viernes, 31 de enero de 2014

VIAJANDO POR EUROPA: FINLANDIA. Vale más ser que tener.



Siguiendo la programacion temática de VIAJANDO POR EUROPA 
os presentamos el primer país: Finlandia, con su cuento y la hoja del dibujo correspondiente.

Enlace para el dibujo:Hoja Finlandia
Ellos pueden buscar los datos que faltan.


CUENTO:  LA VERDADERA RIQUEZA

Hace muchísimos años vivía un rey poderoso en este lejano país.  Le gustaba el lujo y las riquezas.  Convocaba grandes fiestas en su magnífico castillo, a las que invitaba a otros ricos caballeros  y nobles para lucir sus ostentosas salas y ricos trajes. Pero su joya más preciada era su hijo. Era un joven fuerte, valeroso, extremadamente respetuoso y amable con su padre. El rey no podía estar más orgulloso y satisfecho de él;  era, además, un vivo retrato de su difunta esposa.
Llegó un tiempo en que el rey se sintió mayor y cansado y vió el momento de casar a su hijo y hacerle heredero de cuanto él tenía. El rey deseaba encontrar alguna dama de la nobleza suficientemente bella y digna para su hijo, pero ¿la encontraría? ¡Tenía en tan alto concepto a su hijo! A este fin el rey empezó a realizar una nueva serie de fiestas palaciegas donde acudían numerosos condes y duques con sus respectivas familias. Después de haber invitado a todos los nobles conocidos, el príncipe reveló a su padre que ninguna  de las jóvenes visitantes había atraído su corazón. ¿Qué podía hacer el rey? Se le ocurrió entonces realizar una gira por su reinado, visitando los condados más alejados con los que sólo mantenía relaciones a través de los mensajeros reales. Podría ser una oportunidad de conocer a todos sus súbditos, mostrar su preocupación por ellos y al mismo tiempo, conocer nuevas doncellas.
El rey informó a su hijo de sus intenciones, mandaron mensaje de esta visita a todos los condados y empezaron los preparativos.  Escogieron sus mejores trajes y llenaron los arcones de regalos para ofrecer. Cuando todo estuvo preparado, salió un pequeño séquito acompañando la carroza real.
Cuando llegaban a un palacio se alojaban allí durante unos días. Todos mostraban agrado por tan honorable visita y los atendían magníficamente. Padre e hijo disfrutaron de las estancias y aprovecharon la oportunidad para mostrarse cercanos a estos súbditos desconocidos, brindándose generosamente a ayudarles en los problemas que tenían, porque también es cierto que  el rey era un hombre preocupado por su pueblo.
Así pasaron los días y los castillos, pero la anhelada dama no era encontrada. A pesar de haber conocido jóvenes atractivas y ricas, el joven no se sentía atraído por ninguna. Incluso el mismo rey, compartía este sentir… faltaba algo. Aunque el viaje estaba siendo  muy positivo en cuanto a relaciones diplomáticas, la esperanza del padre iba decayendo; a pesar de todo intentaba mostrarse igual de animoso.
Por fin iniciaron el viaje de vuelta a su castillo. Se había intentado todo. El rey estaba desanimado y contrariado.  A eso del medio día, la carroza real pasaba por un camino cerca de un río, cuando una de las ruedas se salió de su eje.  El carruaje cayó pesadamente al suelo y partió varias de las tablas principales. La comitiva paró y el rey malhumorado ordenó que lo arreglaran inmediatamente. Éste se sentó bajo una sombra y el príncipe prefirió dar una vuelta por aquel paraje, que, por ser primavera, resultaba especialmente bello. Anduvo por un pequeño sendero que discurría junto al río.  Al cabo de un rato, distinguió a una  joven que lavaba en el río, al otro lado de la orilla. Lo hacía con destreza, y el cuadro le pareció agradable. Sin embargo no pudo contemplarlo  mucho, pues ella, ajena  a ser observada, terminaba su tarea y recogiendo ágilmente la colada en su cesto, se marchó.   El príncipe quiso haberse dirigido a ella, pero cuando quiso reaccionar se había perdido entre los árboles.
El príncipe volvió al lugar donde habían dejado la carroza. El rey estaba cada vez más enojado pues los vasallos le habían dicho que la carroza no podía ser reparada sin un nuevo eje y tablas de una pieza. La única solución era encontrar un hostal en el pueblo más cercano y  alojarse allí hasta que un herrero y un carpintero  pudieran suministrar las piezas necesarias y arreglarlo. Un par de soldados marcharon a caballo. Sorprendentemente volvieron muy pronto,  ya que muy cerca de allí había un pequeño hostal a las afueras de una sencilla aldea.
¡Cual fue el asombro de los hostaleros al ver llegar allí  al mismísimo rey y su hijo, junto al pequeño séquito! Rápidamente acondicionaron todo  el local lo mejor que pudieron. Afortunadamente, los numerosísimos regalos con los que iniciaron su viaje ya habían sido ofrecidos,  pero  a pesar de ello  el pequeño hostal a penas daba cabida al equipaje y a los huéspedes. Todo la tarde el rey estuvo de muy mal humor, por el fracaso de su viaje, por el incidente de la carroza y porque con todo ello no había podido comer, con lo cual tenía un hambre canina. Cuando llegó la hora de la cena, bajaron al comedor  y su ánimo empezó a cambiar cuando la hostelera le sirvió aquella cena tan bien preparada. Fue de su gusto y al felicitar a la hostelera, ésta contestó que realmente la cocinera había sido su hija, a la que el rey mandó llamar  para felicitarla. Entonces apareció una agradable jovencita, que resultó ser, para sorpresa del príncipe, la que encontró lavando en el río. Se alegró de volverla a ver.
Todos se retiraron a sus aposentos y a pesar de no encontrarse en las espaciosas estancias donde acostumbraban, aquel lugar resultaba agradable y acogedor.
Al día siguiente los criados del rey le notificaron que la carroza estaría lista en tres días. ¡Tres días! ¡¡Tres días!! Pero… ¿qué iban a hacer allí tres días? El príncipe recibió la noticia con agrado, se encontraba a gusto allí. El hostalero se ofreció a enseñar a pescar a sus majestades en el río. El rey aceptó, por matar el tiempo. El hostalero resultó ser un agradable maestro y compañero de pesca, de buena y grata conversación.  Después de un rato, mientras esperaban  pacientemente la pesca, el hostalero se disculpó, pues tenía que atender a los animales del establo. También estaba construyendo un pequeño murete, para ampliar la cuadra. Tenía, pues, mucho trabajo.  Padre e hijo quedaron  solos y en silencio y en el rato de espera contemplaron el paisaje. Era realmente bello, respiraron hondo, realmente se estaba muy bien allí. Contemplaron un pequeño jardincillo que lindaba la casa, las flores eran preciosas, muy bien cuidadas,  podría decirse que sus jardines reales casi podrían sentir envidia.  También la casa estaba muy bien arreglada, sencilla pero cuidada con esmero.
