sábado, 26 de enero de 2013

EDUCAR LA OBEDIENCIA. EL PAÍS DE LAS NUBES: VALERO



Todos sabemos que cada miembro de la sociedad tiene unas obligaciones y unos derechos. De los derechos no hay mucho que hablar, los tenemos clarísimos y los defendemos. En cuanto a las obligaciones habría más debate, pues impera en nosotros la ley del mínimo esfuerzo y nos es más difícil dar que recibir.

Aunque lo ideal sería que cada uno cumpliera con responsabilidad estas obligaciones, sabemos que de hecho, no es así. Es necesario poner unas normas y leyes que nos "obliguen" a cumplir  esas obligaciones, que ayuden a nuestra falta de voluntad. Obligaciones que en el fondo aceptamos y comprendemos necesarias. Por ello ha de haber unas personas que aseguren su cumplimiento. Se dice que estas personas tienen autoridad sobre nosotros. Resumiendo, se trataría de cooperar libremente en el cumplimiento de mis obligaciones, guiados o dirigidos por unas personas que tienen potestad para hacerlo. Así, más o menos, podríamos definir la obediencia.

Nos importa mucho trabajar este valor en los niños. Hemos de tener el arte de ganarnos su confianza, ganarnos la autoridad. Conviene educar esta disposición a aceptar lo que hay que hacer (obedecer), por la razón de que es bueno y conveniente, independientemente de si apetece o no. Para ello hemos de hacerles ver el lado positivo de las cosas, hacerles gustar del beneficio de los buenos valores y acostumbrarles a que se guien por ello (nosotros también, claro). Como veis,  aquí las ganas no pintan nada. A este respecto se nos viene a la cabeza una anécdota que nos contaba un padre. Su hijo no quería sentarse a estudiar y  no hacía más que protestar y decir que no tenía ganas. El padre, después de mirar un momento la mochila dijo con resolución: - ¡Estás de suerte, hijo! Menos mal que en la mochila has traído todo lo necesario: libros, cuadernos, estuche... y aquí en casa hay mesa, silla, luz... ¡perfecto! Las ganas en realidad no hacen falta para hacer los deberes, puedes empezar tranquilo.

Ante sus lloros y protestas, no ceder. Consentir es enseñarles que todo es relativo y vale cualquier cosa. Si se acostumbran a eso ¿quién podrá asegurar que ese criterio no les guíe en su adolescencia y juventud y acepten como válida la opción más descabellada y egoísta?
La autoridad es necesaria. ¿Verdad que no nos cuestionamos que en el colegio haya autoridad? Imaginemos que ocurriría si cuando un profesor mandara los deberes y los chicos empezaran a protestar, éste dudara y dijera: - bueno, vale, no los hagáis... O si el horario marca lengua, y  un niño dijera que no tiene ganas de lengua que mejor mates, que le gusta más ...y el profesor dijera: - bueno, pues vale, hagamos mates...
¡¡Estaríamos perdidos!!
Pues igual de perdidos estaremos si en casa nos falta autoridad. La autoridad, bien usada, es fuente de orden y bienestar.
Hay otra entrada en el blog sobre este tema. EDUCAR CON CUENTOS LA OBEDIENCIA.

El PAÍS DE LAS NUBES: DUENDECILLO VALERO

Valero es otro duendecillo del país de las nubes. Le llaman así porque siempre dice: -¡vale, vale! Cuando a Valero le mandan o proponen algo siempre está disponible. La verdad es que es un gusto estar con él. Por ejemplo si su madre dice: "chicos, a poner la mesa..." aunque se oiga a sus hermanitos decir: "¡estoy cansado, que la ponga otro!" o  "yo ya lo hice ayer..." siempre oirás la voz de Valero que dice: "Vale, mamá, ya vamos. Venga chicos..."
Siempre se sale con la suya y contagia a los otros que, aunque un poco más despacio, también van para allá.

