda con un rótulo que jamás antes había leído: “TIENDA DE MADRES”. El escaparate mostraba grandes carteles: ¡¡Grandes ofertas!! , ¡Aproveche la ocasión y cambie de madre!
Aquello pedía entrar aunque fuera por curiosidad. El interior era amplio, iluminado y agradablemente decorado. En las paredes había infinidad de cajones, cada uno con un título. La tienda estaba llena de chicos y chicas, todos muy ajetreados abriendo y cerrando los archivadores, leyendo la ficha técnica donde se explicaban ampliamente las características de cada modelo de madre.
Carolina también se acercó a los cajones y empezó a curiosear: Madre artista, Madre protectora, Madre rica…
Abrió uno que decía: Madre Deportista. Bueno… podría ser interesante, a fin de cuentas a Carolina le gustaba mucho el baloncesto. Leyó:
“Le gusta mucho el deporte y le preocupa mucho estar en forma y cuidar la dieta, por ello intenta que toda su familia coma mucha verdura y fruta y rechaza chuches y dulces.
No sé… ¿ya no podría comer las tartas y bizcochos que su madre le ponía todos los domingos? ¡y como me ponga espinacas con frecuencia…!
Se levanta muy temprano y va a hacer footing, siempre intenta, como buena madre, ir con alguno de sus hijos…
¡uy, que pereza, a mí que no me lo pida los domingos!
Lo que no perdona nunca son las caminatas de los sábados por la tarde con sus amigas, porque caminar es de suma importancia para tener un corazón joven y fuerte”
Entonces, ¿ya no tendría los juegos de sobremesa con toda la familia? ¡para una cosa buena que hacemos en casa!..Mira, mejor dejo esta madre…

Luego vio otro título atrayente: Madre belleza
Puede estar interesante, la verdad que la madre de Begoña es guapísima y todos aplauden lo que dice o hace, incluso cuando critica a alguien. Hasta viste ser amiga de Clara, su hija…

“Es una madre que causa admiración. Tiene una bonita cara y un tipo envidiable. Para ello gasta considerablemente en productos de belleza, ropas y complementos que son de elevado precio. Por supuesto mantenerse bella tiene un coste.
Vaya, pues si gasta tanto, adiós a mis camisetas de antojo…lo mismo me recortaría más
Tener esa imagen lleva también mucho tiempo en arreglarse, maquillarse, lavarse el pelo…
Hum… lo mismo voy al baño y está siempre ocupado…
Por supuesto se mira mucho en el espejo y puede engreírse con facilidad
Con lo que me fastidia a mí que no me miren cuando quiero decir algo a alguien. Ya me la imagino respondiéndome ausente sin retirar la mirada del espejo… nada, nada, no me convence, otra.
Madre marchosa:
Le gusta la marcha y salir todos los fines de semana, incluso hasta altas horas de la noche…
Ésta seguramente está bien, porque si ella sale, no verá mal que yo también lo haga…yupiii
… como consecuencia se levanta los sábados y domingos sobre las 11:00 ó 12:00…
¡uy!¿quién me llevará a mí a los partidos? Lo mismo se enfada el entrenador y me deja sin jugar
… como le queda la mañana corta compra cualquier cosa para comer…
¡cualquier cosa!¡cualquier cosa! Lo mismo nunca hace las croquetas que hace la mía, que son mi comida preferida…ni hablar…fuera esta madre…

Y así fue leyendo: Madre permisiva, Madre empalagosa, Madre lectora…Madre en su punto…
¿Madre en su punto? ¿Qué querrá decir? Voy a ver que pone.

Madre en su punto:
Es una madre que quiere muchísimo a sus hijos, por ello busca siempre el bien de ellos, aunque tenga que renunciar a algo...
Bueno, eso en realidad es lo que tiene que hacer una madre…
…por ello les enseña a realizar tareas domésticas, y aguanta las quejas y malas caras con paciencia aunque preferiría hacerlo ella misma. Le anima pensar que el día de mañana estarán preparados para llevar con soltura cualquier tipo de situaciones.
…no creo yo que haga falta tanto, pero en fin, aunque sea exagerada por lo menos tiene buen corazón…
Lo mismo ocurre con los deberes y estudios, siempre a punto para animar, proponer, ampliar, apoyar en las dificultades …
Esta madre parece muy exigente; lo del estudio es un rollo, pero la verdad es que cuando me atasco siento un gran alivio cuando me lo explican y logro acabar los deberes…
Juega con ellos, los lleva al parque, con bicis…
Eso al menos está muy bien, si señor, jugar, claro que sí…Bueno, pues…pese a las limitaciones creo que ésta puede considerarse una buena madre; creo que ésta es la mejor que he visto.

Fue al mostrador con la ficha del modelo y la solicitó.
-Ahora mismo, señorita- dijo el vendedor amablemente.
Atravesó las cortinas de la trastienda y apareció con una madre sonriente, con los brazos abiertos.
Carolina sintió un vuelco de alegría en su corazón . Era su madre.
-¡Mamá!- dijo emocionada, mientras se abrazaba a ella- ¡Te necesito!

domingo, 6 de marzo de 2011

EDUCAR CON CUENTOS: FAVORES Y DETALLES



Siguiendo el esquema propuesto en PROGRAMA DE EDUCACION EN VALORES A TRAVES DE CUENTOS os proponemos el tema de este mes.