Llegó la hora de la comida, que resultó nuevamente exquisita, muy del agrado de su majestad. Bueno, a pesar de todo, la estancia en aquel lugar estaba proporcionado al rey un auténtico descanso. Por la tarde el príncipe pidió un caballo para ir a cazar, los vasallos fueron con él; sin embargo el rey prefirió dedicarse a la pesca, le estaba gustando, pues por la mañana había conseguido una buena pieza y estaba realmente satisfecho.  Aquel silencio y soledad le estaban gustando, nunca la había experimentado, ya que en la corte siempre había trajín, conversaciones superfluas  y diez criados alrededor atentos a su  más mínimo deseo. Se sentía libre, tranquilo… En esto, uno de los hijos del posadero, aún pequeño, jugaba cerca del río con una pequeña pelota de cuero que su madre le había confeccionado. La lanzaba al aire cuando una de las veces se  quedó enganchada en las ramas de un árbol. El niño se quedó mirando con pena, clavado en el suelo. Miró al rey, miró la pelota. Entonces el niño corrió hacia el rey y le dijo con naturalidad: “Señor, ¿usted me podría coger la pelota…?”   Aunque nunca el rey había tenido que servir a nadie, el trato tan confiado y espontáneo del niño le produjo un nuevo sentimiento agradable.  Probaron con piedras, probaron con palos… y mientras, entablaron amistad el niño y el rey, que por primera vez en su vida sentía que alguien le  trataba con total naturalidad, sin ningún condicionamiento por su rango de rey. 
Por la noche comieron muy a gusto el gran pez que el rey había pescado, que, claro, opinó que era el pescado más exquisito que jamás había probado.
Al día siguiente, los criados reales se acercaron al pueblo a ver el estado del carruaje. Padre e hijo pasearon un rato junto al río y al volver vieron a la joven arreglando su pequeño pero precioso jardín.
-          Señorita, tiene usted el jardín más hermoso de la tierra- dijo el príncipe- Me gustaría ayudarla…
-          ¡Oh, no, mi señor, usted es un príncipe!- y haciendo una graciosa reverencia, se retiró discretamente.
Entonces el príncipe comentó a su padre: “Padre, realmente ser príncipe es un poco aburrido, no puedes hacer nada, con mucho gusto la hubiera ayudado… “.  El rey se encogió de hombros ¿quizás él pensaba lo mismo?
Se pusieron a pescar y desde allí observaban al  hostalero que seguía construyendo  el murete de la cuadra. Aún le quedaba mucho, pues el pobre hombre tenía mucho trabajo con los animales, huerto… y este otro trabajo iba adelante poco a poco.  Observaron como hacia la mezcla de barro y como iba disponiendo las piedras, parecía fácil y sencillo.
Después de la comida, buscaron una sombra para leer plácidamente. De pronto se oyeron unas voces apuradas. Era el hostalero, que gritaba preocupado. El pequeño asno que tenían había entrado al río en una parte algo profunda, y se estaba hundiendo. Aunque el buen hombre tiraba de él con una cuerda, era incapaz de sacarlo. Los dos únicos vasallos que estaban en ese momento en el hostal  corrieron a estirar,  pero no parecía ser bastante. Padre e hijo, sintieron instintivamente la necesidad de ayudar. Corrieron hacia allí y empezaron a tirar del animal. No escatimaron esfuerzos, incluso se metieron en el agua para conseguir algo. Por fin lo lograron.  El hostelero no salía de su asombro y dio mil gracias a sus majestades, pues indudablemente el asno se había salvado gracias a su ayuda.
Por la noche, tras la cena, la familia del hostalero estaba junto a la chimenea, como era su costumbre. Se acercaron a despedirse antes de retirarse a dormir. Allí  la joven estaba bordando una linda mantelería. Al rey le gustó y se ofreció a comprárselo, admirando el gusto y buen arte que tenía.
Aquella noche el rey no pudo conciliar muy bien el sueño. Experimentaba algo nuevo. ¿Qué  había en aquel lugar?  Se estaba muy bien. Se levantó muy temprano, cuando todo el mundo aún dormía y se puso a pasear sólo junto al río, sintiendo de nuevo aquella sensación de libertad que tanto le llenaba.
Se acercó al establo y vio el murete en construcción.  Vio también el cubo con la tierra, la pala y las piedras. Tuvo la irresistible tentación de continuar.  Sabía cómo hacerlo pues  había observado al  hostalero con atención aquellos días. Se puso manos a la obra. En una hora había adelantado mucho. Se sentía profundamente satisfecho.
Apareció el hostalero: “¡¡Majestad!!” Pero el rey ordenó: “Venga, hoy tenemos que acabarlo, que si no se volverá a escapar el asno”  y el sorprendido hostalero no tuvo más remedio que obedecer.
A la hora de comer el rey estaba pletórico de gozo. Sentía por primera vez el maravilloso sentimiento de sentirse útil, de estar cansado por ayudar a alguien… además la comida le sabía a gloria, pues estaba realmente hambriento.
Aquella noche cuando se acostaba, la última frase que dirigió  a su hijo fue: “ Y nos ha quedado bien, francamente bien…”  Y durmió como nunca.
Al dia siguiente, el día de la marcha, el príncipe pidió a su padre pasear junto al río, pues tenía algo que comunicarle.
-Padre, he de hacerle una petición que espero me la conceda, pues es muy importante para mí.
-Habla, hijo, habla- dijo. Se sentía tan feliz que estaba predispuesto a ser condescendiente.
- Padre,  en este lugar he reafirmado pensamientos que ya hace muchos años mi corazón presentía y anhelaba. La vida de la corte se me hace aburrida, artificiosa, las riquezas no me llenan  como a ti. He observado con agrado tus acciones de estos días, pues quizás ahora me puedas comprender. He encontrado la mujer de mis sueños… quisiera pedir por esposa a  Alice, la  joven posadera. ¿Has visto qué sencillez, qué naturalidad hay en ella? No es amiga de coqueteos, ni risas fingidas ni falsas… sino que tiene el encanto de la discreción y de la naturalidad. Vos mismo habéis observado su laboriosidad y buen hacer, su exquisito gusto y habilidad en  los bordados, sus atentos cuidados para todo, hasta  las flores parecen agradecérselo… Creo que es una auténtica mujer, capaz de llenar mi corazón. Será la  reina de más valor.
El padre escuchó en silencio. Quizás eran las palabras de su hijo las que acababan de  aclarar todos los sentimientos que  esta pequeña estancia había hecho bullir en su interior. Sí, realmente aquí había descubierto el verdadero valor de las cosas. No eran las riquezas y lujos lo que le había dado más felicidad en su vida, no. Lo había experimentado. Había gustado de la sencillez de aquel hogar, se había sentido realizado cuando pescó aquel gran pez, incluso cuando ayudó al niño a coger su pelota… ni que decir cuando se vio capaz de levantar el murete. Sí, el hombre valía más por “ser” que por “tener”. ¡Y qué armonía y  calor de hogar se sentía en esa familia! Ese bienestar nunca lo había sentido en palacio.
-Tienes razón, hijo. Nunca hubiera aceptado que te casaras con una joven llana del pueblo. Pero después de estar aquí todo lo veo distinto, muy distinto… Sí, ciertamente esa joven vale más que todas las damas de la corte que hemos visto… y te hará profundamente feliz. Sí, hijo mío, te doy mi total consentimiento.