En el cole, a la hora del recreo es como un imán. A veces hay un grupo de niños decidiendo el juego, y como no se ponen de acuerdo, están un rato largo sin poder jugar. Cuando aparece Valero todos se acercan a él, porque cuando está él todo funciona mejor, no hay tantas discusiones y juegan más. Aunque le   encanta jugar al fútbol, si hay mayoría para jugar a pillar dice: "Vale, ¡qué es muy divertido! ¿quién la paga? ¿yo? venga..." Y  ya empiezan todos a jugar y reir.
Es que saber ceder y complacer a los demás en cosas sencillas hace agradable la convivencia. Cuando el agua fluye por un terreno sin obstáculos va mansa y suave... ¡qué paz! Así era Valero, sin obstáculos, sin pegas ni quejas... Esto decía Nieves, su profesora, a otra maestra compañera: "chica, ¡qué consuelo tener a Valero en clase! Cuando mando algo a los niños y empiezan a protestar y a resistirse acabo agotada, agotada...  pero cuando Valero dice su "vale", empieza el descanso, los otros empiezan a serenarse y  a contagiarse de su actitud".

Seamos así, no pongamos tantas pegas y quejas para todo, no digas "No" a papá y mamá. ¡Verás qué descanso!


  
JUEGO MOTIVACIÓN:

Podríamos hacer una carrera cuyos  participantes sean “SÍ” y “NO”.
Cuando papá o mamá manden algo y consideren que se ha de hacer, ha de hacerse, tanto si los niños dicen sí como si dicen no. Si dicen “sí” marcamos un casillero del corredor SÍ y si dicen “no”, después de ser animados y avisados, marcamos un casillero del corredor ¨NO”. De todas maneras, han de hacerlo.
¡¡ A ver quien gana !!

SI









NO












domingo, 30 de diciembre de 2012

EDUCAR EL ORDEN. EL PAÍS DE LAS NUBES: MARISOL




El orden es una cualidad que nos interesa adquirir. Es un valor que nos ayuda a funcionar bien. De hecho se necesita a nivel personal (en nuestras cosas y en nuestra vida) y a nivel social: empresas, instituciones, ciudades, países...Una empresa sin organización de personal, material, de funciones y tareas fracasaría irremediablemente. Igualmente ¿podríamos imaginarnos un país sin orden? ¿sin orden en el tráfico, en la construcción, en educación , en sanidad...? ¡pues no! afortunadamente no podemos ni imaginárnoslo.
Subiendo aún la escala, pensemos en la naturaleza. También funciona bajo un gran orden. Fijaros en los planetas, cómo se mueven, rotan y trasladan bajo un orden preciso y exacto. Sin ese orden, los planetas colisionarían y el caos acabaría con todo.
Estas ideas nos deben  ayudar a valorar el orden y desearlo en nuestras vidas. También nos ayuda a comprenderlo nuestras experiencias de desorden, las cuales nos producen disgustos y  pérdidas de tiempo. Además,  el desorden es realmente desagradable y antiestético, mientras que el orden agrada y relaja.
Ayudemos a nuestros hijos a trabajar este punto. Seamos constantes en recordárselo y acompañarles. Podemos variar: una semana los juguetes, otra su estante de libros, otra el cajón de su ropita interior, otra el orden del baño... Todo este seguimiento conseguirá el hábito del orden. No basta decírselo a los niños y esperar que lo hagan ellos solos. No, el propósito es nuestro; hace falta que lo tomemos como propio. Si nos descuidamos nosotros, muchos niños no serán capaces de adquirir este hábito.

Hay otra entrada en el blog sobre el orden: Educar con cuentos: el orden


DUENDECILLA MARISOL:

Sin duda  Marisol es la duendecilla más limpia de todo el País de las nubes. Le encanta el orden. Quiere que todos estén a gusto, disfrutando del agrado que ofrecen las cosas aseadas. ¿Sabéis por qué el sol sale por el Este? Porque la casita de Marisol es la que está más al Este del País de las nubes y los brillos de su casa son los que primero asoman en el cielo, por eso todos la llaman Marisol.
Un día, la señora Escarcha visitó a Mari Nubes, la madre de Marisol.
-¡Cómo brilla esta casa! ¿Qué le pones a los suelos, Mari Nubes?
- Es Marisol, que convenció a su hermano Tornado, y entre los dos han barrido y fregado toda la casa. Y luego han jugado a caballitos con las escobas...
 También en el cole su profesora, la señorita LLuvias de Primavera estaba encantada con ella. ¡Daba gusto verle los cuadernos, libros, estuche..¡ Y desde luego todos los compañeros querían hacer equipo con ella, pues los hacía trabajar a todos y era seguro que los trabajos acabarían limpios,bien hechos y a tiempo.¡Buena nota asegurada!