¿Qué os parece si hoy empezamos el tema con el primer cuento del mes?

HISTORIA DE LA PRIMERA SEMANA: PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO

Julio y Enrique iban a 3º de Infantil y tenían 5 años. La profesora les mandó jugar en el rincón del mercado. Tenían una tienda muy maja, provista de tomates, pimientos, patatas, verduras... en fin, de todo un poco y un gracioso carro de compra. Al cabo de un rato se peleaban porque los dos querían el carrito.
La profesora les invitó a pensar en el otro.
-¿Y qué es pensar en el otro?- dijo Julio.
- Os lo voy a explicar con un cuento – dijo Manoli la profesora.
“Había una vez un duende que quiso enseñarle a una niña, Maribel, el país de las penas y el país de la felicidad.
- Vamos primero al país de las penas –le dijo el duende a Maribel.
Le llevó a un gran salón, muy bonito y acogedor, donde había una mesa larguísima, llena de manjares, helados y chuches. Alrededor había muchos niños que querían comer de la fiesta, pero ... ¡no podían doblar los brazos! Entonces cogían algo, y no podían metérselo en la boca porque no podían doblar el codo. Así, todos gemían y nadie comía, y sufrían de no poder saciar su apetito.
– Vamos ahora al país de la felicidad –dijo el duende. Aparecieron en el mismo salón, con la misma mesa y los mismos manjares, helados y chuches. Llena de niños que no podían doblar los brazos.
–¡Eh! –dijo Maribel– querido duende, te has equivocado y me has traído otra vez al país de las penas.
–No, Maribel, fíjate ahora lo que va a pasar.
Los niños que estaban a la mesa pensaban: “Pobre niño de enfrente, no puede comer porque no puede doblar el codo. Voy a darle yo" y eso hacía, cogía algo y le decía: “Toma, amigo, come que ya te doy yo” “Oh, gracias, toma tú también” –respondía el otro. Y así comían todos y se reían felices, pues todos se preocupaban de los demás y todos quedaban saciados.
Manoli la profesora les explicó:
– ¿Veis? ¡Qué bonito! Ahora podéis hacer lo mismo. Julio puede pensar: ¡Qué agusto jugará mi amigo con este carrito tan mono! Se lo voy a dejar para que eche tomates y fruta. ¡ Se lo pasará en grande!
Julio miraba atentamente a Manoli y enseguida dijo:
– Toma Enrique.
Su amigo jugó un rato, pero él también había comprendido la historia y también quería hacer feliz a su amigo. Por eso, al cabo de unos minutos se acercó a Julio con el carro y le dijo:
– Ahora te toca a ti un ratito, que yo ya lo he tenido.
– Gracias.
Sin darse cuenta, al cabo de un rato, Julio y Enrique jugaban tranquilamente sin pelear y compraron y vendieron un montón de cosas.
* * *

Este cuento, que es una adaptación a nuestra medida de un cuento oriental, tiene una gran enseñanza.

El espíritu competitivo de nuestra sociedad, la vida de prisas que llevamos y el egoísmo innato al hombre producen un efecto de “ir a la nuestra”, que parece ir aumentando en cada generación. A esta situación podemos llegar sin mala intención, sin darnos cuenta, pero ser de hecho una realidad, una triste realidad: no vemos más allá de nosotros mismos.

Ciertamente, mirar en exceso por uno mismo es un espejismo que se paga caro, promete satisfacernos y realizarnos, pero llegada la hora no es así. Recuerdo el comentario de dos personas hablando de un tercero que, pisando a los demás, parecía haberse posicionado en su trabajo:"Déjalo, en estas cosas ya sabes: el que “gana” pierde”. Y era así: perdía amigos, perdía buen ambiente de trabajo, perdía que la gente confiara en él... aunque ganara mayor sueldo o prestigio social.

Para empezar, vamos a proponer una experiencia en el campo familiar: cojamos lápiz y papel y pensemos una pequeña lista de las inquietudes, necesidades, gustos, aficiones que tienen los otros miembros de la familia. A continuación viene lo mejor: atreverse a tomar esta lista como propia. No tengamos miedo a dar nuestro tiempo a los nuestros, aunque tengamos que renunciar a veces a alguna tarea o afición. Aunque nos parezca perder, ganaremos mucho: en buen ambiente , en unión y amistad, en confianza, lo que dará lugar a que nos cuenten sus cosas. Ganarse el afecto de los hijos y del consorte vale más y da más satisfacción que cualquier otra cosa de este mundo.

Cuando se piensa excesivamente en uno mismo, so pretexto de asegurar nuestro bienestar, se entra en una espiral cuyo centro soy yo y mis intereses, una fuerza de gravedad de la que es muy difícil escapar; cada vez se necesita más, recibir más, tener más derechos, más y mejores condiciones. El tiempo para uno mismo siempre resulta escaso. Esta espiral acaba ahogando. ¿No lo hemos experimentado con frecuencia?

Proyectar nuestra vida hacia el exterior puede, sin embargo compararse con una espiral que gira desde el centro hacia fuera, en círculos cada vez más amplios, que nos hacen respirar mejor. Nuestro horizonte se ensancha.

