miércoles, 29 de febrero de 2012

EDUCAR LA VOLUNTAD (II)



“Lo siento, no puedo, yo soy así…”

Esta es una de las razones que nos buscamos para vivir  tranquilos, justificados… No es que lo hagamos con mala intención, pero si nos descuidamos podemos llegar a creérnoslo. Y esto sí que es una lástima, porque hay una tremenda diferencia de vivir libre a vivir esclavo de una limitación.
¿Cómo desarrollar la fuerza de voluntad?
Vamos a mantener un símil con la fortaleza física. Si uno se inicia en  un gimnasio, no se propone levantar una pesa de 50 kg. el primer día. Se empieza por poco peso, a veces tan poco, que parece una tontería y que podrías empezar directamente por algo más; pero es conveniente que sea así, pues el objetivo no es cansar, sino  ir preparando y fortaleciendo los músculos poco a poco, con ejercicios suaves y repetitivos. Después se pasa a trabajar otro músculo, luego otro, y así un día, otro día… al final acaba uno hecho un “musculitos”.
La fortaleza de la voluntad pasa por un proceso similar. Hay que empezar por un pequeño propósito, asequible. Cada día. Empezar por poco e ir aumentando paulatinamente. No será difícil  el encontrar alguna debilidad o aspecto a mejorar en nuestra vida; tenemos una amplia y surtida variedad.  A unos les cuesta levantarse cuando suena el despertador; a otros les tira “picar” o comer dulces o chocolate cuando les da la ansiedad; otros quieren dejar de fumar; otros quisieran realizar una actividad conveniente y nunca son capaces de sacarse tiempo; otros querrían saber cortar la lectura de un libro y otros no engancharse en el ordenador…
Lo primero que tenemos que hacer es convencernos de la importancia  de nuestro propósito. Si dudamos no trabajaremos con decisión. Cuando un conductor va a un lugar determinado  y duda del camino, para y titubea en cada bifurcación.  El que está seguro va con resolución y hasta con velocidad.
Después de trabajar la voluntad en nosotros, seremos más eficaces en educar la voluntad en nuestros hijos.
Por si nos ayuda a convencernos, veamos unas pequeñas pruebas, aunque muy evidentes, de a dónde nos lleva el tener una voluntad flojísima. Se trata de ciertos problemas de salud debidos a la mala alimentación: 
Una pareja aceptaba con naturalidad (aunque con mucha pena) que su hijo de 10 años tuviera problemas muy serios de estreñimiento porque no le gustaba la verdura ni la fruta, y por el contrario, los dulces y el chocolate desaparecían del armario todos los días. Es muy triste ver a un niño en este estado, pero más triste, mucho más, es que hagamos  a un niño débil e incapaz de por vida.
También se oye hablar de ciertos niños obesos, que, no tanto por razones genéticas u hormonales, sino por sentirse tristes (muchas veces hijos de familias separadas o con problemas) visitan la nevera sin control (no hay quien vele por ellos)  buscando  consolar su ansiedad o soledad… (no con un plato de lentejas obviamente), sino con algo apetecible cargado de azúcares y grasas. Repetimos, es muy triste la salud de un niño, pero más tristísima es la incapacidad de toda una persona; es una vida truncada, con multitud de capacidades que quedarán por desarrollar y por ello de momentos felices que quedarán por vivir.
Cuando nuestros padres nos hacían comer de todo, no sabíamos la suerte que teníamos. Una consecuencia, quizás menos importante es que hemos conseguido  un cuerpo sano y ágil; pero sin duda, lo más importante es que uno ha desarrollado una voluntad robusta que le permite aceptar con naturalidad y agilidad lo que no le gusta y renunciar (con penilla pero sin depresiones) al exceso de lo que no es tan saludable.
Esto aplicado a todos los campos, nos hace ser capaces de ir por la vida disfrutando en su justa medida de las cosas y sabiendo superar las pequeñas frustraciones que la vida ordinaria trae.

Concluyendo, podríamos decir que la voluntad es el arma que nos hace capaces de llegar a nuestro máximo, por tanto a nuestra realización.
Como vemos, la actuación de los padres es decisiva.


¿Cómo podemos ayudar a que nuestros hijos tengan voluntad?

Se nos ocurren dos pequeñas pautas:
1.- Un estilo de no preguntarles tanto.
Esto que parece una tontería, tiene unas consecuencias más que considerables. Aquí corremos el riesgo de caer todos.
            -¿qué quieres para merendar?
            -¿quieres que te apuntemos a inglés?
            -¿te apetece el sábado ir a la ludoteca?
            -¿nos vamos ya para casa?...
Estas preguntas transmiten el mensaje implícito de: “las cosas se hacen si tú quieres, todo es relativo” en lugar de un: “las cosas convenientes se hacen y estamos tan seguros de ello que no nos las cuestionamos”.
Decidnos: ¿qué niño escoge estudiar, comer verdura, ponerse una vacuna, recoger juguetes y limpiar su cuarto?  Todos sabemos que un niño escoge siempre lo que más le gusta, lo que cuesta menos, lo más divertido…, esto es lo propio de un niño, ya que la inmadurez es parte de su esencia.
Cuando uno se va haciendo mayor, va “madurando”, esto quiere decir que su capacidad de razonar aumenta y empieza a comprender que hay que hacer las cosas no tanto porque gusten o no, sino porque son convenientes para nosotros, y a la larga la vida nos irá mejor. A base de hacer esta elección, a base de hacer lo más conveniente, la voluntad se robustece y la razón comprende y se convence al comprobar las consecuencias. De este modo se acaba superando o no teniendo en cuenta tanto las ganas o el gusto, llegando incluso a gustar aquello que inicialmente nos echaba para atrás.
Por tanto, hemos de intentar que los niños “hagan” la opción adecuada, con la mayor frecuencia posible, para ayudarles a comprender, para que lleguen a superar la dificultad inicial. Esto es beneficioso para ellos. Con esta actitud los padres son para los hijos como los postes de sujeción que son colocados a los tallos débiles y flexibles de los árboles jóvenes, a fin de que el tronco se endurezca en la posición correcta.
Si un niño se “robustece” o acostumbra  a la mala actitud, será muy difícil enderezarlo después. Además, si dejamos la decisión en sus manos, lo más probable es que los hagamos inseguros y caprichosos. ¿Por qué? Porque la mayoría de las veces ellos solos no se atreverán a dar el paso por la opción difícil (aunque con su pequeña razón ya alcancen a ver que sería mejor de otra manera)  y así dan  cabida a una lucha interior “si, no, si, no…” donde acaban claudicando y demostrándose a sí mismos que no pueden. Si las preguntas son frecuentes y deciden lo que les apetece, como la repetición de actos genera hábitos, se generará en ellos el penoso hábito de lanzarse a la opción fácil.
Necesitan nuestro “empujón”, lo necesitan, aunque sea en forma de obligación. Para eso somos los padres, para suplir con nuestra madurez su inmadurez, para que cuando “vuelen del nido” sean personas formadas, seguras, que no les venza la primera dificultad. Pero ¿qué sería de ellos si nosotros actuamos como inmaduros?
Así os proponemos un nuevo estilo. Por ejemplo, volviendo a las cuatro preguntas puestas del ejemplo anterior, podríamos decir lo mismo en estos términos:
-          “Huuum, jamón para merendar…¡qué rico!”
-          Como el inglés es tan importante hoy en día, nos ha parecido que te irá fenomenal apuntarte a una academia. Ya verás como adelantas…
-          El sábado vamos a ir a la ludoteca, pues como no tienes fútbol es una oportunidad genial…
-          Bueno, chicos, es la hora de irnos  a casa ¡vamos!
Esta postura enseña al niño que las cosas se hacen porque hay una razón y por ello ni se pregunta a las ganas ¿qué conseguimos preguntándole a las ganas? Las ganas suelen ser malas consejeras.
Esta postura transmite también la seguridad que antes comentábamos: las cosas que hay que hacer se hacen. Y con este empujoncito, las realizan y pueden comprobar que son capaces y hasta más felices.


2.- Ante una propuesta que hagamos los padres, no echarnos atrás por sus caras, quejas o protestas.
Sabemos muy bien que aprenderían a montar nuevos teatros si ven que así consiguen lo que quieren.
Esto supone que los padres debemos pensar bien lo que les vamos a pedir, ya que luego debemos procurar mantenernos en lo dicho. Esto no se contrapone con escuchar las objeciones que los hijos nos pongan, tenerlas en cuenta y decidir razonablemente en base a ellas. Si un cambio es razonable, les enseñamos también que nosotros estamos dispuestos al diálogo y a aceptar otras posibles soluciones.  Pero si decidimos no cambiar nuestra forma de pensar…pues ¡a actuar con decisión, alegría y buen humor en medio de una tormenta de quejas y malas caras! ¡No pasa nada!