PROGRAMACIÓN TEMÁTICA: VIAJANDO POR EUROPA.


Así como la alimentación equilibrada consigue organismos adultos sanos, una educación “equilibrada” producirá personas adultas bien formadas. 
En el campo de la nutrición, cuando algunos alimentos  no gustan tanto pero son muy necesarios por su aporte en vitaminas o proteínas ¿qué hacemos? los cocinamos de forma atractiva, o los disimulamos haciendo un “estupendo puré”. El objetivo es que entre para dentro.

De igual manera la educación procura aportar todos los valores que enriquecen a las personas.  La educación entra por los ojos y por los oídos. Hacen falta las dos vías. Necesitan ver el ejemplo en los padres, en educadores y  … bueno, realmente deberían verlo en todos los miembros de la sociedad. Además de esto, deben oírlo. Debemos encontrar maneras de llegar a ellos, hablar de tantos temas importantes:  el decir la verdad, detestar las trampas, engaños y fraudes; que no se les pegue el dinero y busquen hacer las cosas bien, como tienen que ser; ser respetuosos con TODO el mundo, independientemente de su físico, forma de pensar, raza…; saber hacerse respetar, por lo mismo; responsables con su estudio, como forma de capacitarse para que en un futuro puedan aportar su granito de arena a la sociedad… Pero todos sabemos que los niños prefieren jugar que estudiar, escurrir el bulto y hacerse los sordos antes que colaborar en casa… Nosotros como adultos, no hemos de ceder y somos responsables de su formación.  Se trata de “cocinar” más apetitosamente estos valores, para que quieran tomarlos y les hagan crecer como personas. Y lo más apetitoso para un niño es el juego, viven en un mundo de fantasía.

Intentemos “endulzar” la educación con juegos, con nuestra presencia cariñosa, con decir las cosas con respeto, sabiendo esperar el momento oportuno SIN DEJARLO DE HACER ( ¡¡vital !! ), con buen humor y  dando ánimos…  Si echamos este “azúcar”, hasta podremos aumentar la dosis de “educación”, pues se lo toman muy bien. Con el fin de ayudarnos a esto, os ofrecemos material. 


VIAJANDO POR EUROPA

Vamos a  proponer un viaje por  Europa.  Haremos un mapa de Europa en una cartulina, o al menos podemos comprar un mapa mudo de este continente. Visitaremos algunos países. Puede servirnos para aprender algunos datos de él: localización, capital, población...  Contaremos un cuento propio de ese país. A continuación  cada uno puede decir lo que más y lo que menos le ha gustado del cuento. Decimos el  mensaje que transmite y el valor que queremos trabajar. Luego cada semana, en la reunión familiar que tenemos, repasamos cómo nos va y nos lo volvemos a recordar. Va bien trabajar el mismo punto al menos un mes, para que nos dé tiempo a todos a interiorizarlo y practicarlo.  
Para cada país daremos el cuento y un enlace a un fichero que contiene un dibujo para colorear y un pequeño texto con frases relativas al valor.



viernes, 20 de diciembre de 2013

EDUCAR VALORAR LO PEQUEÑO. EL PAÍS DE LAS NUBES: LUCERITO Y ESTRELLA


A menudo vamos por la vida muy deprisa.  Las actividades parecen atropellarnos, el trabajo, la casa, el colegio, los niños… Sólo que nos tomáramos un poco más de tiempo para saborear las cosas, la vida cambiaría radicalmente, resultaría realmente atractiva y gratificante.  ¿De qué nos sirve tanto hacer, tanto correr, tanto adelantar… si lo hacemos como una carga y sin saber para qué? Todo depende de esta pequeña actitud: saborear cada instante, vivirlo con calma e intensidad.

Alegrarnos de levantarnos cada día, llenos de salud, nosotros y nuestros hijos… Alegrarnos de poder vivir en un país en paz, poder salir a la calle con libertad, sin opresiones peligrosas… Alegrarnos de nuestro trabajo, por duro que sea, en tiempos de crisis es una bendición… Alegrarnos de nuestros pies y manos, que nos permiten realizarlo… Alegrarnos de volver a casa estos días de invierno y poder sentir el agradable calor y decir “hogar, dulce hogar”… Alegrarnos de nuestros ojos y de poder ver, aunque sea andando ligeros al trabajo, el cielo, el sol, los árboles de nuestras calles, son obras maestras de la naturaleza… Alegrarnos de nuestra familia, nuestros hijos, de poder ser para ellos  una fuente de cariño y protección…
Aunque todo esto sea “entre comillas” y en mayor o menor grado, el caso es que lo es. Todas esas pequeñeces ¡qué grandes son! No es justo despreciarlas. De hecho, si lo hacemos, somos nosotros mismos los que nos hacemos la vida más amarga de lo que es ya que esta multitud de pequeñas cosas son las que la endulzan a diario.

Si sabemos valorar lo pequeño, sabremos enseñar a nuestros hijos a disfrutar de la vida. No necesitarán tener  el último modelo de todos los avances tecnológicos, ni necesitarán tirarse de un avión con o sin paracaídas para llenar esa necesidad de satisfacciones. Sabrán ser felices sin extravagancias. 

Nuestra misma actividad, con sentido, es siempre reconfortante. Disfrutar de hacerlas bien para que sirvan a alguien, esa proyección de nuestro trabajo hacia el resto de  personas nos hará sentirnos útiles y realizados.
La misma tarea de ser padres y madres, hemos de saberla disfrutar. Quizás sea la actividad humana que más sufrimientos trae pero al mismo tiempo la que produce más gozo y satisfacción ¿no es cierto?