Para sacar nuestra vida de la rutina no hay nada mejor que dar sorpresas, pensar qué puedo hacer hoy para que estemos más a gusto; pensar en cómo sorprender y llegar muy dentro a los otros. Pueden valer muchos gestos sencillos: sacarse un tiempo para pasear juntos, jugar a un juego de mesa toda la familia (olvidando por un momento todo lo que a mí me apetecería hacer o adelantar); preparar un postre o comida especial que sabemos gusta mucho; valorar (y expresarlo verbalmente) lo mucho que los otros hacen por el resto de la familia; aliviar el trabajo del otro adelantándonos a hacerlo y que se lleve la agradable sorpresa de que alguien piensa en él/ella …
A veces hay hermanos que se pelean mucho; ésta es una manera de fomentar que se lleven mejor, se potencia el entretenerse en cómo sorprender al otro con un detalle, en vez de entretenerse en cómo chincharle. A todos nos va bien reforzar la delicadeza en casa. Así echamos leña al fuego del cariño en el hogar, cosa que de no hacerse, puede extinguirse.

Hemos de vivir todo esto para que nuestros hijos lo vean, lo respiren y lo aprendan. Todos queremos hijos sensibles, agradecidos, … pero esto hemos de ganarlo a pulso. Si somos nosotros, padres y madres, amigos de detalles y de pensar en los demás, nuestros hijos aprenderán de forma natural, a tener esta sensibilidad que tanto se necesita en la convivencia.

Imaginemos por un momento que gracias a una herencia nos hemos convertido en unos multimillonarios; nos sentiríamos gozosos de poder ir repartiendo a manos llenas a nuestros seres queridos y amigos. ¿Por qué no sentirnos así sabiendo que podemos ser millonarios de detalles y favores que aun les darán más felicidad?


JUEGO MOTIVACIÓN: “FUEGO EN LA ISLA”

Ahora os proponemos un juego que fomenta el pensar detalles para hacer a los demás.
Nos pondremos un fin de semana con nuestros hijos a dibujar en un gran cartel un paisaje de mar con dos islas caribeñas, separadas unos 20 cm una de la otra. En una de ellas hay fuego. En ella viven muchos animalitos que ahora están en peligro de muerte. (Estos animalitos los podemos recortar de cuadernos ya usados del cole, revistas, cuadernillos baratos de colorear, o dibujados por ellos). Los ponemos pegados en la isla con un pequeño celo.
Ahora cada niño va a tener una pequeña canoa donde cabrán él o ella (será un muñequito que lo represente) y uno de los animalitos que quiere salvar. El objetivo es llevarlo a la otra isla, donde estará a salvo y vivirá muy a gusto entre sus palmeras. Para ello, la canoa tiene que avanzar 5 ó 6 tramos ( puede ser útil el belcro adhesivo para fijar la canoa y marcar los tramos; también puede ser plastificar el trayecto con un celo ancho y usar un rollito de celo normal para pegar la canoa al camino). Cada vez que el niño/a tenga un detalle con alguien de la casa, avanza la canoa.




¡A ver a cuántos animalitos logramos salvar! Es toda una hazaña ayudar y arriesgarse por alguien, sensibilizarse por las necesidades de otros.
Al final de mes podemos hacer una fiesta con globos y cadenetas (siempre preparar todo con ellos, poniendo mucha emoción, que les gusta muchísimo) para celebrar que TODOS se han salvado gracias a nuestra generosidad y disponibilidad. ¡Celebremos que en nuestra casa nos queremos!


HISTORIA DE LA SEGUNDA SEMANA: “SORPRESA A MAMÁ”

Era una familia con tres niños: Beatriz, la mayor, tenía 10 años; Luis 6 y Marcos 4.
En el colegio estaban trabajando el tema de la paz, que suele ser a finales de Enero. Y Beatriz, que solía tener brillantes ideas, les propuso a sus hermanos el siguiente plan.
– ¿Qué os parece si hoy le damos a mamá una sorpresa? En vez de pelearnos vamos a tener todo hecho antes de que vuelva de comprar.
En esto sube la madre por la escalera pensando:
¬– Ay, madre mía, espero que no se oigan gritos nada más entrar.
Al llegar al rellano buscaba con prisas la llave para entrar en la casa lo antes posible; como tardaba en encontrarlas pudo notar un extraño silencio en la casa. Por eso paró y escuchó con atención. Se oían cuchicheos. Metió la llave en silencio y entreabrió la puerta, pero no entró. Quería seguir escuchando.
– Rápido, los vasos – se oía la voz de Beatriz.
Se oía a alguien manejando vasos de la cocina al comedor.
Luego otra vez pasitos, algo se les debía haber olvidado. Mamá esperó hasta que dejó de escuchar las carreritas de los niños del comedor a la cocina y viceversa. Al fin hizo ruido con la puerta para que los niños se percataran de que ya había llegado.
– Bueno, niños, ya estoy aquí con la compra – disimuló.
Oyó risitas y como que corrían a esconderse. Mamá dejó la compra en la cocina e hizo como que buscaba a los niños.
– Ya estoy aquí, ¿dónde estáis? – se dirigió al comedor.
Se oían las risitas de Luis y Marcos, los más pequeños y cómo asomaban la cara por detrás de las cortinas.
– ¡ Bueno! ¿qué es esto? – dijo en voz alta–. ¡Qué mesa tan bien puesta! ¡Oh, maravillas! ha venido un hada.
Los niños salieron del escondite riendo y saltando
– ¡Hemos sido nosotros! ¡hemos sido nosotros! – decía Luis.
– Mamá y ... ¡huele! –decía Marcos poniendo las manos en la nariz de mamá.
– ¡Oh, qué olor a jabón! – decía mamá. – ¡ Qué manos tan limpias!
Todos estaban contentos, muy contentos, y sólo por pensar en mamá y darle una sorpresa.