Un día, su compañera Alba, manchó sin  querer con témpera uno de sus  cuadernos y se puso a llorar pensando en el disgusto que se llevaría Marisol. Pero no, se equivocó. Marisol le contestó:
-No te preocupes Alba, que sé que ha sido un accidente, ¡qué le vamos a hacer! El desorden es feo sólo cuando es por pereza o por dejadez.






PROGRAMACIÓN TEMÁTICA PARA EDUCAR VALORES. EL PAÍS DE LAS NUBES



Como decíamos en la última entrada del blog (educar en positivo y con firmeza), nos conviene educar de una forma amena para los niños ya que si logramos que ellos tomen parte y se involucren, avanzaremos muchísimo más. Cuando un niño no está motivado, todo es una dura lucha.
Os vamos a  presentar un tema que nos servirá de telón de fondo de todo el programa. Servirá de hilo conductor para presentar los distintos valores que queremos trabajar.  Podríamos llevar la siguiente dinámica:
  -  Se fija un día a la semana para una pequeña asamblea familiar. En ella contamos el cuento correspondiente. Después decimos cada uno lo que más y lo que menos nos ha gustado de la historia y porqué. Hablamos del valor que presenta el personaje y nos ponemos un pequeño propósito para cumplir esa semana.
   -  A diario, antes de irse a dormir, recordamos el propósito, felicitamos si se ha hecho bien y si no,  tomamos nota para arreglarlo al día siguiente.

Recomendamos trabajar ese valor al menos dos semanas o incluso más si los niños aún continúan motivados. Por esta razón presentaremos uno o dos personajes al mes. Empecemos la ambientación:

EL PAÍS DE LAS NUBES








El País de las nubes es un país fantástico. Seguro que te gustaría vivir allí. Es un país cálido, digamos que no  hace ni mucho frío ni mucho calor, y siempre corre una brisa maravillosa que te hace sentir bien.  El aire es puro y fresco y uno se siente feliz. Además es un país luminoso, brillante … porque está muy alto en  el cielo, más cerca del sol, pero no te preocupes, que no molesta para nada a los ojos. Otra razón de ser tan luminoso es porque el suelo es blanco, son… ¡las nubes!  Y por eso mismo es  también  un país blandito, muy blandito, mullido y súper suave. En el país de las nubes nunca se hacen daño al caer, si no al contrario, una de las diversiones preferidas de los niños es saltar y saltar, y dejarse caer al suelo… ¡es tan agradable!
En el país de las nubes viven unos seres muy amables, todos se saludan, se ayudan y se quieren, así es que ya me diréis si no os están entrando ganas de  vivir en este maravilloso lugar. Los habitantes de este país  son unos duendecillos que viven en unas casitas muy acogedoras, muy arregladitas…pero lo que más llama la atención son las miles de flores que tienen en sus balcones, en las plazas y calles… parece una fiesta de colores.
¿Sabéis que es la lluvia? Ni más ni menos que el día de regar en el país de las  nubes. Todos los habitantes del país salen con sus regaderas a refrescar sus lindas flores y claro… las gotitas caen de las nubes hasta la tierra.
Vamos a ir conociendo a distintos duendecillos del País de las nubes.

AMBIENTACIÓN: Podemos poner un cartel grande de color azul (ya estamos en el país de las  nubes) y poner en él algodón para simular las nubes. Cada semana decoramos una casita y el personajillo correspondiente y lo pegamos en el panel, sobre una nube. Para pasar de una nube a otra pintaremos un arcoiris, son las calles de este curioso país. Aquí os ponemos una idea para hacer las casitas, con balcón incluido.