 Va muy bien pararnos a pensar de vez en cuando en estas cosas, para que no pierda importancia aquello que realmente lo tiene. Después de querer de verdad, hemos de tener:
            -Estrategia
            -Ayuda
            -Paciencia

Estrategia: Os contaremos un caso real. Una mujer reconocía tener muy mal temperamento. Solía estar siempre de mal humor y  tenía la costumbre de expresar prácticamente todo de manera desagradable. Ella era la primera a la que le gustaría cambiar, ser más amable, pero después de intentarlo una temporada, concluyó: “Lo siento, no puedo. Con genio he nacido y con genio moriré”.
Le propusieron hacer lo siguiente: “Mira, si todo el día no puedes, intenta empezar por una hora”.
Estupendo. Se propuso no enfadarse de 2:00 a 3:00 del mediodía. Tenía una hija adolescente y una más pequeña de 5 años. Un día, la mayor, a la vuelta del instituto, entró en casa casi sin saludar. La madre le pidió algo de ayuda porque andaba algo retrasada en la comida, pero la hija dijo que imposible, que tenía mucho que estudiar y…  se metió en su habitación. A la madre le sentó mal y casi iba a saltar protestando cuando se acordó que de 2:00 a 3:00 no podía enfadarse. Mordiéndose la lengua se fue a la cocina y allí, mientras guisaba aún se notaba encendida: “¡Cuando lleguen las tres vaya si le voy a explicar que es una egoísta y que no es capaz de ayudar ni un poquito siquiera cuando una está apurada…!
A pesar de todo, y con mal humor, se repetía a sí misma: “pero ahora no, no… hasta las tres nada”.
Lo mejor fue que sobre las 2:30 la chica apareció en la cocina y le dijo a su madre: “Mamá, creo que te puedo ayudar; pensándolo bien creo que me va a dar tiempo a todo”.
Estas palabras le sentaron como un bálsamo a la madre. Su enfado se apagó y empezó a alegrarse de haber sido capaz de controlarse. Además este episodio le hizo comprender cómo a veces sólo con esperar se arreglan las cosas y que no “por las malas” se consigue siempre más, que el mal humor es fuente de más problemas. Esto le animó en su propósito y desde luego, hoy por hoy, después de varios años este hábito de lucha es ya parte de su vida y aún con caídas, se siente feliz (ni qué decir los que conviven con ella).

Ayuda: Es realmente difícil que una persona sola pueda luchar y mantenerse siempre con ánimo. El hombre no es un ser para realizarse en soledad; necesita proyectarse en otros; dar ayuda  y ser ayudado. Necesitamos alguien que, desde fuera, nos vea, nos aconseje, nos anime…
Esta ayuda la hemos de buscar. El que busca, halla.
Y no llamemos ayuda a cualquier cosa. No se trata  de alguien que me consuele de forma fácil, dándome la razón porque sí. Es mejor la verdad que el engaño, aunque, indudablemente  complazca más que nos den la razón. En esto debemos ser muy sinceros.  Un buen médico es aquel que te receta lo que remediará tu mal, no el que te deja escoger el tratamiento, el que te deja comer lo que te gusta o el que te dice, por no disgustarte, que sólo es un constipado lo que es un cáncer… Eso sería una traición al enfermo y a la medicina.
Hemos de buscar una ayuda en personas que nos ofrezcan confianza, que intentan  vivir (con respeto a todos) los valores que nos parecen correctos, aunque no sean los más fáciles ni más cómodos… Nos gustó una frase que los niños del cole tenían escrita en un cartel, como pensamiento de la semana. Si no recordamos mal decía: “El mundo está lleno de buenas intenciones, pero vacío de gente que las aplique” (Blaise Pascal). Para nuestro caso, basta una persona que lo intente sinceramente, que sí que las hay.
Además de esta ayuda externa, nos hemos dejado la mejor para el final. En la familia, ¿quién mejor amigo/a, consejero/a, estimulo y ayuda que el que hemos escogido como compañero/a de nuestra vida? Emprendimos esta aventura de formar una familia juntos, con la ilusión de hacerlo muy bien y por supuesto deseábamos ser la ayuda para el otro cuando lo necesitara, pues la vida nos hace pasar momentos duros donde precisamos ese estímulo… Trabajemos ese punto. Ganémonos el corazón del otro, seamos un refugio apetecible donde se pueda descansar en los malos momentos y donde se recuperen los ánimos y las fuerzas. Cuando seamos nosotros los abatidos, pidamos la ayuda con sencillez y cuando sea el otro, seamos positivos y comprensivos. La ayuda mutua será, sin duda, uno de los mayores motores  que nos llevará más lejos.

Paciencia: Se necesita tiempo, indudablemente para unas cosas más que para otras. Todo proceso necesita tiempo. Los mismos niños necesitan años para adquirir una formación intelectual básica. Del mismo modo  debemos asumir que la personalidad debe llevar también un largo proceso de formación.
Pero lo mejor de este proceso, es que puede ser entusiasmante, a pesar de requerir esfuerzo y lucha. Podríamos compararlo con los estudiantes de música. Casi deberíamos pensar que en los primeros cursos, todos deberían sentir un fuerte deseo de dejarlo, ya que su música no suena tan bien como la de sus profesores (podríamos preguntarles también a los vecinos). Sin embargo, ellos experimentan que aquello “va sonando”, que son ellos los que están siendo capaces de hacer sonar “esa música” (que en el fondo es de Mozart, de Pachelbel, Beethoven… y ¡es preciosa!) y se sienten contentos, realizados, en algunos momentos hasta admirados… aunque saben perfectamente que aún les queda muchísimo por lograr. La razón de esta paradoja es que el hombre está hecho para superarse y donde haya “gotitas” de superación allí encuentra satisfacción. Por tanto, no nos engañemos pensando que total, como no lo voy a conseguir, no merece la pena ni empezar. Si sólo esperamos gozar cuando hayamos llegado al final estamos realmente equivocados, porque no existe el final en  el perfeccionamiento del hombre. Además esto equivaldría a decir que el hombre ha llegado a su tope, tiene un límite y de ahí no puede pasar. Este pensamiento sería decepcionante.
Animémonos a empezar, merece la pena.


JUEGO MOTIVACION:
Si empezamos desde muy pequeños este estilo, nos irá mejor. Cuando vengan a darse cuenta estarán bastante habituados y formados en la voluntad. Para motivar a los pequeños a tener constancia y voluntad con los propósitos, vamos a intentar encontrar algo que les anime a  intentarlo. Podríamos hacernos un álbum casero. Como todos tenemos cuentos muy bonitos, podemos calcar los personajes que más les gustan; los recortamos y le damos forma de cromos. Si doblamos tres hojas (juntas) por la mitad, nos quedará un pequeño cuadernillo. Pintamos la portada y en el interior ponemos el título de diez cuentos famosos: Peter pan, Caperucita, Heidi, Los tres cerditos… rotulando las cuatro siluetas de los cuatro personajes principales del cuento, para que peguen allí después los cromos.




Ahora se trata de ganarse los cromos. Para hacerlo más interesante dibujamos en una cartulina un paisaje con un lago y unas barcas (por decir algo). Cada hijo tiene una barca y debe llegar a la otra orilla del lago, en varios pasos. Una vez ha llegado, puede llevarse a uno de los personajes de los cromos  que están allí esperando y vuelve a empezar al embarcadero.
Los cromos van sin pintar, así ellos se los colorean a su gusto y  les queda tan bonito que les gusta remirárselo.