EL PAÍS DE LAS NUBES: LUCERITO Y ESTRELLA

Lucerito es la hermanita de Estrella. Tiene sólo año y medio. Estrella la quiere con locura pues ¡deseaba tanto una hermanita o hermanito!  Le cuenta cuentos, hacen plastilina juntas, juegan al escondite… y claro, Lucerito ¿cómo no va a querer a una hermana así?
Estrella tiene ocho años y pinta muy bien. Una tarde, Estrella estuvo pintando un dibujo de unos cuantos duendecitos jugando en el parque del  Arco Iris y le estaba quedando maravilloso.
-¡Mira, papá, mamá! ¿A que me está quedando bien?
-¡Uy, está precioso! Cuando lo termines ¿nos lo dejarás para nuestra habitación?- dice papá.
-Vale- contesta satisfecha Estrella.
Estrella vuelve al salón y sigue pintando. Está junto al balcón, pues tiene más luz. Como es primavera, tiene la puerta abierta y corre una agradable brisa. De pronto… ¡Zas! Una ráfaga de aire fuerte, levanta el dibujo de Estrella y… se lo lleva volando, volando…
-¡Oh! El viento se ha llevado mi dibujo- dice sin poder evitar que le salten algunas lágrimas. Y se sienta triste en el balcón. Pero aquí llega Lucerito, que no entiende de vientos ni de dibujos, y ve a su hermana sentada en el suelo del balcón. Se acerca rapidita, toda sonriente, con ganas de jugar. Lucerito se le echa encima para abrazarla y le hace gestos cariñosos poniendo sus manitas junto a las de Estrella. Ésta la mira y le dice: ¡Ay, Lucerito, qué triste estoy, se ha volado mi mejor dibujo!
Pero Lucerito, que no entiende, le enseña unos palitos que trae en las manos y le da uno. Estrella lo coge y Lucerito se ríe. Luego le da el otro, que de nuevo coge y Estrella se queda con los dos palitos mirando a Lucerito a ver qué quiere ahora. Entonces Lucerito se los quita de golpe y se vuelve a reír. A Estrella se le está olvidando la pena del dibujo porque Lucerito la está entreteniendo con los palitos.
-¡Ay, pillina! Primero me das los palitos y ahora vas y me los quitas.

Lucerito se ríe y repite el juego: le da un palito, luego el otro y otra vez se los quita.  Estrella está divertida con el juego y le dice a Lucerito. “¡Oye! No me quites los palitos que si no te pillaré”. Entonces Estrella se pone a gatas y pone cara de comerse a Lucerito. La pequeña ríe emocionada y  se pone a correr, o al menos lo intenta, un tanto torpemente. Ríen las dos y de vez en cuando, Lucerito se vuelve y atrapa a su hermana con un abrazo.

viernes, 22 de noviembre de 2013

EDUCAR EL AGRADECIMIENTO. EL PAÍS DE LAS NUBES: METEORITO


El agradecimiento es un valor que no debemos olvidar. Podríamos definirlo como la capacidad de valorar y mostrar agrado por todo lo que recibimos de otras personas,  sus servicios, ayudas, cuidados…
Ser agradecidos supone un cierto grado de sensibilidad, el cual nos permite captar, “sentir” esa innumerable cantidad de beneficios y atenciones de las que somos objeto por parte de otros. Realmente recibimos de los demás mucho más de lo que pensamos.
El agradecimiento ayuda mucho a la buena convivencia, pues una persona agradecida  “cae” bien, predispone a tratarla bien, mientras que la exigente o desagradecida produce antipatía y hasta  un insano deseo de pagar con la misma moneda. Una sencilla manera de contribuir  a que la sociedad no sea tan fría y distante, es aumentar las muestras de agradecimiento.

El agradecimiento “al instante” y el agradecimiento “a la larga”
El agradecimiento al instante no suele faltar  cuando somos objeto de una atención u obsequio, cuando nos preguntan y se interesan por nosotros o cuando recibimos un servicio… Estamos prontos a dar las gracias y enseñarlo así a nuestros hijos. Socialmente es considerado como un acto básico de educación.
Sin embargo, el agradecimiento “a la larga”  es mucho más valioso y desgraciadamente no es considerado como  tan elemental y necesario. Sería un “tener memoria” de todos los detalles y beneficios recibidos de una determinada persona, aunque sea a bulto, y por ellos deberles una muestra de nuestra amistad, que se ha ganado a pulso, cuando llegue el momento preciso. Dice el refrán: “Los amigos se muestran en las ocasiones”. Eso es ser verdaderamente agradecidos.
Puede ocurrir  alguna vez que recibamos, por parte de un amigo o ser querido, unas palabras hirientes (incluso profundamente hirientes) o fuera de tono, o quizás una actuación poco adecuada, un olvido o desprecio… Antes de tirar por tierra esta amistad o relación hemos de poner en práctica este agradecimiento “a la larga”. Hacer memoria de la cantidad de momentos compartidos, el apoyo, la ayuda… y mostrar que lo valoramos sabiendo, al menos, esperar. El agradecido está más pronto a la escucha que al rechazo y la venganza; da una nueva oportunidad, se pone en el lugar del otro e intenta comprender las razones de aquella actuación. Da oportunidad a un diálogo sincero, se muestra amigo y sea cual sea el resultado final de la conversación, es respetuoso y correcto pues no es justo olvidar en un instante tantos bienes recibidos.
Indudablemente vemos justo que los hijos sean agradecidos pues reciben TODO de los padres. Realmente ¡cuánto dan los padres! Bien lo sabemos ahora que lo somos, toda la vida orientada a su crecimiento y formación. Seamos agradecidos con nuestros padres y nuestros hijos lo aprenderán sin necesidad de muchas palabras.
Seamos agradecidos con todos y ganaremos en calidad humana.


EL PAÍS DE LAS NUBES: METEORITO

Meteorito y Cometa siempre habían sido amigos, aunque este último curso, como habían cambiado de compañeros, habían hecho nuevos, de manera que Meteorito solía estar más con Sol. Cometa con otros. En el patio solían juntarse todos a jugar al fútbol, a pillar, a cambiar cromos… Justamente ahora estaban con una colección.
Cometa era muy bueno en los deportes y esto hacía que le gustara ganar. Por esta razón a menudo se enfadaba. Así ocurrió un día que Cometa iba directo con el balón a meter gol. Meteorito, que estaba en el equipo contrario, quiso impedirlo y al regatear con Cometa le hizo, sin querer, una zancadilla. Cometa cayó al suelo y viendo perdido el gol, y sintiendo el dolor de la pierna, explotó malhumorado insultando a Meteorito. Aunque Meteorito le pidió perdón, Cometa siguió muy enfadado.
Al día siguiente al hacer equipos, Cometa aún estaba enojado: “No cojáis a Meteorito que es  más torpe que un  pato”. Esto, indudablemente, dolió a Meteorito, pero se calló. Y aún más le dolió escuchar repetidas veces el apodo “patoso” todo el día; hasta lo decían otros compañeros.
Por la tarde, a la salida del colegio, un niño de otra clase empezó a intercambiar cromos con Meteorito. En un momento dado, Meteorito reconoció los dos cromos que le faltaban a Cometa para terminar la colección.
-¡Eh!¡Espera!- dijo Meteorito. En un segundo  pensó en Cometa, pensó en vengarse no diciéndole nada, pero también vio la oportunidad de volver a ser amigo de su amigo y reaccionó- ¡Espera!- Alzó los ojos y vio a Cometa jugando en una zona del patio.- ¡¡Cometa!!...¡¡Cometa!!...¡Corre, los cromos que te faltan!
Cometa paró su juego, y al comprender el mensaje, corrió hacia allá. A pesar de seguir enfadado con Meteorito, aquello le interesaba.
-¡¡Mira Cometa, los dos cromos que te faltan!!
-¡Uauu!- dijo Cometa no pudiendo evitar una radiante sonrisa- ¡te los cambio! – dijo dirigiéndose al chico y sacó rápidamente del bolsillo sus cromos.
- Por cinco-  dijo el otro, viendo tanto interés.
- Vale-
- No, no …Sí, no, no…  sí
Al finalizar sólo habían encontrado tres para cambiar.
-Lo siento, no te los cambio…-dijo el chico haciéndose el interesante.
- Por favor, ¡Por favor!- suplicó Cometa viendo perdida la oportunidad.
Entonces Meteorito sacó los suyos y dijo:
-Espera, mira a ver en los míos también…
-No, no …sí, no,no… ¡Sí! Vale, tomad- dijo el chico y se marchó.
Cometa quedó un poco confundido, pero aquello le llegó al alma.
-Gracias, Meteorito, de verdad… Por favor…Perdona lo mal que me he portado contigo desde ayer…
-¡Bah! No importa, ya se sabe que todos tenemos malos momentos ¿no somos amigos? Pues si un amigo no sabe esperar ¿quién lo hará?