HISTORIA DE LA TERCERA SEMANA: ELISA Y LOS PANECILLOS.

Elisa era una niña de 7 años. Vivía en su pueblo, cerca del castillo, donde vivía su amable rey. Este rey, se preocupaba de que ninguno de sus súbditos pasara necesidad. Y aunque corrían tiempos de sequía, y por ello de pobreza, se esforzaba porque al menos tuvieran diariamente una buena ración de pan. Por eso ordenaba al panadero que todos los días hiciera tantos panes como habitantes había en el feudo. El panadero empezaba haciendo barritas medianas, pero al final se daba cuenta de que la masa no llegaba para todos y acababa haciendo los últimos panes más pequeños. Y esto pasaba todos los días. Con deseo de que tuvieran una buena ración, el panadero empezaba optimista y al final siempre se quedaba corto. ¡En fin!
Después de sacar los panes del horno, se subía en su carreta, se dirigía a la plaza central del pueblo y allí acudían todos a coger su ración diaria.
A las 12 del mediodía todos los habitantes iban allí, pues era la hora del reparto. Elisa también iba, encargada de recoger los 5 panes que le correspondían a su familia y a su abuelo.
Al principio la gente hacía cola educadamente, pero al cabo de unos meses ya no tenían tantos miramientos, sobre todo cuando observaban que unos panes eran más grandes que otros. Con que empezaban a empujar, a colarse, incluso a pelearse por ser los primeros en recoger.
Elisa observaba y comprendió que esa forma de actuar no era propia de personas. Sabía que había panes para todos y pensaba que prefería llevarse los que quedaban, aunque fueran más pequeños. De todos modos, si no era ella la afortunada, lo sería otra familia, ¡que más daba!, el pan no iba a desperdiciarse. ¡Que les aproveche! Ese era su generoso deseo.
El rey observó esto durante varios días desde su ventana. Y aunque le apenó la actitud egoísta de muchos de sus ciudadanos, le consoló la generosidad y amabilidad de la niña. Al cabo de un tiempo, al rey se le ocurrió una idea para premiar a Elisa.
Un día, cuando Elisa recogió sus panes y se fue a casa, la familia de la niña tuvo una agradable sorpresa: al partir el pan, cada uno descubrió en su panecillo una moneda de oro. El rey había ordenado al panadero que en lo sucesivo pusiera una moneda de oro en los cinco panes más pequeños; de este modo premió a Elisa por su delicadeza y generosidad.

HISTORIA DE LA CUARTA SEMANA: TODO UN DETALLE.

Contaba un señor, que se sentía muy afortunado porque él vivió en una familia donde sus padres y hermanos pensaban en los demás.
Así, contaba una anécdota ocurrida a sus dos hermanas mayores , pongamos Sara y Anabel.
Un día la madre les compró dos vestidos: uno amarillo y otro naranja y le dejó escoger a Sara. A ésta le gustaba mucho el naranja, le parecía que claramente era más bonito. Y por eso mismo, pensó que a su hermana también le gustaría más. Entonces Sara dijo que le gustaba más el amarillo para que Anabel se pudiera quedar con el naranja.
Mira por donde Anabel suspiró:
– ¡Ay! Bueno, vale, yo me quedo con el naranja, que es muy bonito mamá.
Este pequeño suspiro le dio la pista a Sara que Anabel prefería el amarillo y le propuso cambiarlo. Ésta sonrió.
Al final las dos contentas por tener un bonito vestido y sobre todo por tener una excelente hermana.
¿Verdad que te gustaría tener un hermano o hermana así? Alguien tiene que empezar.


También son muy interesantes los populares cuentos "El Príncipe feliz" y "El gigante egoista" de Oscar Wilde que va bien releer de vez en cuando. Hay algunas versiones totalmente lacrimógenas.

domingo, 6 de febrero de 2011

EDUCAR CON CUENTOS: HABITO DEL ORDEN

Siguiendo el esquema descrito en PROGRAMA DE EDUCACIÓN EN VALORES A TRAVÉS DE CUENTOS, os proponemos el hábito del orden.