HISTORIA: EL CABALLERO SIR ROLAND

Nuestra historia discurre en un país fantástico, donde existían gigantes, duendes y magos. En un espeso bosque había una pequeña aldea, custodiada por las murallas de un castillo. En una zona pantanosa, no muy lejos de allí, moraban unos gigantes malvados que no les dejaban vivir tranquilos, pues de vez en cuando arrasaban los campos y robaban el ganado de los pacíficos habitantes de la aldea. La gente del pueblo rogaba a su rey que hiciera algo por librarles de esta amenaza y miedo constante. Así, el rey del castillo preparó durante años un pequeño ejército y lo entrenaba diestramente con la esperanza de poner fin a este acoso.
Los soldados contaban con unos escudos que tenían una propiedad mágica. En el escudo de aquel caballero que realizara la acción más valerosa, aparecería una estrella que brillaría con gran resplandor.
Todos los soldados deseaban ver brillar esa estrella en su escudo, por esta razón se esforzaban en sus entrenamientos. Sir Roland era el más joven de los caballeros del rey, estaba muy contento de haber sido admitido en este pequeño ejército y soñaba con servir a su rey y a su pueblo luchando contra los gigantes. Era muy diestro con las armas, siendo del grupo de los mejores. El rey lo miraba complacido. 
Llegó el momento de partir hacia el pantano, a emprender la dura batalla. Se abrieron las puertas del castillo y el ejército empezó a salir entre los vítores del pueblo. Por fin había llegado el momento que Sir Roland tanto deseaba, su corazón palpitaba de emoción ¡tenía muchas ganas de demostrar su valentía!
Pero, he aquí que el rey se le acerca a caballo y le encarga: “Sir Roland, usted se quedará aquí, en las puertas del castillo, custodiando la ciudad. ¡Bajo ningún concepto abandone su puesto!”
El rey dio la vuelta, espoleó el caballo y se adelantó. Sir Roland vio como todo el ejército se adentraba en el bosque.
¡Cómo describir los sentimientos de Sir Roland! Una mezcla de estupor, rabia, e inmensa decepción…El, que era tan bueno con la espada y quería demostrar su valor…hubiera sido una gran ayuda en el campo de batalla…pero allí le habían dejado… a las puertas del castillo…como un niño…
Pero como quería ser un buen caballero, fiel a su rey, no protestó y poniéndose firme inició la guardia. Por la noche, subió el puente levadizo  como era costumbre y a la mañana siguiente muy temprano, lo volvió a bajar y se puso a montar guardia.
Pasó por allí una anciana y cuando lo vio empezó a increparle:
-¿qué haces ahí, soldado? Deberías estar en el campo de batalla, como todos los demás soldados…o ¿es que no tienes el suficiente valor?
Sir Roland no podía contestar pues estaba de guardia, pero sintió ganas de defenderse. Se mordió la lengua. La anciana seguía increpándole. A pesar de sentir hervirle la sangre, Sir Roland se impuso a sí mismo aguantar. Por fin la anciana se marchó.
A media mañana llegó un caballo con uno de los soldados herido, tumbado sobre el lomo. El caballo sabía el camino de vuelta y pasó sobre el puente levadizo. Sir Roland avisó a algunos aldeanos para que lo asistieran. Cuando el caballero pasó al lado de Sir Roland le dijo:
            -Sir Roland, vaya a sustituirme, la batalla está siendo dura y sangrienta.
Sir Roland pensó que ya tenía la excusa perfecta para ir a la batalla. El no tenía miedo a los gigantes y podría combatir valientemente. Entonces, le preguntó al caballero si era un encargo del rey y al tener respuesta negativa sufrió una fuerte duda. Al punto le vino a la mente el recuerdo de su rey diciéndole: ¡Bajo ningún concepto abandone su puesto!
-          No, no puedo ir, debo guardar la puerta del castillo.
-          Pero… ¡qué oigo!...debería darle vergüenza ser tan cobarde…
Al oir estas palabras Sir Roland apretó los puños y sentió que se le nublaba la vista. Cerró los ojos y respiró fuerte mientras oía las quejas y murmuraciones que hacían contra él los aldeanos que  se llevaban al  caballero para atenderle.
¡Qué pensamientos corrían por la mente de Sir Roland esa mañana! A duras penas lograba serenarse y entonces volvía a encenderse  recordando lo sucedido. Lo único que le mantenía era el recuerdo de la orden del rey.
A media tarde, ocurrió otro incidente. Un hombrecillo quiso pasar el puente, pero Sir Roland no lo reconoció como habitante del pueblo. Le cerró el paso y le preguntó qué quería, y éste sacando una espada de debajo de su túnica le dijo:
-Anda, toma esta espada mágica y ve a luchar con tus compañeros, con ella ¡ganaréis la batalla! Sí, es una espada invencible…
Sir Roland quedó atónito. Ahora sí que le parecía un deber coger la espada y marchar a la batalla. ¿Cómo iba a parecerle mal al Rey que dejara el puesto por un motivo tan vital? La batalla seguramente estaba resultando muy dura y su aparición podría ser decisiva… con esta espada salvadora.
-¡Corre, cógela, no pierdas más tiempo, tus amigos están en peligro!
A punto estaba de cogerla cuando le pareció oir con más fuerza que nunca la voz del rey diciéndole: ¡¡No abandones tu puesto bajo ningún concepto!!
Sir Roland retiró su mano y sintiéndose incapaz de vencer esta vez la tentación de escapar corrió al interior  del castillo y empezó a levantar el puente levadizo.
¡Qué a tiempo! El hombrecillo no era más que un engaño, y empezó a crecer, crecer… resultando ser uno de los últimos  gigantes del pantano que tenía ciertos poderes mágicos. Viendo la batalla totalmente perdida había huido y quería jugar la última carta metiéndose en el castillo para incendiarlo aprovechando que estaba desprotegido.
El gigante dio un grito desgarrador y convirtiéndose en humo desapareció. Habían acabado con todos los gigantes.
Al cabo de una hora, Sir Roland, aún aturdido por todo lo ocurrido, oyó el chasquear de armaduras y pisadas de caballos ¡su ejército volvía! Muy contento bajó el puente levadizo y se puso firme con su espada y escudo. El rey y los supervivientes del pequeño ejército entraron al castillo lentamente, volvían exhaustos y malheridos. Todo el pueblo estaba en la plaza de la ciudad, vitoreándolos. Sir Roland acudió a arrodillarse ante el rey. En ese momento, notó que todos le miraban y se produjo un silencio mortal. Alguien llegó a balbucir:
-¡¡ Mi.. mirad!! ¡El escudo de Sir Roland!
Efectivamente, en el escudo de Sir Roland brillaba una estrella  deslumbrante, era la estrella del valor, otorgada al caballero que había realizado la más valerosa de  las acciones: vencerse a sí mismo.



sábado, 28 de enero de 2012

AÑO NUEVO: LA HORA DE LOS PROPÓSITOS. EDUCAR LA VOLUNTAD (I)




Queridos padres, un nuevo año a la vista. Mirémoslo con ilusión y esperanza. Un año nuevo es siempre una nueva oportunidad para progresar. 
Vamos a imaginarnos como empieza el año nuevo una familia formada por Pedro y María, los padres, y sus tres hijos. Una noche, cuando los tres niños ya se han acostado, Pedro le dice a María:”¿Sabes? he estado pensando estos días que creo que tienes razón cuando me sugieres que no debo engancharme tanto en el ordenador, saber cortar con más decisión y ayudarte más con las faenas y los chicos. Sí, voy  a hacerlo. Por favor, avísame si me despisto”
¿A quién no le gusta que le hablen así? Ahora supongamos que es María quien se dirige a Pedro de la siguiente manera: “Hoy me ha tocado la guardia con Marisa, y me he dado cuenta de lo desagradable que resulta convivir con una persona que está siempre quejándose de todo y reprochando a todos. Me he visto reflejada ¡qué horror! Yo también a veces…; de verdad, voy a intentar  callarme un poquito más, no cargar el ambiente con tanto malhumor. Anda, hazme una señal cuando veas que empiezo…”
Todos nos sentimos bien cuando nos hablan así.  Ni que decir tiene que llegaran los tres niños, todos seriecitos y dijeran: “Mamá y papá, hemos hecho una asamblea y este año nos vamos a proponer jugar a un juego que es el “ni No, ni Espera”. No se pueden usar estas palabras, en cambio hay que decir “Sí” y “Voy”. Es que queremos  daros más alegrías y no tantos disgustos.

¿A que es fácil  hacer bonita la vida? Sólo hace falta que yo protagonice esas palabras. De forma sincera y desinteresada. Aunque a primera vista nos pueda parecer mejor que nosotros recibamos del otro esos propósitos de cambio, nos atrevemos a deciros que hay una satisfacción muchísimo mayor cuando somos nosotros los que damos el paso, cuando nos atrevemos a “mojarnos” y dar algo de lo nuestro en favor de los demás. Parece que perdemos, pero en realidad ganamos. Esta es la trágica paradoja que confunde y arruina tantas vidas: pensamos que la solución es esperar pasivamente a que el mundo me sea favorable. Este dar el primer paso es una experiencia que hay que probar, aquí las palabras y argumentos tocan fondo.
Podríamos decir: “Sí, me gustaría, sí, pero… no puedo, es superior a mí… lo he intentado a veces, pero es imposible… soy así”
No debemos engañarnos. Debemos y podemos, pero hay que tener voluntad. Y de eso queremos hablar. Conocimos  un psicólogo que trabajó con menores y jóvenes que tenían comportamientos conflictivos. Les planteaba cambiar de vida, cambiar de conducta:”Tú puedes decidir tu vida. Puedes cambiar, las circunstancias nos marcan, pero a pesar de todo podemos vencerlas y cambiar. Tú decides”
Esto despierta unos sentimientos nuevos, de confianza. Y no es un engaño. Es una realidad: nosotros podemos luchar y vencer situaciones, incluso nuestro propio carácter. Ciertamente no es tarea fácil, pero con voluntad y ayuda se puede.