                    



jueves, 29 de noviembre de 2012

EDUCAR EN POSITIVO Y CON FIRMEZA




Al igual que todas las ciencias evolucionan, también lo hace la educación.  Si contemplamos la trayectoria seguida por la forma de  educar, podemos apreciar grandes cambios.
A veces se comenta: “antes los niños y jóvenes salían mejor educados, había más respeto, no se te ocurría contestar a un padre o maestro…”  Entonces podríamos pensar: ¿es posible que la ciencia de educar haya ido a menos en lugar de a más?  Analicemos un poquito esto, no caigamos en juicios apresurados. Hemos de tener en cuenta que en la historia de la humanidad ha habido siempre una fuerte componente de agresividad, violencia, abuso de autoridad y de la ley del más fuerte. A todos los niveles: a nivel de países, a nivel de gobiernos y a nivel personal.  Lógicamente no había otra solución: o te portabas bien o te cortaban la cabeza. ¡Con razón había menos malas conductas!  Sin embargo estas “buenas” conductas no eran siempre libres ni deseadas. 

En la medida que ha ido despertando la conciencia de la dignidad del ser humano, de que el hombre es un ser libre, con derecho  a ser respetado y valorado, ha ido desapareciendo o disminuyendo de la sociedad la esclavitud, la dominación, la pena de muerte, la violencia…  Y eso está muy bien (aunque aún quede muchísimo por hacer y mejorar). Igualmente se ha ido desaconsejando en la educación la agresividad. Y es verdad, la educación, cuyo objetivo principal es formar personas,  ¿Cómo lo va a hacer bien si no valora y trata a los educandos como personas que son? Sería un gran contrasentido.

Lo ideal y más bonito sería que, explicando las cosas y razonándolas, los educandos las comprendieran, las desearan y libremente las realizaran. Pero bien sabemos que la realidad no es así. La persona es un ser muy complejo, donde actúan muchas fuerzas y factores: por un lado está la razón, el sentido de responsabilidad, del bien; una nobleza innata, un cierto altruismo… pero por otro lado, como fuerzas contrarias, actúan  las ganas, la comodidad, la falta de voluntad, los intereses, el egoísmo… Como consecuencia de todo esto, a veces hacemos lo que no queremos o no hacemos lo que realmente queremos.

Nos encontramos, entonces, ante un dilema en el terreno educativo. Si optamos por la agresividad (aunque sólo sea verbal)  incurrimos en un abuso de autoridad o falta de respeto a las personas. Si optamos por ser complacientes y  benévolos, parece que, como se dice vulgarmente “se nos suben a la chepa”, hacen lo que quieren y se convierten en seres exigentes, desagradecidos e incapaces del menor esfuerzo.

Científicos, médicos, ingenieros… ante un problema se detienen, cierran los ojos, se concentran, piensan… para buscar una solución. Así también hemos de hacer nosotros, educadores, padres y madres… ya que este problema es mucho más transcendente. Las otras ciencias trabajan con materiales, hierro, ladrillos… pero ésta trabaja con personas; en concreto unas personitas que queremos profundamente y que son nuestros hijos.

Afortunadamente la ciencia de la educación avanza positivamente. Nos da pistas acertadas. Se trata de conjugar ese respeto y trato amable, con una dirección firme y segura. Ser benévolos o comprensivos no quiere decir, ni mucho menos, permitir que hagan lo que quieran. No. Eso les confundiría totalmente; sería como decirles: “Bueno, si tú lo ves así, hazlo; no pasa nada.” Cuando en realidad sí pasa y mucho; posiblemente con consecuencias muy negativas para ellos.

Si a un niño o joven que insiste en comprar y consumir por puro capricho le consentimos, pensando que eso es ser “comprensivos”, le estamos diciendo sin palabras “Puedes comprar, no pasa nada” ya que se lo hemos permitido. Sin embargo, cuando con buenas palabras y razones le decimos que no se lo compramos y así lo hacemos, aunque llore o patalee, le estamos transmitiendo el mensaje “Mira, como no es conveniente para ti porque te harías caprichoso e impulsivo, tenemos claro que no lo vamos a comprar”.