El orden, como muchos otros hábitos, requiere una buena dosis de paciencia. ¿Por qué será que cuesta tanto conseguir que los hijos aprendan y gusten los buenos hábitos? Mucho porque una característica propia de los niños es la inmadurez, y hay que contar con ella (cosa que muchas veces no hacemos). Otra porque requiere esfuerzo (y eso, tanto niños como adultos, llevamos y sentimos dentro la ley del mínimo esfuerzo). Quizás también, y de esto podríamos hablar un poco, porque lo hacemos desagradable, y claro, lo desagradable, no gusta.
Nos ocurre así porque, sin querer, padres y madres, tenemos un “contador” interno de las veces que hacen algo mal, en concreto, hablando del orden, de las veces que encontramos cosas sin recoger. Un contador que nunca se pone a cero, sino que suma de día en día, de manera que ya, a primera hora de la mañana, al encontrar algo fuera de sitio, nos sale un imperioso: ¡Recoge!, que deja de piedra a cualquiera. Ya estamos cansados de tener que estar repitiendo lo mismo todos los días.
Entonces, empezamos a probar nuevas fórmulas, a cual más “agradables”, con el objetivo de encontrar algo que les haga reaccionar: alzar más la voz o gritar, amenazar, humillar, castigar… posiblemente conseguimos una respuesta más inmediata, pero menos eficaz. El niño recoge, sí, pero no por gusto, si no porque no le queda otra salida, o aún peor, por temor. Así no le puede resultar agradable. Dicho de otro modo, esta forma de educar en vez de inculcar gusto al valor y atraerlos, los distancia, les hace repeler lo propuesto… JUSTO LO CONTRARIO de lo que pretendíamos.
¡Qué necesaria es la paciencia y la estrategia!

Comparémoslo con el aprendizaje de conocimientos intelectuales. No consideramos mejor profesor al que transmite mayor cantidad de conocimientos, sino al que consigue que aprendan más. Por ejemplo, un buen profesor de primer ciclo de primaria no se empeña en enseñar a sumar, restar, multiplicar y dividir a sus alumnos. Sabe que no están capacitados y que sería agobiarles. Acabarían aborreciendo la escuela porque sentirían constantemente la insatisfacción de fracasar una y otra vez en los ejercicios.

Sin embargo, sí es buen profesor el que consigue que entiendan y manejen la suma y la resta, de manera que sepan aplicarlo perfectamente cuando corresponda, tanto en la escuela como en la vida real, y comprendan la tremenda ventaja que eso ofrece a sus vida. De este modo el niño queda satisfecho y animado.

Así hemos de actuar nosotros. No convirtamos la educación en algo aburrido, cansino, agobiante… carguémonos de paciencia, optimismo, buen humor y mucha constancia. Así será como pueda hacérseles más agradable esta tarea formativa y puedan, en la medida que les permita su inmadurez, comprender el bien que les hace el dejarse educar.

El juego es el lenguaje de los niños, hablémoslo. Así nos entenderemos perfectamente con ellos. Si usamos el lenguaje de la antipatía, se harán los suecos, harán que no entienden.

Vamos a intentar estrategias para inculcar el hábito del orden.

EL OGRO RECOGETODO:

Es un ogro muy simpático y educado. Lo único que pasa es que es tan sumamente ordenado que cuando ve por la casa cualquier cosa fuera de sitio, se la come. Es impresionante las “tragaderas” que tiene, tanto le da tragarse unos colores, que un diccionario, unos zapatos o incluso la bici; puede con todo. Por eso hay que tener mucho cuidado en colocar cada cosa en su sitio.
¿Y qué hacer cuando Zampón se ha comido algo? Como he dicho antes, nuestro buen ogro, aparte de tener una buena panza, tiene un buen corazón. Si le pides disculpas de tu olvido, él te ofrece sacarlo del buche a cambio de un detalle de orden; por ejemplo, si se tragó unos libros o cuentos, puede pedirte para recuperarlos que ordenes el estante de libros. Otro día puede pedirte que limpies de polvo las puertas de la casa, o que coloques los cubiertos secos del cubertero en el cajón; podría también interesarle que ordenaras y pasaras un trapito al zapatero, o que colocaras algún cajón o estante de ropa. Vaya, él lo que quiere es que compensemos el desorden anterior con un detalle de orden posterior. Papá y mamá se saben entender muy bien con el ogro y nos retransmiten todos sus mensajes.

Se puede confeccionar con una caja de cartón un castillo, que es donde vive el ogro (en este caso es un mini-ogro) y donde lleva todos los objetos fuera de lugar, para luego tragárselos. Luego hay que llamar a la puerta para saludarle educadamente y llegar a un acuerdo para poder recuperar el objeto perdido.


Si el volumen de objetos encontrados sin colocar es muy grande, se puede optar por un muñeco de esos recoge-todo (seguramente es lo que necesitamos la mayoría), que son muy ligeros y con bastante capacidad (el nuestro es de 80 cm de alto y boca de 50 cm, no está nada mal)
Cada noche, para que el ogro recogetodo no tenga el estómago pesado ni sufra pesadillas, le hacemos el favor de vaciarlo un poco, por que, la verdad, se traga cosas verdaderamente indigestas. Si puede ser vaciarlo todo, mejor que mejor, os estará muy agradecido. Por eso conviene contar con unos minutos cada noche para esta operación y asignar trabajillos muy sencillos, por lo menos entre semana, que no harten pero que mantengan despierto el recuerdo del orden.
Pensad también, que el hábito del orden no es sólo bueno por lo práctica y agradable que hace la vida tanto a ellos mismos como a los demás, sino porque supone un ejercicio de responsabilidad y voluntad que les armará muy bien para muchas situaciones de la vida.