¿Qué os parece aprovechar el inicio de año para hacernos un firme propósito de mejorar en algo? Los que nos rodean se lo merecen. De hecho, así esperamos que actúe cualquier institución, empresa… y hasta los gobiernos; que hagan balance a fin de año para evaluar los puntos a mejorar y así, ofrecer, al siguiente ejercicio, un servicio mejorado. Por tanto, sería muy natural que a nivel personal  actuáramos así.
Una vez empecemos, habremos de contar, por supuesto, con muchos intentos fallidos. No bastan los buenos deseos. Hemos de ver con naturalidad y con ánimo nuestra gran debilidad. Como en tantos logros de la vida, el secreto está más en la constancia y voluntad que en las habilidades. Todo aprendizaje se basa en una práctica, sembrada de intentos, hasta que se adquiere un cierto dominio. Hay pues, que trabajar con voluntad.


¿ES TAN IMPORTANTE TRABAJAR LA VOLUNTAD?

¿De qué nos sirve el mejor coche del mundo sin gasolina? Eso es la voluntad en las personas. Para entenderlo mejor, vamos a pasarnos por un momento al plano de los hijos, porque, no sé qué nos pasa, que en los otros lo vemos siempre más claro. Apliquémoslo, por ejemplo, al plano del estudio.
¿No os parece que en nuestros hijos, quizá en muchos jóvenes de hoy en día, apreciamos mucha falta de voluntad para estudiar? Y sin embargo, hay gente realmente capaz.
¡Cuánta inteligencia desperdiciada, por falta de voluntad…! ¡cuántas habilidades, ingenio, energías, talentos desperdiciados… sólo por falta de voluntad!  Es como si en una zona de gran sequía, donde el agua es un recurso muy limitado, se abriera un grifo o una fuente y se dejara correr el agua, indefinidamente… sin que nadie la aprovechara. Todos con necesidad, pero viendo correr el precioso bien. Así es, el mundo lleno de necesidades, y los que pueden poner remedio…
Ver  a un joven paralítico, nos mueve a compasión. Pensamos: “en plena flor de la vida y…” ¿No os parece que hoy en día hay muchos jóvenes “paralíticos” de voluntad? ¡Qué lástima! En plena flor de la vida e incapaces ya de hacer algo, de aportar… y sin embargo tenemos una sociedad y un mundo con muchísimo aún por arreglar y mejorar. ¿Habéis pensado alguna vez que el investigador que descubriera el remedio contra el cáncer  hubiera nacido hace ya años y… él (y sus padres) se contentaron con ir sacando aprobados sin estudiar, que eso ya era mucho?
A nivel de investigación, de ciencia… hay mucho por hacer, pero a nivel humano  queda más aún por hacer. Hasta que África (por decir una zona de tantas) sea convertida en un primer mundo a nivel de colegios, hospitales, carreteras, industria… queda mucho por hacer. Y para todo eso se necesitan personas con gran formación y ganas de trabajar.
Hemos de enamorar a nuestros hijos, a nuestros jóvenes de esta meta. Si estudian con voluntad llegarán a tener una capacitación y formación para alguna de las mil facetas que el mundo necesita desarrollar.  Se necesitan profesionales competentes, gobernantes competentes y acostumbrados a proyectarse en favor de los demás y no de sí mismos.
Para llegar a esto se necesita empezar ya, con voluntad. Voluntad, fortaleza para hacer lo que en realidad quieres y  no tanto lo que las ganas nos sugiera. Con voluntad podemos llegar a nuestro máximo, por tanto, a nuestra realización. Ser capaces de llevar el timón y no dejarse desviar por el viento, mucho menos por una suave brisa. Una persona sin voluntad es como un barco a la deriva, se lo lleva la corriente.
Por tanto, se necesita voluntad para no caer en situaciones que arruinan a la persona, pero también se necesita voluntad para no dejar de hacer todo el bien que una persona puede.
En los hijos es fácil de comprender todo esto, pues el instinto de padres, esa responsabilidad que sentimos,  nos  hace luchar por  su formación y desear que ellos lleguen muy alto en la vida. Nos sentimos muy pagados, muy satisfechos con sus logros ¿verdad?
Una vez comprendida la necesidad de educar la voluntad, hemos de trasladarla a nosotros mismos. Hemos de ser sus maestros. No olvidemos tampoco que, el mundo  está esperando también nuestra actuación. Sí, nuestra pequeña pero importante aportación. Si queremos hacerla con esmero y gustando del trabajo bien hecho, también nosotros necesitamos tener una buena dosis de voluntad.
Os vamos a poner una historia real que nos ayuda y motiva a desear esta cualidad.


JACKIE ROBISON (Jugador de béisbol)

A Jackie le gustaba jugar béisbol más que nada en el mundo y tenía aptitud para ello. Corría como un galgo y era capaz de lanzar la bola a un kilómetro de distancia de un bateo. Soñaba con participar en las ligas principales en medio de los gritos de entusiasmo de miles de aficionados. Pero tenía un problema. Corría el año 1945 y él era negro. En aquellos años en Estados Unidos aún existía la penosa e injusta costumbre de no admitir a los negros en muchas actividades junto a blancos. Así, existían las ligas principales (sólo para blancos) y los negros jugaban sus ligas.
Un día, el entrenador de los Dodgers de Brooklyn (uno de los equipos de las ligas principales), Branch Rickey, quiso entrevistarse con Jackie Robison, pues reconocía en él un gran jugador y le pidió que jugara en su equipo. Jackie no daba crédito a sus oídos. Branch le dijo que no sería fácil, pues a mucha gente no le iba a gustar que jugara con los blancos, le abuchearían, le insultarían, incluso algunos árbitros serían injustos con él…
Sólo una cosa podría solucionarlo: que tuviera la fuerza de voluntad suficiente para no contestar ni perder la paciencia; que fuera capaz de conservar la tranquilidad y jugar lo mejor que pudiera. Así  no daría motivos para ser expulsado del béisbol.
Jackie se lo pensó muy bien, pues no era fácil de cumplir, pero mirando a los ojos del señor Rickey dijo: - Lo haré. Lo prometo.
Primero estuvo jugando en un equipo filial de los Dodgers llamado los Royals de Montreal. Ocurrió todo lo que el entrenador había predicho. Algunos jugadores lo insultaban, otros se negaban a jugar con él, otros lo pisaban o empujaban en el campo; los lanzadores le arrojaban la pelota con intención de golpearlo. Incluso un policía lo amenazó con arrestarlo si no abandonaba el campo de juego.
Esto hería profundamente los sentimientos de Jackie. A veces se enojaba tanto que le entraban ganas de alzar los puños y devolver el golpe. Entonces se acordaba de su promesa y se decía a sí mismo: ¡No! No contestaré. Tengo que mantener la calma, tengo que ganar.
Al año siguiente fue a jugar con los Dodgers ¡por fin estaba en las ligas principales! Durante el primer partido todas las miradas estaban sobre él. Sabía lo que se jugaba y le temblaban las piernas. Cuando llegó su turno, salió a la base y golpeó la pelota con todas sus fuerzas. La multitud oyó el golpe seco del bate y vio como la pelota volaba y volaba y seguía volando hasta salir por encima del muro más lejano del estadio. Jackie recorrió todas las bases y todo el mundo comprendió que era un jugador de béisbol extraordinario.
A pesar de eso, sus problemas no habían acabado, de hecho siguieron insultándole, empujándole… pero él cada vez que salía al campo, renovaba su propósito de mantener la calma… y no dejó de jugar maravillosamente al béisbol.
Un día, uno de los compañeros de su equipo, un jugador llamado Pee Wee Reese, cruzó el campo para charlar con él. Mientras hablaban le puso una mano en el hombro con gesto amistoso y un fotógrafo les sacó una instantánea  juntos. Los periódicos de todo el país publicaron la foto. El mensaje era claro: había jugadores blancos que sentían simpatía por Jackie, sabían que era un gran jugador y querían tenerlo en su equipo. No les importaba el color de su piel.
A partir de entonces, cuanto más jugaba más respeto se granjeaba y cuando acabó su primera temporada fue proclamado el mejor jugador nuevo de la liga.
Desde ese momento, empezó a haber judadores de color en las ligas principales de los Estados Unidos.
Gracias  a su fuerza de voluntad consiguió el sueño de su vida y sin pensarlo, algo aún mucho más grande,  marcó en la historia un gran paso a favor de la igualdad y el respeto a todos los hombres, independientemente de su raza.

martes, 27 de diciembre de 2011

NAVIDAD: CORAZÓN UNIVERSAL. TOLERANCIA, MÁS AÚN, AFECTO.




Queridos amigos, llegan estas fechas tan deseadas de Navidad. Es un tiempo que suscita sentimientos  entrañables. Todos nos deseamos felices fiestas y por unos días parece que esta sociedad algo fría se torna más cálida, nos sentimos más cercanos, más familia. Esto nos hace sentirnos más a gusto.
Podríamos  imaginar (también es tiempo de sueños e ilusiones) qué sería de este mundo si todos pidiéramos para Reyes un corazón nuevo, en concreto, un corazón UNIVERSAL.
Un corazón universal donde cupiera cualquier tipo de persona, independientemente de su nacionalidad, ideología, incluso de su aspecto físico o capacidades humanas. Vamos a hablar de esto un poco, pues si nosotros, padres y madres, lo comprendemos más, sabremos transmitírselo mejor a nuestros hijos, que tanto lo necesitan ahora en su convivencia escolar  y en el futuro, en su vida social.