Puede servirnos el ejemplo de un médico. Un médico puede ser amable en el trato y al mismo tiempo mandarte (con una sonrisa) una dieta muy sacrificada y estricta si te ha descubierto diabetes. El médico ha de ser fiel a la verdad que él conoce y actuar buscando la salud del enfermo, aunque éste le mueva a compasión. Mal médico sería el que, por pena, le dijera al enfermo que puede hacer o tomar lo que quiera, cuando sabe que puede tener consecuencias graves e irreversibles.

Hay quien dice que educar con firmeza produce rebeldía. Realmente la firmeza no produce rebeldes, lo que pasa es que solemos usar la firmeza con el abuso de autoridad y la falta de respeto, y ésta SÍ que provoca rebeldía, pues se hiere el ánimo y el orgullo del educando que se ve sometido y tratado sin respeto. A esto todos somos muy sensibles ¿no es verdad? Sin embargo, si la autoridad se aplica con respeto y el educando se ve y se siente tratado con cariño, está más dispuesto a razonar y tomar aquella opción como propia.

Queridos padres, seamos firmes en lo que veamos claro; busquemos orientación en lo que no sepamos y seamos conscientes de que la carga de la educación recae en nosotros, no en los hijos. Esa carga sería ese aguantarles sus protestas; esa paciencia para esperar un poco más por escoger este camino de respeto y no de violencia;  ese no desanimarse cuando no nos parece ver en ellos todavía los resultados que ya tocarían; esa constancia para seguir hablando y haciéndoles pensar con amabilidad lo que ya tantas veces les hemos explicado,  y ese no dejarlo nunca, pase lo que pase.

Ahora se trata no sólo de saber todas estas pistas,  sino de vivirlas, aplicarlas, empeñar nuestra vida en ellas.
Intentaremos ir proponiéndoos cuentos y juegos para que ese “dirigir con firmeza” les resulte más ameno y divertido, evitando tener que hacerlo “por las malas”. Serán temas o cuentos que nos servirán como un escenario donde iremos sacando a actuar los distintos  valores o puntos a trabajar.

martes, 9 de octubre de 2012

COMPROMETERSE




Queridos padres y madres, las vacaciones quedaron atrás y ya estamos iniciados en  el curso. Precisamente estos días nos rondaba por la cabeza una idea que, como es apropiada en esta etapa, queremos compartirla con vosotros. Se trata sólo de una palabra: Comprometerse. Una palabra que tiene un significado más profundo de lo que parece. Casi habría que pararse a pensar para ver el alcance que tiene.

A veces uno encuentra personas “comprometidas” en algo, entonces es cuando salta la chispa que te cuestiona y admira.  No hace mucho nos hizo pensar una de ellas, en el Ampa de un colegio, donde suele haber muchas. Personas que sin recibir pago alguno  por ese trabajo, sacan adelante ellas solas la organización de las actividades extraescolares y otras muchas gestiones que favorecen al colectivo escolar. ¡Cuántas horas de trabajo extraídas de su tiempo libre y cuantos quebraderos de cabezas,  teniendo incluso que soportar críticas pues nunca llueve a gusto de todos… Todo esto con total desinterés, por el puro deseo de colaborar un poquito, de ayudar, de intentar que las cosas marchen mejor…

Personas comprometidas, aunque no sean abundantes, hay en todas partes: obras sociales, benéficas, todo tipo de voluntariados… Les debemos estar muy agradecidos. Muchas veces gracias  a ellas, funcionan las cosas. En el ámbito escolar están también los profesores, muchos de ellos realmente comprometidos; cuanto más comprometidos por la educación de los niños, más nos gustan. Indudablemente una persona verdaderamente comprometida, gusta.

Bueno, ahora nos toca a nosotros, padres y madres. Podríamos cuestionarnos: ¿y yo? ¿soy un padre, una madre comprometida? Casi por definición ser padres es ser una persona comprometida con la educación  y formación de sus hijos, faltaría más. Pero, al igual que los funcionarios que ya tienen asegurada la plaza, debemos revisarnos: ¿cómo va mi compromiso? No debemos acomodarnos, no debe decaer el interés, ni dejar que domine la rutina, el cansancio y la dejadez.