lunes, 28 de octubre de 2013

EDUCAR EN LA SINCERIDAD. EL PAÍS DE LAS NUBES: CRISTALINA.


La sinceridad es un valor tan básico y necesario que de manera natural lo damos por supuesto. La verdad podríamos compararla con los cimientos de los edificios; no se ven pero son sobre los que construimos toda la obra. Si los cimientos son profundos y bien sólidos, podemos estar tranquilos de que todo lo asentado sobre ellos aguantará y no se vendrá abajo. Nuestras relaciones con las personas, nuestras decisiones, nuestra forma de actuar… se basa siempre en el presupuesto de la verdad y de la sinceridad de los demás. Cuando por algún motivo esto falla, nos sentimos inseguros, decepcionados, no sabemos a qué atenernos y cómo actuar. Y es que la sinceridad, el que nos digan la verdad, es un derecho de la persona, lo necesitamos para construir nuestra vida con libertad y seguridad. Por ejemplo, un estudiante que quiere escoger carrera, necesita saber la verdad de cada profesión para poder optar a ella con libertad. Si le han prometido algo que no era cierto puede escoger equivocadamente, condicionado por ello.

Tampoco nos gusta vernos engañados… Cuando descubrimos que alguien nos trata así, movidos por un fuerte interés personal (a veces en la realización de una compra, en el trato personal con amigos o familiares que piensan sólo en su plan…), nos sentimos utilizados, lo que produce en nosotros profunda decepción y por supuesto, pérdida de confianza en esas personas.

De ahí la importancia de ser personas sinceras, de educar en la sinceridad. Ayudemos a nuestros hijos a decir siempre la verdad:

-Cuando descubramos una ligera mentira en ellos, no dejemos pasar la oportunidad de hacerles pensar. Busquemos un buen  momento, a solas con él. Digámosle que nos gusta tanto ¡tanto! su sinceridad que compensará sin comparación al disgusto causado por lo que ha hecho, sea lo que sea.
Cuando uno miente suele ser por miedo o por conseguir algo. Podemos aprovechar para hablar de eso que teme o quiere, ver los pros y contras y hacerle ver que nosotros sólo queremos ayudarle para que le vaya bien en la vida. Eso es lo que nos mueve.
Aunque la gran mayoría de veces revelar la verdad (después de haber mentido) puede considerarse el mejor pago por esa mentira, si ha hecho algo tan digno de penalización, mejor que sea él mismo el  que la piense y desee corregirse, ya que es para mejorar su persona.

-No digamos nosotros, padres y madres, ninguna mentira, ni siquiera cuando no estén presentes. Valemos más; no seríamos coherentes si luego exigimos a los demás que nos digan la verdad.

¡Qué mayor satisfacción que la de saber que los demás confían profundamente en nosotros! Esto nos lo tenemos que ganar.


EL PAÍS DE LAS NUBES: CRISTALINA.

Mamá Pandora estaba regando sus flores del jardín cuando llega Cristalina junto a ella.
-Mamá, ¿puedo hablar contigo?
Pandora miró a su hija y observó lágrimas en sus ojos.
-Claro, sentémonos aquí que se está estupendamente entre las flores- dijo, mientras se preguntaba qué le pasaría a su hija.
- Mamá tengo que decirte una cosa, pero no me riñas ¿vale?
- Vale, vale… haces bien en avisarme, no me vayas a pillar floja y falle yo, cosa que no quiero. Hazlo así siempre ¿vale?
- Es que…, es que… - pero las lágrimas no le dejaron continuar.
- No te preocupes, hija,  cuando se te pase me lo cuentas…. ¿te ha pasado algo grave?
Cristalina dijo no con la cabeza, mientras aún lloraba.
-¿es del cole? ¿de las amigas?...– Pandora fue probando mientras Cristalina decía que no - ¿has hecho algo malo?...- continuó.
Ahora sí que asintió Cristalina. En el tiempo que duró el sondeo, Cristalina ya se había serenado.
-Sí, pero es que es muy malo…
- No te preocupes, haces bien en decírmelo, así te puedo ayudar, ya ves que no me voy a enfadar. Estoy muy contenta de que me lo vayas a contar.
-Mamá ¿te acuerdas que te dije una vez que te había cogido cinco monedas cuando fui a comprar el pan? … pues es que he vuelto a cogerte dinero… ¡y el doble que la otra vez! – Cristalina empezó a llorar de nuevo.
Pandora guardó silencio un ratito. Ciertamente le inquietaba lo que estaba escuchando de su hija, era una falta preocupante. Pero veía en la sinceridad de su hija una herramienta poderosa para ayudarle  a enderezar esa tendencia naciente.
-¡Cuánto me gusta que me lo hayas contado, hija! Como eres noble, te das cuenta que eso no está bien y quieres corregirte. Si siempre que fallas, lo dices, este defecto desaparecerá por completo; pero si callas, aunque te propongas no volverlo a hacer más, fácilmente caerás, porque solos somos muy débiles y antojadizos. Además, tendemos a autojustificarnos.
- Gracias mamá, ahora me encuentro mejor.
-De todos modos, Cristalina, para evitar otro “esguince” y no meter la pata, ¿qué tal si hacemos “rehabilitación” para fortalecer la buena postura?
- Sí mamá, sí, ya lo había pensado; por supuesto te devolveré el dinero y el próximo día que los abuelos me den propina, he decidido darlo a esos médicos que ayudan en los países pobres... A ver si siendo generosa se me van un poco las ganas de tanto tener.
- ¡Qué estupendo, Cristalina! Estoy muy contenta de ti. Mira, todos tenemos fallos y debemos ir quitándolos. La clave está en ser valientes, decir la verdad y esforzarse seriamente por mejorar. Y cuando los fallos sean más graves, pues “rehabilitación”, así llegaremos a estar de lo más robustos.