Se habla mucho de la TOLERANCIA, aceptar al otro y respetarlo. Está muy bien. Pero se queda bastante corto. Dicen que los antiguos arqueros para dar en el objetivo apuntaban con sus ballestas a un punto más alto que el que querían alcanzar, porque sabían que la flecha a partir de un momento adoptaría  una trayectoria descendente y así vendría a clavarse en el blanco.
Quizás así hemos de actuar nosotros. A las personas no sólo hay que “aceptarlas”, “tolerarlas”, (que suena a cierta  resignación), sobrellevarlas como quien lleva una carga pesada o una circunstancia adversa porque no queda más remedio… No, a las personas les debemos más, muchísimo más… Les debemos un gran respeto, les debemos “afecto”. En realidad este “afecto” es un acto de justicia. Hemos de reconocer que cada persona  es una riqueza para los demás y que todos, aún con limitaciones, tenemos muchas  cosas buenas. 

Y este afecto debe ser a todos, incluso a personas con las cuales la prudencia nos dicte mantener cierta distancia. Este afecto no anula el sentido común.  Este afecto no nos hace ciegos a los puntos negativos de la persona, sino que nos hace mirarla con ojos comprensivos y con esperanza de que pueda cambiar. Seguro que tiene cualidades aún encubiertas, o sofocadas por circunstancias de las que ha sido víctima. También es justo reconocer que a nosotros  también nos tienen que soportar otros y nos gusta que tengan la consideración de comprendernos y darnos un margen ancho cuando lo hacemos mal.  Cuando veamos fallos en los demás, además de sacar la conclusión de lo “interesante y conveniente” que resultaría que se los quitara, deduzcamos la de que es igualmente interesante y conveniente que  me quite yo los míos.
Así somos los seres humanos. A veces dignos de  admiración y a veces de lástima.  Cada uno con lo que es y lo que lleva (preocupaciones, inquietudes, problemas…) andamos por la vida “azotados” por muchos vientos. Somos el resultado de infinidad de factores: la educación recibida, las circunstancias que nos han tocado vivir, de nuestro modo de pensar, de nuestro propio carácter e incluso de nuestro  físico… ¿cómo atrevernos a enjuiciar con menosprecio?

El tener tolerancia, respeto y afecto a las personas no quiere decir que todo lo que haga esté bien y sea excusable; que lo tenga que aceptar como posible o válido. No, ni mucho menos. Nos gustó una vez la declaración de un médico que decía que hay que luchar contra la enfermedad pero no contra el enfermo. Es evidente ¿verdad? Pues igual de evidente tendríamos que verlo en el plano de la forma de pensar de las personas. Hay distintas formas de pensar, ideologías… más o menos válidas,  pero también hay errores. Si una persona vive en el error, hay que detestar al error, no a la persona. A la persona hay que quererla y ayudarla a salir del error (obviamente respetando su libertad, proponiendo amablemente, no imponiendo).También es verdad que hay muchos niveles de error. Si el error es grave y daña o repercute en terceros sí que habrá de tomarse medidas. Por ejemplo, si alguien vive en el error de utilizar la violencia por capricho o como medio para conseguir sus fines, se habrá de tomar medidas para evitar males mayores. La persona nos ha de inspirar lástima más que rencor. La violencia como respuesta a la violencia no es fuente de soluciones, sino de problemas mayores. Sería más eficaz ayudarle a buscar un camino mejor.
Supongamos que un niño del colegio muestra actitudes ariscas con el resto de compañeros, incluso con el nuestro (¡prueba de fuego!). Pensamos que lo ideal es intentar “ganarnos” su amistad. Más vale tener amigos que enemigos. Quedaremos muy sorprendidos de los problemas que se resuelven si hacemos por coincidir con él en el parque y simplemente invitarle a jugar con todos. La mayor parte de las veces estas actitudes ariscas vienen de una carencia de afecto muy grande.  También produce muy buenos resultados saludarle con cariño cuando nos crucemos con él y mantener un trato natural y amable (aunque por otro lado, en algunas ocasiones pueda ser interesante evitar coincidir con él, discretamente, para  evitar posibles males). 

Es muy importante saber vivir en este mundo rodeado de personas de mil formas y colores, que piensen de forma muy distinta. Obviamente todos tenemos unos criterios que nos convencen y dirigen nuestras actuaciones.


Pero…¿es posible convivir con personas que tienen una forma de  pensar diametralmente opuesta a la nuestra?

Pues sí. Tengo la suerte de haber visto esto en algunas personas, y es todo un gusto estar con ellas. Con una de ellas salió una conversación sobre un tema interesante; nos dimos nuestras razones, nos escuchamos, hasta dudamos de nuestra versión (ninguna estuvo cerrada a lo nuestro); estuvimos considerando los pros y contras… a pesar de todo acabamos teniendo opiniones totalmente contrarias; finalmente la otra persona terminó el tema con una sonrisa diciendo: “Pues sí, pensamos diferente”.
Me encantó y dejó admirada su actitud. Así debería ser. Con resolución, con respeto total, con naturalidad, sin miedo... Cuando el diálogo se basa en estos principios no hay miedo de nada.  La garantía de la amistad es este profundo respeto probado en las diferencias, más que la unión en las afinidades. Además, si sólo fuera por afinidad, nuestro círculo de amigos sería muy reducido. Es mejor ampliarlo, es mejor que todos seamos amigos, es mejor un  corazón universal. Con un corazón universal, todos nos enriqueceríamos, las diferencias serían ventajas pues veríamos de forma más completa la realidad, ya que desde mi punto de vista puedo dejarme ángulos sin ver.
Podríamos sacar esta fórmula:
“Saber ver, escuchar…, saber reflexionar…, saber decidir…, saber ser libre y consecuente”
Saber ver, escuchar: supone ver actuaciones o escuchar opiniones con mentalidad abierta.
Saber reflexionar: valorar pros y contras, madurar las ideas, sinceramente, sin intereses (que tenemos muchos ¿ no es verdad?), sin miedo a encontrar otra verdad mayor.
Saber decidir: optar por la verdad que te parece más verdad, más justa, aunque no sea la más fácil.
Saber ser libre y consecuente: si una cosa nos parece que es así, seamos consecuentes en hacerla, sin miedo ni prejuicios; estamos en una democracia ¿no?
Fijémonos la ventaja que tiene vivir esta fórmula para transmitirla de manera natural a nuestros hijos. Imaginemos un caso habitual: Cuando nuestros hijos nos piden comprar algo.
“Ver/escuchar”: Ven que sus compañeros tienen algún juguete, maquinita o colección… que está de moda y nos lo piden;
“Reflexionar”: nos toca dialogar con ellos, pensar si ya han tenido algo parecido hace poco o no, si no será redundante o excesivo; decirles que en la vida van a tener que tratar con muchas personas  y que cada uno ha de hacer lo que crea más conveniente, que aunque muchos tengan un juguete no es obligatorio tenerlo…
“Decidir”: después de todo lo considerado, decidimos:”sí, es un juguete conveniente” o “no nos aporta mucho y no vamos a comprarlo”. Si la decisión es conjunta mejor, si no, la tomamos los padres pues para eso somos los que tenemos uso maduro de razón y la responsabilidad de formarlos. No podemos dejar en manos de un inmaduro las decisiones que atañen a su formación.
“Ser libre y consecuente”: aunque me asalten dudas de:”todos lo tienen”. Lo lógico es actuar conforme a lo que uno cree mejor. No ser personas veletas que se  mueven según sopla el viento o las  modas.
Si actuamos con esta libertad, entenderemos que los demás también la tienen y nos será más fácil comprender que otras personas actúen de forma distinta a la mía. Nos será más fácil comprenderlos, respetarlos… con toda naturalidad. Con esta mentalidad, con este corazón universal,  todos salimos ganando, pues no hay unos contra otros,  sino distintas aportaciones, distintas visiones… sobre las cosas y problemas. Si aplicamos fuerzas en la misma dirección (progresar, encontrar la mejor solución…) éstas se suman; si tiramos en  direcciones contrarias, se anulan.
Sí, en estas fechas pidamos a los Reyes un corazón universal. ¡FELIZ NAVIDAD!


ACTIVIDAD NAVIDEÑA: HACER CON NUESTROS HIJOS UN BELEN SENCILLO Y BONITO

Vamos a proponeros pasar unas tardes agradables con vuestros hijos, realizando un belén con materiales que no cuestan dinero: cartones, piedras, palitos y hierbas. Veréis también como la imaginación se dispara y sois más artistas de lo que pensáis.