¿En qué se nota que estamos comprometidos? Cuando una persona, se apunta a una actividad, quedamos “comprometidos”. Quiere decirse, que si surgiera otra actividad, invitación, cita posterior se dice: “Lo siento, no puedo”.  Sentimos la responsabilidad de realizar aquello a lo que inicialmente nos comprometimos. Sólo en el caso de que la persona o actividad imprevista tenga una importancia o prioridad mayor (contamos con que somos objetivos y ésta es una de esas cosas en las que se aprecia la persona responsable), justificaremos la falta. 

Realmente, comprometerse lleva implícito una responsabilidad. De alguna manera se pone a prueba nuestra constancia, nuestra palabra. Cuando una persona no falta a ella, denota una gran  formalidad. Si con el tiempo esto queda probado, nos fiamos de ella, gana nuestra total confianza.
Bajo esta óptica y como padres que somos ¿qué tal si nos comprometemos más con los nuestros?  Pueden ser cosas muy sencillas ¿qué tal alguna de estas propuestas?:
“Este año me comprometo a jugar con los niños los fines de semana un rato cada día” o “va, este año me comprometo a llegar a casa a las x horas y echar una manita con los deberes, a ver si después nos queda un pequeño ratito de descanso  juntos” o “los sábados me comprometo a ir en bici con el chico, que le encanta que vayamos juntos”.  También estaría muy bien, entre nosotros, padres y madres, algo de este tipo: “¿qué tal si este año nos comprometemos a que cuando surja algún problemilla o diferencia entre los dos, lo hablemos con tranquilidad  en vez de acalorarnos y discutir?”

Hay muchas posibilidades, y suelen repartir mucho contento a todos. En fin ¿no se  merecen los  nuestros estos compromisos “reales” y no virtuales? Si lo hacemos muy bien con clientes, vecinos, amigos… ¿no seremos capaces de hacerlo con la familia, que es a la que más debemos?

Un compromiso convencido, que sabrá decir “no” con naturalidad a lo que venga después, pues muchas veces tendrá una prioridad inferior. Si somos objetivos y sin tantos intereses personales podremos distinguirlo mejor. A veces nos parece más importante mirar la propaganda, hacer compras, leer un libro, limpiar…  que escuchar a nuestros hijos y estar con  ellos.

La mejor forma de decir a los nuestros cuánto nos importan y cuánto representan para nosotros es priorizarles en todo aquello en lo que nos hemos comprometido con ellos.

jueves, 14 de junio de 2012

PROGRAMA PARA EDUCAR EN VACACIONES


 

Se va acercando rápidamente el final de curso y las vacaciones de verano. Indudablemente es un respiro y se necesitan, pero  por otro lado si no sabemos qué hacer con los niños tanto tiempo, puede desbordarnos la situación. Sabemos que cuando están desocupados y se aburren, acaban empleando el ingenio y la energía en molestar y procurar guerras a todos los de casa o bien  abusando de ordenador, televisión, calle…
Con los hijos es mejor ir por delante, proponiendo y llevando una dirección,  que por detrás, reprochando o enmendando todos los errores o destrozos. Merece la pena invertir algo de tiempo en planificar; en el fondo, ganamos tiempo y ganamos niños.
Igual que los maestros no empiezan curso sin una idea clara de lo que van a hacer ese año, sin una programación precisa de contenidos y actividades, nosotros, padres y madres, tampoco deberíamos empezar el verano así. Por supuesto no es necesaria tanta formalidad ni tanto detalle, pero sí una idea clara de qué queremos hacer este verano, qué actividades no deben faltar y qué horario. La organización es una de las claves del funcionamiento de las instituciones y empresas. El hogar es una pequeña institución.
Nos parecen  actividades imprescindibles:
- un ratito de colaboración en casa, adaptado en tiempo y dificultad a la edad de los hijos (no hace falta mucho tiempo y el día es muy largo)
- un ratito de deberes, para no perder el hábito ni la agilidad adquiridos durante el curso.
- un ratito de jugar en familia y otro de jugar solos.
- un ratito de diálogo con algún hijo, nos referimos más a fondo. Hemos de conocer a fondo a cada uno, sus cualidades, sus preferencias, sus debilidades… Hemos de intentar motivarles para que se superen, que se pongan pequeños propósitos. También es el momento de hacerles pensar sobre alguna actuación o comportamiento que no estuvo bien y porqué, y si fuera conveniente ponerles alguna penalización ya que esto les ayuda a comprender donde están los límites.
Y luego todo lo que queráis: manualidades, parque, cocina, música, inglés, deporte, disfraces… Realmente necesitamos todo un verano para poder hacer todo esto, no lo desperdiciemos. Son años preciosos, que no volverán  (aunque  haya otros), los cimientos  que pongamos ahora nos permitirán construir muy alto después.