UN EJEMPLO MUY ILUSTRATIVO DE ARUN GANDHI:

El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y el fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia, en su lectura en la Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el arte de sus padres:

"Yo tenía 16 años y vivíamos en el instituto que mi abuelo había fundado a 18 millas en las afueras de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Estábamos bien adentro del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine. Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para atender una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché la oportunidad. Como iba a la ciudad, mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes como llevar el coche al taller. Cuando despedí a mi padre él me dijo: Nos vemos aquí a las 5 p.m. y volvemos a  casa juntos.
Después de muy rápidamente completar todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me metí tanto en la película (una película doble de John Wayne) que me olvidé del tiempo. Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el coche y me apresuré a ir donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m.
El me preguntó con ansiedad: ¿Por qué llegas tarde? Me sentía muy mal por eso y no me atreví a decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el coche  no estaba listo y que tuve que esperar... Esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.
Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: Algo no anda bien en la manera que te  estoy educando que no te ha dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar qué es lo que hice mal contigo. Voy a ir andando a casa las 18 millas para tener tiempo para  pensar sobre esto.
Así que, vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta  casa por caminos que ni estaban cementados ni iluminados. No lo podía dejar solo... así que yo conduje 5 horas y media detrás de el... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.
Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir. Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso... Si me hubiese castigado de la manera que nosotros castigamos a nuestros hijos... ¿hubiese aprendido la lección?... No lo creo... Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo...

Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer”

domingo, 22 de septiembre de 2013

EDUCAR LA PERSONALIDAD. EL PAÍS DE LAS NUBES: LUNA


¡Qué gran conjunto formamos todos los hombres y mujeres del mundo! Gente de todo tipo, de todos  los colores y razas, con distinta fisonomía, diversas maneras de pensar y razonar, distintas costumbres, culturas, creencias y hábitos…

Al igual que los paisajes de la naturaleza son bellos por sus toques de color y variedad, así es el  paisaje humano. ¡Una gran riqueza! A más diversidad, más riqueza.

A veces se piensa que las diferencias son fuente de problemas, pero en realidad no es así. Tener distintos puntos de mira nos puede llevar a una visión más completa de las cosas. La raíz del problema es la falta de una mentalidad abierta y respetuosa. Aún nos queda mucho camino por andar en el terreno de respetar la libertad del otro. ¡Tantos siglos de historia, y aún tropezamos con el problema de la libertad… (del otro)!

¿CÓMO EDUCAR EN UNA MENTALIDAD ABIERTA Y RESPETUOSA?
En la vida vamos a ver y oír muchas cosas, muchas formas distintas de pensar y actuar. Unas nos admirarán, otras nos dejarán indiferentes y otras nos desagradarán… Pero hemos de aprender a verlas todas ellas con respeto.
Respetarlas no quiere decir que las consideremos válidas. Indudablemente el mal, el error existen; es una realidad palpable. Esta vida es una mezcla de luces y sombras, de errores y aciertos… y  a todos nos puede afectar. De hecho, somos el resultado de una educación recibida y amasada por estos dos ingredientes: la verdad y el error.
Así como los genes determinantes de nuestros rasgos físicos se van mezclando y heredando produciendo una infinidad de personas, todas ellas distintas y variadas, con rasgos agraciados y no tan agraciados, en nuestra forma de pensar se entrelazan estas dos corrientes de aciertos y errores, que unido a los distintos temperamentos y caracteres dan como resultado personas con elementos positivos y negativos.
Visto así, TODOS tenemos elementos de verdad y TODOS tenemos elementos de error, en mayor o menor grado. Sería una presunción considerarse superior al otro. Como consecuencia debería sernos natural en los diálogos, escuchar sinceramente las distintas opiniones y no encerrarnos en las nuestras. Se trata de buscar  entre todos, lo mejor.
Deberíamos sentirnos equipo, a todos los niveles: a nivel de familia, a nivel escolar, a nivel de trabajo, a nivel de gobierno…  siempre con el ánimo de ir mejorando cada ámbito (familia, colegio, sociedad...) Mediante una actitud dialogante ir descubriendo los elementos negativos y erróneos para eliminarlos y los válidos para potenciarlos.
 Para que esto no sea una utopía debemos trabajarlo a nivel personal, en nuestro día a día, con los que tenemos al lado. ¿Cómo?

VER, PENSAR Y ACTUAR EN CONSECUENCIA.

Ver y oír con respeto,  sin miedo alguno ¿de qué?  se supone que no tenemos  ningún  interés, sino buscar  lo mejor.

Pensar, razonar…lo que me han dicho. Buscar orientación si hace falta. No engañarnos con la solución más interesada, sino la más razonable. Sólo después de esto estamos capacitados para decidir.

Actuar: Si el criterio nos parece válido lo aceptamos como propio, si no, no. Actuaremos con libertad y en concordancia con lo que pensamos. En cualquier caso he de respetar y me han de respetar.
 En la vida ordinaria, aparecen miles de ocasiones de poca transcendencia, de practicar esto, por ejemplo: Varias amigas están conversando sobre qué regalo  es el más apropiado para un profesor  que se jubila. Después de un rato sin llegar a un acuerdo se oye a una decir: “Haced lo que queráis, pero bla,bla,bla…”  y la frase lleva un tono de enfado o desprecio que revela  que de respeto hay poco (aunque diga “haced lo que queráis”) y mucho de convencimiento de que “lo que yo pienso es  mejor y vosotras no entendéis de regalos  si no aceptáis mi propuesta”.
 Si hay verdadero respeto y mentalidad abierta, esto no puede sentarnos mal. Ni qué decir tiene que si tratamos temas más transcendentales, formas de pensar, ideologías… hemos de ser aún más respetuosos. Cada uno es libre para actuar como crea que es mejor ya que estamos en una democracia.

Este es el punto vital, porque si actuamos en consecuencia, tendremos libertad y personalidad. Seremos cada uno, uno mismo. Si no, seremos personas  débiles, esclavas del respeto humano, veletas que las mueve  cualquier viento  de timidez, comodidad o  intereses… ¡qué lástima!  Perdemos la riqueza propia de esa persona.
Tampoco debemos confundir personalidad, obrar con libertad, con ser personas que no aceptan consejos de nadie.