EL MINUTO DEL ORDEN:

Si de verdad queremos que los niños sean ordenados, pongámoslo fácil dejando un pequeño hueco en nuestro apretado horario para que puedan ordenar. A  este momento, podemos llamarle "el minuto del orden". Si los niños son pequeños quizás sea más pues su medida de tiempo es muy diferente, pero no más de 10 minutos. Si los niños tienen 10 años o más, no se necesitarán más de tres minutos. Se trata de escoger un momento al día y  que sea fijo, de manera que pueda ayudar a ser "un ritual", una costumbre.

Para los niños mayorcitos recomendamos fijarlo antes de irse al instituto y consistiría en que cada niño echara un vistazo a cómo ha dejado el cuarto, cajones y estantes de ropa.  Es el "gesto", la "buena costumbre" de  no irse de casa sin mirar, despreocupados totalmente de cómo ha dejado la habitación, que es la responsabilidad mínima. Que ordene y coloque lo que pueda en tres minutos. Ya sabemos que hay personas muy ordenaditas y otras que son un auténtico desastre. Pero que cojan el hábito de "repasar", de no quedarse tranquilos ni indiferentes. Para los que sean algo ordenados y cojan el hábito, les será muy fácil ordenar el posible desorden causado en el transcurso de un día. El fin de semana, puede proporcionarse un rato  más largo para volver a poner todo en orden y empezar a cero la siguiente semana. Los "apañados" acabarán pronto y a los que se les "acumule" el desorden, emplearán algo  más. Esto, por la cuenta que les trae, les ayudará a recordar como deben dejar las cosas.

Para ayudar a que no se olvide este "minuto de orden" podemos poner un cartel en la puerta de salida de casa,  ponernos una alarma o incluso poner el cargo de "recordador oficial" a uno de nuestros hijos. Si lo hace bien toda la semana podemos pagarle con un trozo de bizcocho o un helado.

Como veis, en este aprendizaje hay mucha tarea de padres, pues hay que estar "acompañando" a los hijos constantemente, ayudándoles a recordar, marcando el ritmo.  Si no nos acordamos nosotros ¿cómo vamos a exigirles que se acuerden ellos, que son infantiles e inmaduros? Esta es la labor educativa. Aunque nos lleve tiempo unos años, después, lo recuperaremos con creces. Sí, ganaremos mucho más tiempo y muchas más satisfacciones. Merece la pena.

Para los niños más pequeñitos: Se podría empezar por tener un rato de ordenar todos juntos el salón, o el cuarto donde hayan estado jugando. Por eso quizás sea más apropiado que se haga cuando ya se ha acabado la tarde y hay que recoger para cenar y acostarse. Y para evitar que ellos se hagan los remolones y así los padres lo hagan todo, podemos hacer otro juego. Se trata del "tren de guardar".  Hacemos una fila, un tren, todos los miembros de la familia, cogidos por los hombros o la cintura. El primero es la locomotora, que empieza a tirar del tren, mientras dice: "chu, chu, el tren de guardar... chu, chu...." Cuando la locomotora desea, para y dice: "Estación ¡parada! Hay que guardar... (cara de suspense) ¡construcciones!" En ese momento los vagones se sueltan y hay que cronometrar en cuanto tiempo conseguimos guardar en su bote todas las construcciones. Cuando el objetivo está conseguido, el tren se vuelve a montar y la locomotora pasa a ser el último vagón dejando lugar a una nueva locomotora, que decidirá qué será guardado  a continuación: muñequitos, cochecitos, papeles, cacerolitas...

DON SATISFECHO Y DON DISGUSTO:



Se trata de dos muñequitos, dibujados en papel, uno por un lado y otro por el revés. Uno  con una gran sonrisa de aprobación y otro con cara de gran disgusto.
Cuando la madre o el padre, al ir a colocar ropa en un armario o un cajón, encuentran un cajón o estante muy ordenado, dejan allí el dibujito por el lado de Don Satisfecho. Si por el contrario, al ver el armario casi caen hacia atrás, ponen la cara de Don Disgusto.
Se trata de alabar o reprobar sin necesidad de palabras, y en los niños tiene gran efecto. ¡Cuánto les anima ver a Don Satisfecho! Y  a otros les afecta tanto ver a Don Disgusto que se echan a llorar y colocan inmediatamente para que les pongan a Don Satisfecho, entonces quedan tranquilos.

Y ahora las historias, una por semana; acordaros de esa pequeña pero importantísima reunión familiar como os proponíamos en el programa para educar en valores.