EL SECRETO DE LOS ENANITOS:
Por si ayuda a ambientar todo esto, podemos presentaros a unos personajes que todos bien conocemos: Blancanieves y los siete enanitos. Si  a algún hijo le resulta infantil, se le puede encargar de presentar todo esto al otro(s) hermano(s) y que lo anime él echándole una buena dosis de imaginación.
Cada semana le tocará a un personaje ser el protagonista y explicar el secreto de su nombre. Nos hará pensar sobre un valor y nos  podemos proponer algo de forma conjunta  en casa. Sería muy conveniente fijar una asamblea al final de la semana para evaluar cómo nos ha ido el propósito y para presentar al nuevo personaje.
Como idea sencilla, se puede dibujar el personaje (en entretela blanca y con plastidecores quedan muy vistosos) e ir decorando la habitación. Esto hace atractivo al niño toda esta historia, le es mucho más fácil de recordar y al mismo tiempo le mantiene la ilusión por  llegar a tener todos los personajes. Ahí os los presentamos.

Enlace a fichero.pdf con las figuras















jueves, 19 de abril de 2012

VIVIR CON TRANQUILIDAD EN MEDIO DE LA ACTIVIDAD




Hoy en día vivimos en un mundo de prisas, vamos a una velocidad de vértigo. Nos ha tocado vivir en una sociedad muy competitiva, que nos exige, para poder encontrar un hueco en ella, estar muy cualificados. También nuestros hijos. Debemos saber idiomas, informática, matemáticas, hacer deporte…El tiempo es limitado y como hay muchas actividades y tareas que hacer, a parte del trabajo laboral, los horarios son apretados y no podemos perder ni un minuto. Esto puede generar tensión, angustia, stress…
Entonces ¿está bien tanta superación o nos volveremos locos? Quizás puedan ser posibles las dos cosas. Depende de nosotros.

Ciertamente no podemos cambiar esta corriente tan fuerte que sufre la sociedad actual, pero sí podemos aprender a vivir en medio de todo esto. Más aún, debemos vivir con tranquilidad y sosiego en medio de todo esto…si sabemos darle un sentido.

¿Cómo podemos hacerlo?  He aquí algunas pautas:

-Organizarse y priorizar: A veces, aunque nos parezca pérdida de tiempo, ayuda mucho dedicar unos minutos a organizarse el día antes de lanzarnos a la actividad sin pensar. Recordar pequeños recados, citas, llamadas… de ese día y las tareas que queremos sacar adelante a parte de las habituales. Si lo pensamos bien y le damos el orden correcto, quizás ganemos algo de tiempo para poder ir más tranquilos.

Priorizar las tareas y no permitir que se cuele en la lista una actividad de prioridad menor  a otra de prioridad mayor. Por ejemplo, hemos de salir a buscar  los niños al cole y antes preparar la merienda. Pero resulta que quiero acabar de redactar un trabajo o de planchar (que me queda poquísimo), o  tal vez es que me enredo con una propaganda (aunque no tengo la más mínima intención de comprar nada), con lo cual luego se prepara la merienda a toda prisa. Si encima el ascensor está ocupado echaremos la culpa a los vecinos, y ya empezamos a mirar el reloj con nerviosismo. Ya empezamos las carreras… Si somos sinceros, muchos nervios nos evitaríamos si hiciéramos las cosas en orden.