Puesto de mercado de alimentos:
Con una caja de cartón, recortada a gusto, pegamos palitos en el tejado para que nos quede un tejado original. El mostrador es otra caja más pequeñita, adornada con un trocito de  tela a modo de mantel. En él ponemos cajitas hechas de papel con distintos alimentos.



Puesto de alfarería:
Con una caja de leche invertida  y recortada dejando las cuatro esquinas como columnas. El techo lo cubrimos con un papel de rayas que parezca una lona. Las piezas de alfarería son hechas con barro y los artistas que se luzcan lo que puedan.




Puesto de carnicero:

Es el extremo de una caja de tetrabricks de leche. Lo hemos desmontado y puesto del revés para aprovechar el color del cartón. Hemos pintado los ladrillos con rotulador granate, le hemos puesto una cortina en la puerta y ésta la hemos decorado con  un simulacro de piedra. En realidad es una masa de harina que se maneja muy bien. Se adorna el tejado con tablitas o cortezas y finalmente le hemos enganchado con encuadernadores una lona en un lateral para que parezca un pequeño toldo.

 

Receta de masa de harina: 2 vasitos de harina, 1 vasito de sal y 1 vasito de agua. Se amasa bien y queda como una masa de plastilina blandita.
Le damos forma de piedra o ladrillo y la ponemos sobre el cartón. Se queda pegado y no necesita ni pegamento. Con las horas se va endureciendo, puede tardar varios días en acabar de secarse. Puede hacerse lo que queráis, nosotros hicimos un pozo (se ve a la izquierda del puesto de alimentos), un corral y un lavadero.

Corral:
Los ladrillos son muy fáciles de hacer, no se necesita ser muy habilidosos. Podéis pincharle palitos, pues la masa es blanda y cuando endurece quedan colocados. También  se pueden hacer vallas con palitos y cuerdas.


 Lavadero:

Con una caja pequeña de zapatos, le doblamos hacia el interior un trocito de los cuatro laterales y allí pegamos losas hechas con la masa de sal. También las piedras que rodean el frontal de la fuente son de la masa de sal. El caño es un boli transparente.




Huerto:
También se pueden atar palitos para hacer unas vallas, y adornar todo con piedras, tierra y pequeñas hierbecitas. Hasta podemos hacer un pequeño huerto con tomateras y hortalizas de plastilina.



 Oasis y palmeras:

Es fácil hacer un oasis con palmeras y arena. Las hojas de las palmeras se hacen con tres trocitos de cartulina. Cada cuadradito de cartulina lo doblamos por las dos diagonales. Les cortamos un piquito como indicamos en la foto y luego a cortar finito para que parezcan las hojas de palmera. Luego las ponemos atravesadas en un palo. ¡Ah! No os olvidéis de los cocos, son cereales de chocolate.



También se puede hacer un molino, hay envases con forma tubular. Se adornan con la masa de harina (o arcilla) a gusto. Las aspas pueden hacerse con telas cosidas a unos palitos de pinchos de madera , con rejilla de mosquitera oscura o simplemente con palitos.

¡Qué os divertáis!

miércoles, 30 de noviembre de 2011

EDUCAR A LA HORA, EN VEZ DE A DESHORA


Imaginemos que nos entrara la moda de no preparar nada de comer a nuestros hijos en desayuno, comida, merienda y cena. ¡Qué cómodo!¿verdad? Pero… ¿aceptarían ellos esta nueva costumbre? Posiblemente a las pocas horas de levantarse dirían que tienen hambre. Abriríamos el armario y buscaríamos algo para picar: unas galletitas, unas onzas de chocolate… algo para engañar al estómago. Claro, esto realmente no alimenta con que al cabo de unas horas nos pedirían más. De nuevo a matar el hambre con otra cosilla: unas pipas, un trozo de pan, unas patatas fritas... El cuerpo demandaría constantemente porque necesita una dieta “verdadera”, no que engañe. Y vuelta al armario.
Decidnos: ¿Qué tipo de alimentación estarían teniendo nuestros hijos? Estamos de acuerdo: un auténtico desastre. Estaríamos creando unos organismos totalmente débiles, enfermizos e incapaces. Realmente no sabemos cuánto aguantarían sin fallar por algún lado.
Además, aunque al principio dijéramos: “¡qué gusto eso de no tener que preparar comida! Se acabaron las preocupaciones…”, no nos engañemos, al final nos molestaría que nos pidieran de “picar” de forma constante. Acabaría pareciéndonos que nos interrumpen constantemente (pues cuando no es uno es otro), nos parecería otro tipo de “esclavitud”, atados a tanta petición cansina e inoportuna.
Toda esta suposición la vemos disparatada. Una forma de proceder totalmente incorrecta. Indudablemente, si no les damos de comer a la hora, lo pedirán a deshora.
Pero vamos ahora a pasarnos al terreno de la educación. ¿No puede ser que hagamos lo mismo? Si no educamos “a la hora”, tendremos que hacerlo a deshora.
Imaginemos a Juan, un niño como cualquier otro. Nada más llegar a casa deja el abrigo en el sofá y coge un tebeo. Después se sienta “resbalao” en el sofá.
            -Juan, cuelga el abrigo.
Juan sigue leyendo su tebeo. Al cabo de un rato:
            -Juan ¡cuelga el abrigo! Pero… ¿aún estás así? Anda, ponte rápido las zapatillas de estar por casa y siéntate bien…
A la hora de comer:
            -¡no toques la comida con los dedos!...
            -¡no te eches para atrás en la silla y estate quieto! ¿vale?...
            -¿quieres dejar a tu hermano tranquilo, por favor?...
Después de una agradable comida llega la hora de volver al cole:
            -Juan ¿quieres  peinarte de una vez que aún llegaremos tarde?
Por la tarde  al salir del cole tomamos la merienda en el parque y allí todos se airean. Juan va a lo suyo y corre sin mirar,  casi tira al suelo a un anciano que iba tranquilo.
            -¡¡ Juan, por favor!! ¡Ten cuidado y mira por dónde vas!
Y así podríamos seguir: para volver a casa, para ponerse a estudiar, para que no se pelee con su hermano, para que recoja su habitación, para que hable con respeto… ¿no os suena eso? en fin,  todos  tenemos hijos muy bien surtidos.
Nunca nos irá mal revisar este punto de vez en cuando, por más que creamos que ya lo vamos haciendo bien. ¿No ocurre muchas veces que reducimos la educación a un reprochar y corregir  cuando aflora un mal comportamiento o actuación en ellos? Además lo hacemos al instante, sin mirar si es el momento más adecuado, con peligro de que sea con mal humor, mal tono y mala cara. Más puede parecer un desahogo nuestro que un propósito real de educar, porque de hecho generalmente no tomamos después ningún tipo de medida.  ¿Os suena eso de: “Perro ladrador, poco mordedor”…? Y lo mejor es que queremos que nos acepten la advertencia con sumisión, alegría y deseo de superarse…
Estas “ansias” educativas que nos entran las podríamos comparar con uno que, ante el enemigo, saca la metralleta y desesperado dispara a lo loco, sin control, sin mirar…Más nos valdría apuntar con toda serenidad al blanco y un solo tiro. Así no fallamos.


¿Qué  sería entonces educar a la hora?

Nos sirve de ayuda pensar en los colegios. ¿Cómo  transmiten conocimientos? Explicándolos, hablando de ellos.
En la educación lo mismo; se trataría de ir “explicándoles” cómo son las cosas: cómo se vive en sociedad; qué son normas de educación y qué faltas de educación; fomentar los buenos sentimientos, el respeto y tolerancia; saber reconocer errores y pedir disculpas; hablar de lo bonito que es el orden, las ventajas de ser trabajador y no perezoso; la suerte de que confíen en ti por ser responsable…y de que empleen sus muchas cualidades para hacer que este mundo sea un poquito mejor, que es nuestra obligación... ¡Cuántos temas vitales para hablar!
Todo esto dado poquito a poco, según la edad… Es muy bueno acostumbrarse a hablar con los hijos diariamente, con motivo también de algo que ocurre, vemos o viven. Aprovechar las ocasiones que la vida nos brinda, que si estamos atentos, son miles. Porque en eso consiste ser padres, en enseñarles qué es la vida y cómo han de realizarse en ella, proyectando lo mejor de sí en beneficio del bien de todos. A fin de cuentas ¿de qué sirven tantas matemáticas, informática e idiomas… si no es para eso? Si viven así se sentirán  felices y realizados, si no, fracasados. Por tanto, las materias que los padres enseñamos son incomparablemente más vitales e importantes que todos los conocimientos técnicos que puedan adquirir. ¿No merece, pues, la pena que dediquemos tiempo a enseñarles todo esto?
Si aseguramos ese ratito diario de trato personal, ese “alimento a su hora”,  se sentirán mejor, sabrán mejor cómo deben portarse y por tanto, habrá menos comportamientos incorrectos (con lo cual ya no tendremos que corregir o “educar a deshora” tantas veces). Como suele decir el refrán: “Se recoge lo que se siembra” y “más vale prevenir que curar”. También puede valer aquello de ir trabajando cada mes o cada año un valor, como os hemos propuesto tanto el mes pasado (Proyecto global para trabajar la escucha y la atención) como en el Programa de educación en valores a través de cuentos.
Si se portaban mal por llamar la atención, también lo harán menos, porque ahora ya está saciado su deseo de ser tenidos en cuenta.
Con los hijos es mejor ir por delante de ellos, dirigiendo y proponiendo que no por detrás, arreglando y sufriendo sus equivocaciones. Lógicamente nos sentiremos más realizados haciendo de auténticos padres que no haciendo de “escobas”. Como veis, mirémos por donde lo miremos es muy interesante sacarse un ratito para “educar a la hora” (por más que nos parezca que no tenemos tiempo). Y por si aún os queda alguna duda, os trascribimos un texto que nos han proporcionado y que viene como anillo al dedo.