HISTORIA DE LA PRIMERA SEMANA: SUCIANIEVES

¿Os sabéis la historia de Blancanieves? Si, ¿verdad? Pero seguro que no os sabéis la de Sucianieves. Pues mirad lo que ocurrió. Un día que Blancanieves y los enanitos habían salido de excursión, una niña llamada Sucianieves se perdió por el bosque. Estaba desolada, pero cual fue su sorpresa y alivio al descubrir en un claro del bosque la bella casita de los enanitos. Tocó a la puerta y como nadie contestaba abrió y entró. Todo estaba maravillosamente en orden. Tal como era la costumbre de Blancanieves. La mesa limpia, el suelo barrido, las sillas ordenadas alrededor de la mesa, la cocina reluciente y sin cacharros por medio. ¡Daba gusto! En casa de Sucianieves, su mamá también lo tenía todo ordenado, lo malo es que para que eso fuera así, su madre tenía que ir detrás de ella recogiéndolo todo, pues, la mala costumbre de Sucianieves era dejar fuera de sitio TODO cuanto tocaba.
Y así fue haciendo ahora. Tenía sed, se acercó a la cocina, abrió un armario y cogió un vaso. Dejó el armario abierto, y el vaso, después de usarlo, encima de la mesa. Se fue al comedor y estuvo sentada un rato en el lindo sofá. Al levantarse dejó todos los cojines descolocados y la tela arrugada. Se aburría, buscó en los cajones algo divertido, y lo encontró: unos lápices de colores y papeles. Pero, claro, ya dejó todos los cajones abiertos. Se puso a pintar y llenó de virutas la mesa y el suelo. Cuando se aburrió dejó todo en la mesa y salió al patio. Justo en ese momento llegaban Blancanieves y los siete enanitos. ¡Qué sorpresa se dieron! ¡y vaya desencanto al ver cómo esa pequeña niña había ocasionado tal desorden!
Ella les dijo que se había perdido y por eso había entrado buscando ayuda.
– No te preocupes – le dijo Blancanieves– puedes quedarte aquí hasta que encontremos tu casa, pero... yo creo que de paso te tenemos que enseñar a ser más ordenada ¿no crees? Vamos a jugar a que en casa hay un ratoncito recogetodo. Si ve algo fuera de lugar, se lo llevará a su ratonera, y si lo quieres recuperar tendrás que pedírselo al ratoncito. Creo que te lo devolverá si le pagas con un detalle de orden ¡es que es muy mirado y aseado ese ratón!
Así fue como su vaso desapareció y cuando tuvo sed Sucianieves tuvo que correr a preguntarle a Blancanieves qué quería el ratón a cambio de su vaso:
– Creo que le gustará que arregles el sofá.
– Voy corriendo.
Ciertamente recuperó su vaso, que ya tuvo cuidado la siguiente vez de recogerlo y colocarlo en su sitio. De este modo Sucianieves, cuando volvió a su casa, era ya muchísimo más ordenada.
(Se puede alargar con muchos más detalles)

Hoja dibujo-texto Sucianieves

HISTORIA DE LA SEGUNDA SEMANA: “NECESITO UN ENCARGADO”

Serafín era un profesor que quería organizar una excursión a una granja-escuela. Debían hacer noche allí, y como los niños eran de 6 años, se le ocurrió pedir ayuda a dos niños de la clase de 5º. Lo echaron a suerte, pues todos los de 5º estaban entusiasmados de poder ir a la granja-escuela, y encima con la categoría de encargados. Los afortunados fueron Nacho y Alberto. Serafín les dijo:
– Pedid permiso a vuestros padres, y si les parece bien iremos nosotros tres una noche para enseñaros lo que luego debéis hacer con los niños de 1º.
Al día siguiente volvieron locos de contento ¡sus padres habían dado permiso!
Así, el viernes por la tarde, Serafín, el profesor, Nacho y Alberto fueron a la granja-escuela.
– Fijaos bien en todo lo que os explique, porque yo lo que quiero es que me ayudéis después con ellos, y seáis capaces de indicar a los pequeños todo lo que tienen que hacer. Por ejemplo, mirad, aquí pondrán las servilletas ¿veis estos casilleros? Aquí los cuadernos y lápices para los apuntes...
Pero Serafín se da cuenta de que Alberto no funciona muy bien. Después de cenar se le olvidó ya guardar la servilleta. Tampoco encontraba la libreta y el boli para puntar las cosas que les explicaba.
A la hora de ir a la cama Serafín se asustó de ver la “leonera” de ropa que Alberto había ocasionado en la mochila. Claro, al día siguiente no distinguía lo sucio de lo limpio y se puso de nuevo los calcetines usados sin darse cuenta. Le costó encontrar la zapatilla pues, por la noche, la había lanzado por debajo de las camas.
A la hora de poner la mesa no llevaba un orden, con lo cual a unos les ponía cuchillo y a otros no.
Sin embargo Nacho funcionaba a la perfección. Se notaba que estaba acostumbrado a ordenar y cuidar sus cosas. Él sí era una ayuda eficaz.
De este modo, y con gran pena, Serafín tuvo que comunicarle a Alberto que no podría ser encargado.
– ¿Sabes que pasa, Alberto? Que en vez de ayudar vamos a tener que ayudarte, y no tenemos tiempo para eso. Intenta ir llevando cuidado de tus cosas y te prometo que si al año que viene lo has conseguido, te reservaré a ti el puesto de encargado. ¡Estaré muy contento si entonces puedes acompañarme!