-La constancia es mejor que los “atracones”: Recordemos el cuento de la liebre y la tortuga. A velocidad de tortuga no se suele producir estrés, mientras que a la de liebre apurada que ve que ya no llega, sí. Esto se aplica a tareas de gran volumen (entra en éstas la tarea de la educación), que conviene darles un espacio cada día. También se aplica muy bien al estudio de los estudiantes. Realizar estas tareas o estudiar un tiempo asignado cada día, permite vivir con tranquilidad en medio de mucho volumen de trabajo. Además es mucho más eficiente. En el caso del estudio los contenidos quedan grabados en la memoria mucho más tiempo que si se estudian  al final rápidamente y en el caso de las tareas quedan mejor realizadas ya que da tiempo hasta de llegar a los detalles. Ni qué decir de la educación.
Es mejor vivir equilibrados, los extremos nunca son buenos. A veces dedicamos muchas horas al ocio el fin de semana y luego se acumulan las de trabajar.

-No ser perfeccionistas, que no es lo mismo que gustar de hacer bien las cosas. Se hacen lo mejor posible pero sin ser esclavos de la perfección. Esto sólo nos llevaría a estar insatisfechos constantemente de las tareas, a las que tendríamos que dedicar el doble o triple de tiempo para darles el visto bueno. Seamos realistas con nuestro tiempo y hagamos un reparto de él con sentido común.

-Vivamos en la actividad presente, no en las que vienen después:
Ocurre con frecuencia que realizando una tarea estamos pensando en la siguiente, y cuando llega ésta, en la que vendrá después. La consecuencia de esto es que vivimos  una constante “aceleración mental” que nos produce ansiedad. Además, si un día se presenta algo apretado,  con dos o tres actividades extras (una cita médico, una visita…) vivimos todo el día con una “carga” que es sólo mental  pues las actividades vienen una tras otra, no todas de golpe. Nos iría mejor estar en la que estamos, vivir tranquilos y  detrás de una, otra.

-Dar un sentido a lo que hacemos: Quizás sepáis la anécdota de tres hombres picapedreros. Preguntaron al primero qué hacía y respondió: “Ya lo ves, todo el día sudando y dejándome el lomo, picar una  piedra y luego otra, y después otra… siempre lo mismo…”
El segundo respondió: “Ganando el pan para mi familia”. Sin embargo el tercero contestó: “Pues mira, aunque no lo sospeches estas piedras son para construir una catedral. Quién sabe si ésta misma que estoy trabajando será la que corone la torre más  alta…”
Cuando damos un sentido a nuestro trabajo, las cosas cambian totalmente. Ni más ni menos podemos pasar de vivir a disgusto, amargados y depresivos a  profundamente satisfechos y realizados.
No es lo mismo un médico que piensa que reparte salud y ánimo, que uno que tiene que soportar mil quejas de todos los enfermos. No es lo mismo hacer una comida “de cualquier manera” y porque hay que dar de comer, que hacerla pensando que los míos se la comerán muy a gusto y les aliviará de las tensiones del día. No es lo mismo explicar con impaciencia a dividir a un hijo que hacerlo con cariño y sin prisas, sabiendo que eso es un puntal muy importante en las matemáticas de un niño.

-Dejemos a los niños la enseñanza correcta del “rendimiento máximo”. Hagamos de ellos niños responsables y trabajadores, que luchen por llegar a su máximo, pero no esclavos del trabajo y de los resultados. Que aprendan que lo que vale de una persona es su esfuerzo, no tanto los resultados (aunque frecuentemente van parejos).
Llegada una hora los niños deben irse a descansar, aunque les queden deberes por hacer.  Debemos ver mal que hayan perdido el tiempo o no se haya planificado trabajos y exámenes.  En la parte que nos toca, no debemos descuidarnos (ayudarles a esta distribución y recordársela cada día), pero si por su parte hay despreocupación y pereza creemos que sería fomentársela el permitirles que se queden por la noche  a acabar hasta la hora que ellos quieran. Más aún, de forma implícita reciben el mensaje de que en realidad lo que importa es que se saquen los deberes y la asignatura como sea, no tanto que se esfuercen.