EL GESTOR DE TIEMPO Y EL TARRO DE PIEDRAS

Un experto asesor de empresas especialista en gestión de tiempo, quiso sorprender a los asistentes a su conferencia. Sacó de debajo del escritorio de exposición, un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja de piedras del tamaño de un puño y preguntó:
-¿Cuántas piedras piensan que caben en el frasco?
Después que los asistentes hicieron sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta llenar el frasco. Luego volvió a preguntar:
 -¿Les parece que está lleno...?
Todo el mundo lo miró y asintió pero con temor y dudas. Entonces el conferenciante sacó de debajo del escritorio una bolsa con piedras más pequeñas, las metió en el frasco y lo agitó. Las pequeñas piedras penetraron por los espacios que dejaron las grandes piedras. El experto sonrió con ironía y repitió:
- ¿Les parece que ahora está lleno...?
Esta vez la audiencia dudó:
 - Tal vez no...- dijeron a coro.
- Bien... Veo que están atentos.
Y ubicó sobre la mesa un cubo de arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y las piedrecillas.
- ¿Ahora si les parece que está lleno...?  -volvió a preguntar.
- Sí- exclamaron con seguridad los asistentes.
- Bien- y acto seguido tomó una jarra de agua que comenzó a verter en el frasco hasta cubrirlo totalmente.
- Bueno, ¿qué hemos demostrado?- preguntó.
-Que no importa  lo apretada que tengas tu agenda. Si te empeñas al final hay tiempo para todo- dijo uno de los asistentes.
- No –dijo el asesor. Lo que esta lección nos enseña es que si no colocamos las piedras grandes primero, nunca las podremos colocar después... Ahora bien: ¿cuáles son las piedras grandes de nuestra vida...? ¿mis hobbies, la salud, el dinero, la familia, la educación…? Recuerden: estas piedras grandes pónganlas primero en su vida. El resto ya encontrará su lugar.


lunes, 31 de octubre de 2011

PROYECTO GLOBAL PARA TRABAJAR LA ESCUCHA Y LA ATENCIÓN



Vamos a tratar un tema que nos parece importante. ¿No os da la sensación de que con frecuencia los niños de hoy no escuchan? Mejor dicho, no hacen caso, como si nadie les estuviera hablando. En nuestra experiencia en campamentos lo comprobamos a diario: “Vamos chicos/as, vamos a hacer tal actividad”. Siempre hay a quien le gusta y a quien no, pero empieza a haber un número muy considerable de gente que “ni oye”, siguen hablando entre ellos sin hacer ni caso. Te acercas para asegurarte de que te pueden oir, les pones la mano en el hombro, repites su nombre y el aviso … ¡sorprendente! Resultas ser el hombre invisible. Continúan su conversación, como si no existieras, es decir, ni caso, ni caso, ni caso…

Supongo que parecidas experiencias tendréis vosotros en casa ¿no?
-¡Fulanito, vamos a poner la mesa! Y… siguen leyendo, jugando… sin levantar la cabeza.
Si estamos en el parque: ¡Chicos, vamos! – Y siguen jugando tan felices. Ni el menor gesto de darse por aludidos.

Bien, aunque es cierto y comprensible que a los niños no les gusten ciertas órdenes, no hemos de quitar importancia al hecho de que no escuchen ni hagan caso. Si toleramos, ya de pequeños y de forma habitual esta actitud, se convertirá en algo muy natural después y ¿cómo podremos con ellos en la adolescencia?
Ocurre que, cuando mandamos, por ejemplo, recoger la habitación y no lo hacen, no nos alarmamos ni preocupamos en exceso; de forma inconsciente pensamos que no perdemos mucho, salvo el tener que recogerlo nosotros (lo cual es, incluso, más agradable que “pelear” con ellos para conseguir que obedezcan). Sin embargo, cuando con 14, 15 años y de forma totalmente natural (pues es lo que han hecho siempre) nos ignoran cuando les aconsejamos en temas de más importancia, es cuando nos entra el agobio y la preocupación. Entonces nos creemos que la cosa va mal, cuando en realidad, iba mal desde hace muchos años.
Hay que empezar a poner los medios cuando todavía hay tiempo de arreglarlo, no sólo cuando el peligro es ya una realidad.

Nos diréis: ¿Y cómo hacer que nos obedezcan? Aquí, como en las enfermedades, hay remedios según el estado en el que se encuentre de avanzado el mal. En muchos casos, hay enfermedades (incluso graves) que se evitan de forma muy sencilla, preventiva, sólo con pequeñas revisiones o seguimientos. Otras necesitan remedios suaves y otros más drásticos.

Sería muy bueno que nuestros hijos se habituaran a escuchar cuando una persona habla, pues se le debe una atención. Ignorar a uno es un desprecio y por ello una falta de respeto y educación. Ésta, por supuesto es mayor cuando la persona que les habla tiene más edad o una cierta autoridad sobre ellos (padres, maestros, autoridades civiles, personal de seguridad pública…) Esto hay que explicárselo y recordárselo de tanto en tanto, cuando veamos que se les olvida. Ayudarles a guardar un turno en las conversaciones.

Otra cosa es asegurarse de que nos hayan escuchado. Cuando digamos algo o hagamos una petición y no levanten la cara, hay que pedirles que nos miren e incluso confirmar con una pregunta si lo han entendido. Se les puede dar un pequeño margen de tiempo de respuesta (incluso de protestas) pero han de saber que lo pedido ha de realizarse. Por ello es también bueno pedir con cabeza, es decir, no pidamos cuando el “horno no está para bollos” y midamos nuestras fuerzas, pues si pedimos hemos de ser consecuentes en exigirles aquello; de otro modo aprenden que no tenemos firmeza ni autoridad y que es cuestión de dar la lata, protestar hasta el infinito o ser maleducados para salir victoriosos de cualquier mandato. ¿Os dáis cuenta de lo que les enseñamos?

Supongamos que le decimos al niño: “Mira, David, creo que debes darle un repasito al armario. Puede ser ahora o dentro de un ratito, pero debes hacerlo antes de que salgamos a la calle”. Y si no hace lo primero, no se hace lo segundo. Si ésta es nuestra tónica general, es decir, no ceder nosotros (salvo por un motivo muy razonable ), ellos nos irán calando y sabrán muy bien cómo han de actuar. Se habituarán a tomarnos en serio. Igual que no hemos de ceder ante sus protestas, tampoco hemos de ceder ante su “pasar” o “ignorarnos", pues si esa tendencia crece (que crecerá con los años) imaginaros las consecuencias que puede tener cuando sean mayores; ya no habrá quien les mueva a trabajar, estudiar, obedecer o dejarse aconsejar.

Se nos ocurría también que quizás hiciera más efecto trabajar esto durante todo un año, pues no se consigue en una semana y es un tema importante. Un lema para la familia. Todos a por ello. Y no sólo eso ¿y si se hiciera de forma masiva, otros padres y el mismo colegio? Si aunamos fuerzas y tiramos todos en la misma dirección, quizás conseguiríamos más.

Os vamos a hacer una propuesta, un tanto “atrevida” pero que podría motivar a los niños. Podemos realizarla en casa y también en el colegio. La proponemos, por tanto, para padres y maestros. Sería una bonita experiencia, quizás más eficaz que el trabajar el tema aisladamente en casa.
En el caso de aplicarse en un colegio, sería un proyecto global, es decir, un proyecto que englobe a todo el colegio y sus familias respectivas, con una duración de todo el curso y que puede servir de motivación e inspiración para trabajar todas las asignaturas: lengua, mates, conocimiento, inglés…. todo, de forma más divertida. Si conseguimos que los niños estén motivados y quieran… no sabemos hasta dónde pueden llegar.

LA CONQUISTA DEL ESPACIO

VERSION SENCILLA (PARA CASA)






Se trata de que cada hijo viaja en un cohete espacial y puede ir conquistando un planeta cada mes, donde pondrá su bandera identificativa. Si cada día se valora positivo el trabajo de escuchar, se avanza una posición (hemos usado belcro adhesivo). Cada vez que logra llegar al planeta recibe un refuerzo positivo ( no necesariamente algo material). Hay doce planetas, para que nos dure todo el año.