Hoja dibujo-texto-Necesito un encargado


HISTORIA DE LA TERCERA SEMANA: “MÁS BONITO ES EL ORDEN QUE LAS RIQUEZAS”

Un rey quería ir a visitar a un muy amigo suyo, emperador de un país cercano. Además le gustaba ver mundo.
Por ello preparó una comitiva y allí se encaminó. Aunque era un país vecino, el viaje en carroza se hacía largo y cansado, por ello iba hospedándose en ricas estancias de sus conocidos nobles; un día el castillo de un marqués, otro en el palacio de un duque, o a lo menos en espléndidas mansiones de algún notable caballero. Pero ocurrió que tras una larga jornada, la carroza rompió una rueda, y el rey tuvo que detener su viaje. No le quedó más remedio que buscar hospedaje en la aldea más cercana. Aquella aldea era sencilla, y por tanto no tenía ninguna casa especialmente rica y lujosa. Aún tuvo suerte, pues al menos en el pequeño pueblo había una sencilla posada.
Imaginaos la cara de sorpresa del humilde posadero cuando le entraron a pedir hospedaje para el mismo rey. No podía creerlo. El Rey entró, con cara de contratiempo, y pensando que aquella casucha se le iba a caer encima. ¡No estaba acostumbrado a tales estrecheces! ¡A ver si mañana, al menos, pudieran continuar! Le dieron varias habitaciones, pues su equipaje sólo ya necesitaba dos. A él la habitación más amplia, y el resto de pajes se distribuyó como pudieron en el resto de habitaciones.
Al principio estaba malhumorado, pero se asomó por la ventana y empezó a disiparse. Era el patio de la posada. Allí estaban los tres hijos del posadero. Primero se divirtió con las risas de los niños, pero luego fue reparando en lo acogedor que era aquel patio, tan limpio y con aquellas paredes tan blancas que parecían deslumbrar al sol; las macetas tan bien arregladas y dispuestas por paredes y suelos. ¡Qué colorido y que frondosas! Allá un cántaro adornado, en el rincón una fuente de agua clara, cuyo sonido relajaba y refrescaba. Y aquella enredadera tan verde... y tan limpio todo. Volvió la vista al interior de la habitación y entonces se dio cuenta del encanto de aquella sencillez; cuando bajo al comedor veía todo con nuevos ojos. ¡Le pareció todo tan atractivo! Todo sencillo, pero con tal orden, limpieza y gusto que quedó maravillado. Nunca se había sentido tan cómodo y a gusto. Quedó tan sumamente impactado por todo aquello que cuando al final retornó de su viaje y regresó a su castillo contaba esta impresión como lo más destacado de su viaje. Así, recomendó aquel estilo en su castillo y reino, y desde entonces aquel país fue conocido como el REINO DE BELLOLUGAR.



HISTORIA DE LA CUARTA SEMANA: ¡QUÉ FEO ES EL DESORDEN!

Una niña, Sofía, siempre se quejaba a su madre de que tenía que ordenar.
– ¡Qué rollo es ordenar! ¡Pues ¿que más da?! ¡Si luego volveré a jugar, o jugaré mañana! ¿Para qué lo tengo que guardar?
Siempre estaba con la misma canción.
Pero mirad lo que pasó. Una noche tuvo un bonito horrible sueño.
“Resultaba que su madre le decía:
– De acuerdo hija, no hace falta que recojas. A partir de ahora no te molestaré más. Es verdad que no pasa nada.
– ¡Bieeeen! –dijo Sofía–. Se sentía feliz. ¡Ya no tendría aquella pesada obligación!
Conque empezó a jugar, y como tenía licencia, dejó las construcciones desparramadas por el suelo. Luego se puso a hacer los deberes: tenía que acabar una lámina de dibujo. Después continuó jugando. Al llegar la hora de acostarse se tomó la leche y al final se acostó.
A la mañana siguiente se levantó. Fue a buscar los pantalones preferidos, pero no los encontró. ¿Dónde estarán? Vaya, ¡Ah, claro! No los eché al cubo de la ropa sucia y no los habrá lavado mamá. ¡Qué lástima! Estuvo entretenida mirando qué ponerse y no se dio cuenta que se hacía tarde. Al verse el reloj echó a correr y pisó una de las piezas de las construcciones que no había guardado el día anterior ¡¡Ay!! ¡Qué daño!, claro tampoco había encontrado las zapatillas.
Bueno, en fin, rápido a desayunar. ¡Anda! ¿Y el anorak? Ayer no debí ponerlo en su sitio. ¡Ya me estoy cansando!
-¡Venga, al cole¡- dijo su madre.
¡Ah! El dibujo de plástica ¿dónde está? ¡ya está bien! ¿dónde lo puse? Estaba nerviosa. El sueño así continuó, pasando día tras día sin ordenar, hasta que llegó a tal extremo, que cada vez que abría un armario se le echaban encima todo tipo de cosas dispares: zapatos, tenedores, manzanas, puzzles, la ropa planchada ya arrugada, los deberes... ¡¡ qué agobio!! ¡¡ qué agobio!!, y empezó a llorar. Estaba tan incómoda que se despertó llorando.
– ¡Mamá!¡Ayúdame! ¡Ayúdame a salir del desorden! ¡Ayúdame, que quiero ordenar!
La madre no entendía mucho, pero corrió a consolarla:
– Claro, hija, te ayudaré.
– Mamá, no me gusta ordenar, pero me gusta que esté todo ordenado.
– Pues, entonces, hija, no queda más remedio que ordenar. No te preocupes. Con nuestra ayuda será fácil ¿Quieres?
– ¡¡Sí, sí!! Sí quiero.
Y así Sofía se convenció de la necesidad de este hábito.