¿Cómo distinguir lo erróneo de lo correcto?
Ciertamente bien podemos hacernos esta pregunta.  Todos estamos expuestos al error  pero puede haber pautas que nos ayudan, en general, a ver con más claridad:

-Asegurar la escucha, aunque sea haciéndome fuerza. No tener prisa.  Saber dialogar, esperar a que el otro exponga su idea sin interrumpirle, morderse la lengua si fuera preciso. No acalorarme, no pretender tener razón porque hablo más deprisa o más alto, o porque se oyen más mis argumentos que los del otro. Si  atropello, nunca podré ver claro, yo mismo me ciego, me niego la luz. Quizás la solución me la traía el otro.
Además, si me muestro violento con el otro cuando habla, demuestro que mi forma de pensar es errónea, pues no acepta el respeto como criterio.

- Tras una conversación con diversidad de opiniones, hemos de ser con nuestro interlocutor igual o  más amables que antes. Eso demuestra  respeto profundo, nunca resentimiento o prejuicio.

- Los intereses, en general, nos hacen ver las cosas cambiadas. Acostumbrarnos a desconfiar de ellos. Analizar si cuando defiendo una idea es por ella misma o porque hay un interés que me engaña (la comodidad, el tener, ese punto de orgullo que impide desdecirme…).

- LO QUE VEMOS CLARO, HACERLO. Quizás ésta sea la raíz del problema. Muchas veces sabemos lo que es más conveniente, pero a fuerza de no hacerlo nos acostumbramos y le quitamos importancia, incurriendo en el error de manera  consentida y al final actuamos habitualmente mal. Hay una frase que dice: “Vive como piensas o acabarás pensando como vives”.

Todos delatamos el consumismo, pero si me gusta algo… me lo compro. 
Todos delatamos la violencia, pero cuando me interesa, quiero conseguir algo o me canso… grito, hiero…

A todos nos parece mal la pereza, sobre todo en los hijos que no quieren colaborar o estudiar ,  pero yo…

Todos pensamos que es mejor que no haya tanto fracaso en las familias, pero cuando me toca a mí disculpar, comprender, dedicar tiempo a los otros…

 Si somos sinceros, no debemos reclamar más lucidez de la que tenemos hasta que no hagamos lo que ya está  en nuestra mano para adquirirla.

EL PAÍS DE LAS NUBES: LUNA

Estela:   Vamos a ver a Luna. Tal como es, debe estar estudiando a tope para su examen de mañana.

Alba:     Mujer, estudiar medicina no es cualquier cosa… Siempre ha sido muy constante y estudiosa, con que  ahora…

Marisol: Sí, es verdad, hemos estudiado juntas en el colegio e instituto muchos años y  cuantas veces al irla a  buscar para jugar, nos decía que no si aún no había terminado. Por bonito que se lo pintáramos, la respuesta era inamovible: primero la obligación.

Estela: Claro que luego sacaba unas notas… y aún le decíamos: ¡qué rostro  tienes, vaya notas!

Alba: Ja,ja… es verdad, como si las notas fueran una lotería… ¡Ay, qué Luna ésta, siempre tan constante, tan firme… pero tan simpática y alegre!

Estela: Ya hemos llegado… Mirad, tiene la ventana abierta. ¡Luna, Luna! ¡Asómate un ratito!

La ventana de Luna estaba casi al nivel de la calle. Aparece Luna por la ventana y sonríe al ver a sus amigas.

Luna: ¡Hola chicas! Llegáis en buen momento, llevo mucho rato estudiando y necesito un rato de descanso.

Marisol: ¿Qué tal llevas el examen? ¿Te falta mucho?

Luna: Voy avanzando, pero esto es un pozo sin fondo… ¡Hay tantas cosas por aprender! Pero estoy disfrutando, todo me resulta muy interesante…

Alba: Seguro que ya te lo sabes todo, anda, sal un ratito  a dar una vuelta con nosotras…

Luna: Uy, chica, no sabes lo que me falta…

Alba: Veo que no has cambiado…

Luna: Si luego vienes a mi consulta con un dolor ¿querrás que te sepa diagnosticar bien o no?

Alba: Ah, eso sí, clarooo….

Luna: Ay, pilla, pues por eso tengo que estudiar. ¡Anda, qué casualidad, aquel señor que pasa por allí es Don Rayos, el profesor de anatomía, el del examen de mañana…!

Se giran a mirarlo y justo una fuerte ráfaga de viento azota la calle. Don Rayos se sujeta el abrigo con fuerza y con el movimiento se le escapa una hoja de la carpeta, que sale volando sin que se dé ni cuenta… Llega a las chicas, que lo cogen y leen… ¡EXAMEN DE ANATOMÍA!

Marisol: ¡Luna!¡El examen de mañana!¡Qué suerte!
Luna se queda mirando a sus tres amigas, que parecen más emocionadas que ella.
Luna: No, chicas, gracias, no lo quiero.

Alba: Pero, ¿cómo?- mirando atónita a su amiga.

Luna: No me gusta hacer trampas. No me gusta ser falsa y engañar haciendo ver que sé lo que en realidad no sé. Déjalo, es mejor que saque la nota que sea. El examen es para medir cómo vamos de conocimientos en una materia. Si me sale bien, señal que los domino ¡Estupendo! Si me sale mal, señal que me conviene repasar y estudiar más para afianzarlos, no vaya a ser que luego tenga mala base para las asignaturas de otros años. Quiero ser una buena profesional al terminar mis estudios, no ser un fraude y tener engañados a todos.No quiero acostumbrarme a salir adelante en la vida con trampas, que luego lo oigo de otros y no me gusta nada, nada…

Estela: Luna, tienes razón… , si no lo piensa una ¡parece tan inofensivo!

Marisol: Ay, Luna ¡Qué personalidad tienes! Haces honor a tu nombre, ya que la Luna siempre ayuda a orientarse.








domingo, 26 de mayo de 2013

EDUCAR LA AMABILIDAD. EL PAÍS DE LAS NUBES: NIEVES


Las cosas cambian mucho de encontrarse con una cara agradable a encontrarse con una enfadada o antipática. No es lo mismo tener un jefe con mala cara  a uno amable con el que se puede hablar. Tampoco nos da igual que nos atiendan con amabilidad y tomándose todas las molestias que secamente y con ganas de acabar.

En la familia pasa lo mismo. Sólo por este detalle nuestra casa puede pasar de ser un cielo a un auténtico infierno.
A veces las prisas, la rutina, la confianza mal entendida… pueden echar por tierra lo más bello y genuino del ser humano: la convivencia, el trato entre las personas. Teniendo consecuencias muy graves en la familia o en el equipo de trabajo.

Nos puede parecer que tener un mal día, preocupaciones o problemas, nos da licencia a descargar nuestra tensión en los demás y hablar de cualquier manera. Sabemos que no es así, pero con facilidad nos justificamos y cuando esto pasa, nos gusta que se hagan cargo, nos comprendan y tengan paciencia con nosotros ¡que ya llevamos bastante! Sin embargo cuando  nosotros somos las víctimas del mal humor de alguien, nos sentimos injustamente tratados y “reclamamos” (interior o exteriormente) el derecho a ser  tratados correctamente.
En resumidas cuentas, nos gusta que nos comprendan, pero nos cuesta comprender.