VERSION COLEGIO




Se trata de un viaje espacial, donde varias naves viajan conquistando planetas de un pequeño trozo del universo. En cada planeta han de buscar una llave y recogerla. El objetivo es llegar a AGAPITON, fin de la expedición. Allí se encuentra un tesoro que sólo puede abrirse con las llaves encontradas en cada uno de los planetas.
Cada clase tiene un cohete, y tendrá curso y letra marcado. También diseñarán una bandera que les identifique y la irán clavando en cada planeta que conquisten. (En una hora de plástica, en cada clase, los niños pueden diseñar una bandera, después exponerlas y pasar a votar para escoger la bandera que más les guste para representar a su clase).
Los cohetes deben estar atentos en todo momento a la torre de control, si no quieren perderse por el espacio o caer en un agujero negro. Asimismo, necesitan combustible para avanzar, por ello han de conseguir unos bidones que les permitirá realizar los distintos tramos del recorrido.
El profesor puede pactar con los alumnos algunas de las condiciones para ganar los litros de combustible. Proponemos:

• MODO ATENCIÓN: Se trata de ser capaces de guardar silencio absoluto durante 3 minutos y escuchar atentamente al profesor. (Puede ser útil cuando tenemos que dar un aviso importante, cuando se dicen los deberes para el día siguiente, cuando concluimos una explicación y queremos que se queden con la idea fundamental…) Recomendamos usarlo sólo una vez por asignatura, pues corremos el riesgo de cansarlos y quitarles las ganas de contribuir.

• MODO CUENTA ATRÁS: 5,4,3,2,1,…0 , para empezar algo. Se puede empezar la cuenta atrás desde 15, 10… o lo que calculemos necesiten. Por ejemplo, para empezar a hacer unos ejercicios propuestos, puede estimularles para ser rápidos en preparar el cuaderno, lápiz y goma… de modo que cuando llegue el cero, todos puedan empezar. También puede valer para estar preparados para empezar la clase o explicación o para hacer la fila para salir…

También se puede ganar litros de combustible:
-si trajeron todos los deberes hechos (señal de atención y de que han hecho caso)
-si saben guardar turno y no interrumpir en las conversaciones o intervenciones de una clase.
-si saben trabajar en silencio (lo que ayuda a poner atención en lo que están haciendo y les permite escuchar al profesor si tiene necesidad de aclarar o decir algo)
Cada profesor puede proponer otras maneras de conseguirlos, según las necesidades que tenga su clase, ya que cada grupo tiene sus propias características.
También se pueden ganar litros de forma personal, cuando se vea en un alumno un detalle relacionado con la escucha, la atención y el hacer caso, que sirva para reforzarlo o estimularlo a él mismo o al grupo.

Si alguien no atiende, tras ser avisado, pasaría a un agujero negro de donde se sale (¡distinto que en los verdaderos!) con un esfuerzo de atención que lo valorará el profesor, no pudiendo en ese tiempo ganar litros personales (fijaos que ésta es una penalización suave, ya que en el momento que hiciera algo digno de ganar litro, sería considerado válido para salir del agujero, con lo cual como mucho puede perder la obtención de un litro).

Vamos ahora a ver cómo diseñamos todo esto.
Podríamos hacer dos paneles. Uno para infantil, y otro para primaria ( o si se quiere uno para 1º,2ª y 3º y otro para 4º,5º y6º). Plantearíamos la conquista de un planeta por mes; si se empezara al inicio de curso, desde octubre hasta junio, serían nueve planetas. Cada vez que se llega a un planeta, se coge la llave y se hace alguna actividad sorpresa con el objetivo de mantener una cierta intriga e interés por llegar cada mes a un planeta.



Marcamos con distinto trazo los recorridos de los dos grupos de cohetes, para evitar colisiones espaciales. El camino de planeta a planeta consta de 30 etapas, una para cada día. Cada etapa necesita un bidón de combustible. Se calcula que si se cumplen los objetivos diarios, se gana un bidón por día y con ello cada mes llegaremos a un planeta. Las sorpresas de cada mes intentarán mantener despierto el interés por el juego. Además de que se conseguirá una de las llaves del tesoro de Agapitón.

Vamos a calcular los litros que ha de tener un bidón para que sea asequible conseguir uno diario.:

-modo atención: 1L. por asignatura (unos 5L.)
-modo cuenta atrás: 1L. por asignatura (unos 5L.)
-deberes: si todos los niños lo traen 5L., si no 2L.
-escuchar explicación: 1L. por asignatura, (las asignaturas que cueste más guardar silencio pero interese lo haya, pueden ofertar 2ó 3L., según acuerdo de los profesores)(Calculemos 7L. diarios)
-trabajo en silencio: 1,2ó 3L. según la calidad del silencio (en cada asignatura que lo requiera. Calculemos unos 10L.)
- litros personales

De este modo un bidón podría ser de 30L. diarios. Quizás esto lo valoraréis vosotros mejor, maestros, que tenéis más experiencia en las conductas habituales de los niños, pues conviene poner una cantidad asequible para ellos, a la vez que requiera un ligero esfuerzo, pues se trata de superar su nivel de escucha.
Cada profesor, al final de la tarde valorará los litros conseguidos y actualizará el avance del cohete en el panel (puede escoger a un alumno que se haya esforzado para que lo haga).

¿QUÉ SE PUEDE HACER EN CADA PLANETA?

Una vez al mes se puede hacer la actividad de buscar la llave en el planeta (una de las que se necesitan para abrir el cofre de Agapitón). Aunque no todas las clases hayan llegado, se les envía un cohete-grúa que los translada al planeta para poder participar en la competición y tener la oportunidad de empezar una nueva etapa de viaje a otro planeta, sin arrastrar retrasos que les desmotiven. Por supuesto, la clase ganadora es galardonada con un certificado de la Nasa de ser astronautas de reconocido prestigio, que se colgarán en la puerta, para que puedan presumir.

Una posible manera de buscar la llave es enviar un robot (llamado RX) a la superficie del planeta. Este robot actúa de forma teledirigida y bajo nuestras órdenes. Pero nuestras órdenes han de ser muy sencillas, de otro modo RX no las entendería y por tanto no las ejecutaría. Podemos poner una serie de requisitos (como sortear una silla, saltar un banco de gimnasia, coger una mochila y recoger algo del suelo como muestras del planeta…) hasta llegar a un lugar donde hay tres cajas bocabajo. Sólo una de ellas tiene la llave.
Si realizamos esta actividad por cursos, tendríamos tres robots. Los robots podrían ser los profesores para asegurar que no haya trampas. Por turnos, sus alumnos han de decirle órdenes como:
-RX, da 5 pasos al frente; RX 3,2,1,0. ( sin este protocolo el robot no funciona)
-RX, gira a tu derecha media vuelta; RX 3,2,1,0.
El objetivo es dirigir a los robots hacia la zona de las cajas, y … a ver quien tiene la suerte de dar con la caja de la llave.

Se puede intentar mantener esta prueba en todas las llegadas a los planetas, pero si dejara de causar entusiasmo se pueden inventar ginkanas en las que han de superar 4 ó 5 pruebas repartidas por todo el patio. El primero que las supere, gana la llave.

También se pueden organizar partidos de fútbol interplanetarios, los venusianos contra los plutonianos, que se pinten un ojo en la frente…En vez de ganar la copa ganan la llave.
También las llaves se colgarán en la puerta de la clase ganadora.

Se puede intentar mantener también el interés por el tema con varias actividades repartidas por el curso como:
- Concurso de dibujo de extraterrestres. El dibujo ganador será la mascota de toda esta aventura espacial.
- Visitas de unos cursos a otros. A ver qué se le ocurre a cada clase para sorprender a otras. (desde una invasión marciana, a visita de pequeños científicos que expliquen una de la mil maravillas del espacio…)
- Elaboración de murales para los pasillos del colegio
Puede servir también de excusa en lengua para hacer alguna redacción de ciencia ficción; dictados de textos del universo; en matemáticas para hacer problemas y cálculos con datos espaciales…
Al final de curso, juntando todas las llaves, se podrá por fin abrir el arcón . La sorpresa puede ser, por ejemplo, un helado para todos y un sencillo obsequio para el grupo que haya llegado más veces primero a los planetas.

Aunque este tipo de proyecto es para motivar en masa a los niños , no hemos de olvidarnos de ir felicitando, motivando o advirtiendo de manera personal a cada uno. Nosotros confiamos mucho, mucho en el trato individual. Creemos que cada niño, como cada persona, necesita sentirse conocido, atendido y querido personalmente. En el caso de los más guerreros, se sienten interpelados, ya no se refugian en la masa, y responden mucho mejor.
Os animamos a esta nueva experiencia.