A veces se puede confundir  ser “espabilados” con usar tonos o acciones fuertes para no dejarse pisar. Es cierto que éstos, pueden “aparentar” conseguirlo, pero en realidad lo más probable es que los malos modos acaben estropeándolo todo. Muchas veces lo hemos experimentado cuando saltamos por impaciencia. Realmente se puede conseguir lo mismo y mucho más  con buenas maneras. Como dice el refrán: “Lo cortés no quita lo valiente”

Puesto que todos reconocemos y aceptamos como un  principio universal la amabilidad ¿por qué no apostar decididamente por ella?

Empecemos nosotros, sin esperar que otro lo haga primero conmigo. Rociemos el ambiente de pequeños gestos: un saludo afectuoso; adelantarse a realizar un trabajo que es de todos pero no es de nadie; poner buen humor y ver las cosas positivamente;  dejar el asiento del bus a una persona mayor; responder desenfadadamente y con calma cuando nos hablen con   excitación…
Pensemos que todos estos detalles, aunque parezcan insignificantes hacen el mundo más confortable, la sociedad más acogedora. Merece la pena.
La sonrisa es un buen edulcorante de la vida, mientras que los malos humores, tensiones, protestas… son, por el contrario, auténticos destructores del buen ambiente. Vivir al lado de un individuo así, se convierte en una desgracia.

Si vamos con ánimo positivo, veremos muchas oportunidades.
Vamos a proponeros dos ejercicios sencillos de amabilidad en el ámbito familiar:

1      - Aprovechar los ratos de comidas y cenas. En ocasiones estamos en la mesa, cansados del día y sin ganas de hablar. Aquello parece un velatorio. ¡Luego decimos que no tenemos tiempo para hablar con los hijos! ¿Qué tal si nos esforzamos en dar calor a estos ratitos contando algo que nos haya ocurrido durante el día? Es fácil que ellos se animen a contar lo suyo. Démosle un toque de humor y estemos atentos a valorarles todo lo positivo de sus experiencias, cuando nos cuenten algo. Todo esto une mucho.


2    - Cuando detectemos que nos va a salir una queja o reproche: ¡STOP! Cambiar el  “chip” y preguntarnos: 
k           ¿Es necesario decir lo que voy a decir, arregla algo?
             ¿Puedo decir lo mismo de otra manera?
  Esto es más importante de lo que parece, y también más beneficioso de lo que  uno puede imaginar. Probémoslo.



EL PAÍS DE LAS NUBES: NIEVES.




Aunque en el país de las nubes casi todos los duendecillos son muy agradables, existen también otros que tienen algún defectillo bastante acusado. Este es el caso de Granizo, un duendecillo de mal genio. Por su forma de ser, se está mal a su lado, pues todo son peros y protestas: que si ¡vaya día hace!, que no me empujes, que vaya rollo de clase, que si eres tonto…
A diferencia de lo que ocurre en nuestro país de la tierra, allí los defectos parecen menos malos porque como el resto de duendecillos son muy amables, se acoge al otro tal como es, con bastante naturalidad, y en vez de enfadarse con él , lo animan con paciencia.
Resulta que este año a Granizo  le ha tocado sentarse en clase con Nieves, que es todo lo contrario que él: muy sonriente y animosa, siempre con buena cara. Por fuerza todo el mundo está a gusto con Nieves, hasta Granizo, aunque proteste. Por ejemplo, esta es una muestra de conversación entre Nieves y  Granizo en clase:
    - Buff, aún quedan diez minutos de mates…
    -Pues yo creo que a lo mejor nos da tiempo a acabar los ejercicios. 
    -¡y qué! es muy aburrido… jo, y  ¡cómo me pica la pierna!
O en el recreo:
    -Venga Cometa, tira de una vez, que eres más lento… (tira) ¡ala! ¡que mal…!
Sin embargo si alguien tira mal, Nieves le disculpa con frases como: “no te preocupes, has hecho lo que has podido… “

El carácter de Nieves a todos cae bien, también a Granizo y sin darse cuenta, se le van pegando “algunos” gestos amables.

Un día, llegó a clase un alumno nuevo, venía de las nubes del Este. Y resultó ser muy parecido a Granizo. Bastante mandón, siempre creyéndose con la razón y con derecho a menospreciar a todos. En una ocasión, jugando a pillar, le alcanzaron y le agarraron de la manga. Con cara de enfado empezó a alzar la voz:
     -¡ten más cuidado! ¿vale? ¡No hace falta que me estires así…!
    - Uy, perdona; pero casi no te he estirado…
    -Sí, sí…  perdona - dijo en tono de burla repitiendo al otro.

Después de unos días ya todos se habían dado cuenta de su modo de ser, pues sus comentarios solían ser muy negativos: unas veces “que en este cole no sabían jugar a nada”, otras que no le gustaba el almuerzo; si no era que el profesor era antipático, o que le dejaras en paz… Todo ¡con una cara de vinagre…!

Así es que Granizo quedó impresionado y se atrevió a comentar a Nieves:
    -Jo, que antipático, siempre está de mal humor…

La profesora lo oyó y aprovechó para hablar con él en el recreo. Le hizo ver que él también tenía ese defecto y el pobre Granizo no acababa de creérselo. ¡Imposible! Bueno, algo cascarrabias sí era, pero ¿tanto…?

Granizo se fue a su casa y al llegar, su madre le preguntó qué tal. Él con su cara habitual de genio dijo en mal tono: ¡Jolín, ya me estás preguntando!
Fue entonces cuando se vio reflejado en el espejo de la entrada… ¡qué horror! ¡qué ceño, qué cara de ogro y qué gestos con las manos!  Se vio tan desagradable como al nuevo compañero. ¡La profe tenía razón!
El disgusto fue tan grande que se puso a llorar.

Al día siguiente, habló con la profesora, y le pidió ayuda, porque quería cambiar. No quería ser tan desagradable. La maestra lo tuvo muy fácil, le propuso que se fijara en  Nieves, no hacían falta muchas explicaciones. Le dijo:
                -Si te das cuenta, Granizo, cuando nieva cada copo de nieve que cae, cubre y embellece la tierra. Así es la sonrisa de Nieves. Cuando estés disgustado, frena un poco, y en vez de permitir que salga una mala cara, intenta que salga una sonrisa que la cubra.

Así fue como Granizo vio la importancia de trabajar su carácter. ¡Qué feliz se sentía! ¿Y sabéis con quién era especialmente amable? Con el nuevo compañero y con Nieves. Les estaba internamente agradecido ya que gracias a él, había caído en la cuenta de su propio defecto y gracias a ella, sabía como podía remediarlo.